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Así creíamos hasta los años cincuenta

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Así creíamos hasta los años cincuenta

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 23, 2011 8:54 pm

Así creíamos hasta los años cincuenta

Muchos adventistas desconocen hoy cuál fue la enseñanza de la Iglesia Adventista del Séptimo
Día(1), desde sus orígenes hasta la mitad del siglo XX, acerca de la humanidad en la que vivió Jesús desde
su nacimiento hasta su resurrección. Y se debe a que la enseñanza de la IASD sobre la humanidad en la que vivió
Jesús, sufrió una metamorfosis a mediados del siglo XX.

Y desde entonces, esta nueva enseñanza fue desplazando progresivamente la comprensión histórica de la IASD,hasta que las generaciones posteriores la perdieron de vista.

Ralf Larson escribió en 1986 una cristología adventista, desde un punto de vista histórico(2). El objetivo de su
investigación era establecer lo que los adventistas creían sobre la humanidad en la que vino Jesús. Analizó sistemáticamente la literatura ofi cial de la IASD entre 1852 y 1952(3), subrayando las declaraciones con relación a la
cristología(4). Y llegó a la conclusión de que durante sus primeros cien años(5) la IASD sostuvo que Cristo se encarnó
heredando la disposición al pecado con la que nacen los seres humanos después de la caída de Adán, y que sin
embargo nunca pecó(6).

De acuerdo con algunos historiadores(7) y teólogos(8)de la IASD, Ellen G. White(9) y los pioneros sostuvieron que
Cristo tomó la naturaleza humana caída, de pecado, en su encarnación, sin que pecara.
Así, las primeras declaraciones acerca de la humanidad de Cristo, confi rman la enseñanza que se sostuvo hasta
los años 50. Por ejemplo:

«Jesucristo (…) “tomó sobre él la simiente de Abraham”, nuestra naturaleza, manteniéndola sin pecar»(10).

«Decir que Dios envió a su propio Hijo en la “semejanza de carne de pecado”, equivale a decir que el
Hijo de Dios asumió nuestra naturaleza…»(11).

El siguiente ejemplo es de gran interés: este artículo, titulado “El Santuario”, se imprimió en el Day-Star Extra,
en 1846. En relación con él, Ellen G. White escribió en una carta dirigida al hermano E. Curtis, fechada el 21
abril de 1847:

«Creo que el Santuario que ha de ser purifi cado al final de los 2.300 días es el templo de la Nueva Jerusalén,
del que Cristo es ministro. El Señor me mostró en visión, hace más de un año, que el hermano Crosier
tenía la verdadera luz sobre la purifi cación del Santuario; y que era su voluntad que el hermano Crosier
escribiese la exposición que nos hizo en el ‘Day-Star Extra’ del 7 de febrero de 1846. Me siento plenamente
autorizada por el Señor para recomendar ese ‘Extra’ a todo santo» (“Una palabra a la manada pequeña”,
publicado en 1847).

En la Review & Herald de septiembre de 1850 se reimprimió el artículo, aparentemente en su totalidad. Volvió
a ser impreso en un par de ocasiones, en los dos años
sucesivos.
Pues bien, veamos cómo entendió Crosier la naturaleza humana de Cristo, al referirse a él como sacerdote:
«De igual manera en que Aarón y sus hijos, tomó sobre sí la carne y la sangre, la simiente
de Abraham, “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”, fue perfeccionado “mediante
afl icciones”, y hecho “en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser compasivo y fi el Sumo
Sacerdote ante Dios, para expiar los pecados del pueblo”
(Heb. 2 y 4)». (El destacado es mío).

El primer testimonio de Ellen G. White lo encontramos en Primeros Escritos, pág. 149-152, donde dirá claramente
que Jesús tomó la naturaleza del hombre caído, y que es de 1858. También puede mencionarse la Declaración
de principios fundamentales enseñados y practicados por los adventistas del séptimo día, publicada en 1872:
«(…) Tomó sobre él la naturaleza de la posteridad de Abraham»(12).

El mensaje de A. T. Jones y E. J. Waggoner en Mineápolis en 1888, tenía como fundamento una concepción
cristológica según la cual Jesús venció y condenó el pecado en una carne de pecado, es decir con disposición
al mal(13). Y, por consiguiente, expusieron la justifi cación por la fe no en términos legales o jurídicos, sino ontológicos
y morales, con el resultado de una vida de santidad por la gracia, mientras permanecemos en la carne, a la
imagen de Jesús.

Pero las difi cultades en Mineápolis, el posterior alejamiento de A. T. Jones y E. J. Waggoner, la doctrina de