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La Prueba del Carácter. ¿Deberíamos atesorar alguna cosa que nos separara de Dios?

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La Prueba del Carácter. ¿Deberíamos atesorar alguna cosa que nos separara de Dios?

Mensaje por LAURACAROLINA el Lun Oct 24, 2011 5:58 pm

La Prueba del Carácter. ¿Deberíamos atesorar alguna cosa que nos separara de Dios?

Cuando se cierre el tiempo de la gracia habrá el mayor descubrimiento
de la desnudez del alma que haya ocurrido desde la caída del hombre. Muchos
se darán cuenta de que han sido engañados. “No todo el que me dice:
Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos.

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre,
y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos
muchos milagros? Y entonces les diré claramente: Nunca os conocí; apartaos
de mí, hacedores de iniquidad.” Mateo
7:21–23.

Esas son algunas de las palabras más solemnes que se encuentran en la
Biblia. Ellas señalan hacia el día del juicio––”Muchos me dirán en aquel
día.” En su respuesta, Cristo no está hablándole al pecador que nunca ha
profesado amar a Dios, sino que está dirigiéndose a los que profesan ser
cristianos, quienes han creído en la religión de la Biblia y esperan ser salvos.
Éstos han fundado sus esperanzas en una supuesta experiencia cristiana.

Ellos dicen: “¿No profetizamos en tu nombre. . . y en tu nombre hicimos
muchos milagros?”

Hay tres maneras en las cuales los hombres que no son profetas, ni siquiera
cristianos, pueden profetizar:

Primero, pueden enseñar las profecías, como hizo Caifás (véase Juan 11:49–
51); segundo, pueden elevar cantos de alabanza y tocar instrumentos musica
les en el culto (véase 1 Crónicas 25:1–3); tercero, pueden dar un testimonio
en reuniones sociales (véase 1 Corintios 14:22–26).

Esas personas a las cuales Jesucristo se refería aquí, no eran sencillamente
profesores de la religión cristiana, sino que estaban activos
enseñando las profecías. Habían cantado los himnos de Sión, habían echado
fuera demonios, y habían hecho muchos milagros. Se estaban engañando
a sí mismos, porque sus vidas no estaban en armonía con su profesión.
“Aquel día” no se refiere al tiempo cuando se ve a Cristo viniendo en las
nubes del cielo; no se puede rogar a Dios entonces, como ha sido mencionado
en esos versículos; porque en ese tiempo los justos son tomados, y los
malvados son destruídos. Sino que esto se refiere al tiempo cuando ya no
hay más intercesión. Véase Isaías 59:16. Es entonces cuando la sentencia
viene desde las cortes celestiales:

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo
todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. Mira que yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para
recompensar a cada uno según sea suobra.” Apocalipsis 22:11–12.

El fin del tiempo de gracia para los seres humanos vendrá tan repentina e
inesperadamente como un ladrón en la noche. En la mañana, la evidencia de
que el ladrón ha estado en la casa se nota por la ausencia de los efectos
personales. Así ocurrirá con aquellos que han esperado ser salvos, pero cuya
experiencia cristiana no ha estado en armonía con las Escrituras. Ellos
pensaban que tenían la evidencia de haber sido aceptados por Dios; habían
enseñado las profecías con energía y ardor, habían orado por los enfermos,
y éstos habían sido sanados, habían hecho muchas buenas obras, pero en
la crisis final se dieron cuenta de que no tenían aceite en sus lámparas. A
causa de su energía y ardor se habían sentido seguros de su salvación; pero
no se puede depender de ninguna experiencia
religiosa, a menos que ésta se encuentre en armonía con la Palabra
de Dios.

En medio de la caída de las últimas siete plagas, esas almas sobrecogidas
por el terror contemplan la protección que tienen los hijos de Dios––cómo,
aunque mil caen al lado de los santos, y diez mil a su diestra, ningún daño
les sobreviene, y ninguna plaga toca su morada. Véase el Salmo 91. Es
entonces cuando esas almas engañadas se dan cuenta de que han edificado
su casa sobre la arena, y cuando vienen los torrentes y los vientos soplan,
ésta cae, y es grande su ruina. Véase Mateo 7:24–27.

La ley de Dios está suspendida en los cielos, y cuando ellos contemplan
la justicia de Dios como se manifiesta en esa ley, ven dónde, cómo y cuándo
se apartaron por primera vez de la integridad y la justicia. Véanse los Salmos
97:6; y 98:2. Comprenden, cuando es demasiado tarde, que no habían
apreciado verdaderamente el testimonio que Dios les había enviado.
“¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde! es el triste lamento. Habían rechazado
la amonestación, y confiado en una religión emotiva. Una onza de
cristianismo basado en la confianza y obediencia a la Palabra de Dios, vale
más que toda una vida de emoción y éxtasis espiritual sin fe en el testimonio
del Volumen Inspirado de Dios.

“La palabra del Señor permanece para
siempre.” 1 Pedro 1:25.

Una onza de cristianismo basado en la confianza y obediencia a la Palabra de Dios, vale más que toda una vida de emoción y éxtasis
espiritual sin fe en el testimonio del Volumen Inspirado de Dios.

¿Qué Requiere el Señor?

Los hombres pueden dar sus bienes para alimentar a los pobres, pero
eso no los salvará si no tienen el amor de Dios en sus corazones. Los hombres
pueden hacer grandes sacrificios, pero eso no los salvará. El profeta dice:

“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?
¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se
agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil ríos de aceite? ¿Daré
mi primogénito por mi prevaricación, el fruto de mis entrañas por el
pecado de mi alma?” Miquea 6:6–7.

Entonces él agrega: “Oh hombre, te ha sido declarado lo que es bueno, y qué
pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y caminar
humildemente ante tu Dios. Versículo 8. (Todo el énfasis ha sido suplido.)
Saúl manifestaba mucho celo por el Señor, y Dios lo probó dándole mucho
éxito. Cuando salió a la batalla, el profeta Samuel le dijo: “Ahora, pues,
está atento a las palabras de Jehová. . . . Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres y niños, y aun los de pecho, vacas ovejas, camellos y asnos.” 1 Samuel 15:1, 3.

Saúl se fue a la batalla, pero pensó que podía mejorar lo que Dios había
dicho, de manera que, mientras destruyó completamente a toda la gente
(salvando solamente al rey), reservó lo mejor de las ovejas y del ganado
para ser usado como ofrendas. Él no los iba a destruir, pero sí destruyó
completamente todo lo que era vil y desechable. Tan confiado estaba de
que eso era lo más sensato de hacer, que cuando se encontró con Samuel le
dijo: “Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.”
versículo 13. Pero Samuel dijo:

“¿Pues qué balido de ovejas y mugido de vacas es este que yo oigo con mis
oídos? Versículo 14. Entonces Saúl le explicó que había perdonado lo mejor
de las ovejas y las vacas para ofrecerlas como sacrificio al Señor. Comenzó
a razonar con Samuel por qué había hecho eso, y aun le echó la culpa al
pueblo de todo. Entonces Samuel le dijo a Saúl: “¿Tiene Jehová tanto con
tentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras
de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el
prestar atención que el sebo de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría el infringir. Por cuanto tú
desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no
seas rey.” Versículos 22–23.

El obedecer es mejor que hacer grandes sacrificios. No hay nada que
pueda tomar el lugar de la obediencia; el obedecer sin razonamiento, el someterse sin dudar, es una prueba de carácter; o, en otras palabras, es decir,
“Sí,” cuando Dios habla.

El profeta Miqueas dice: “¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el
fruto de mi seno por el pecado de mi alma?” El mayor sacrificio que el
hombre puede hacer, la más grande demostración de acciones externas, no
salvará a nadie, a menos que el corazón obedezca a Dios. “El obedecer es
mejor que los sacrificios, y el prestar atención que el sebo de los carneros.”
No hay una prueba más grande que la que viene a través de la obediencia a
la Palabra de Dios. No hay ninguna condición de la mente que sea aceptable
a Dios, excepto la de la sumisión.

Estamos viviendo en el período más solemne de la historia de esta
tierra. Dios está preparando a su pueblo para el cielo. Estamos buscando,
esperando, y en algunos casos, recibiendo chubascos de la lluvia tardía; y
ninguna persona, cuyo corazón no esté en armonía con Dios puede recibir
la lluvia tardía. Ningún corazón está en armonía con Dios a menos que
esté en condición de decir: “Habla, Jehová, que tu siervo oye.” 1 Samuel
3:9.

Dios le habla a su pueblo en su Palabra y a través del espíritu de profecía.
Los testimonios llegan al pueblo de Dios, y aquel que, mediante la fe
hace una aplicación personal de lo que Dios dice, se dará cuenta de que está
siendo pesado en las balanzas del cielo.

Esta es la única posición segurapara el pueblo de Dios en el tiempo
presente; porque un pecado sin confesar es suficiente para dejar al alma
fuera del reino. Un defecto de carácter que no haya sido vencido, será una
barrera entre un Dios puro y santo y el alma.

En la actualidad se le exige al pueblode Dios muchos deberes que no les
eran impuestos tan enérgicamente en los años pasados, pero se nos presentan
con una fuerza redoblada, porque estamos en el tiempo cuando Dios ha
dicho: “He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel.
No le pasaré más.” Amós 7:8. Estamos en los últimos días y Satanás ha
descendido con grande ira, porque sabe que tiene poco tiempo. Y la gente
que está viviendo ahora en la tierra, y que profesa ser el pueblo de Dios,
debería examinarse a sí misma. Nos conviene comparar nuestras vidas con
la ley de Dios. Ninguna experiencia basada en sentimientos o emociones
salvará al alma. Solamente un minucioso escudriñamiento del corazón y
un profundo arrepentimiento ante Dios será aceptable ante su vista. Sin
embargo, Dios es bueno, y sus promesas son muy preciosas. Él se convierte
en luz y vida para el alma. Nos pide que vayamos a él. “Y el Espíritu y la
esposa dicen: Ven. . . Y el que tiene sed, venga. Y el que quiera, tome del
agua de la vida de balde.” Apocalipsis 22:17; véase también Isaías 55:1;
Apocalipsis 21:6.

Su mano se extiende desde las almenas del cielo para asir las manos de
todos los que quieran extenderlas, diciendo en sus corazones: Soy un desvalido,
ayúdame; y a toda alma que se eleva le será impartida fortaleza. Que
ninguno fracase en ver la importancia de conectarse ahora mismo con el
Cielo, cooperando con Cristo al hacer todo lo posible para extender el conocimiento de su verdad en la tierra.

Con corazones llenos de sumisión y contrición, recojamos de los caminos
y los vallados las gavillas para el granero celestial, para que cuando él
venga, se nos pueda decir: “Entra en el gozo de su señor.” Mateo 25:21.
Review and Herald, 18 de Noviembre, 1909.

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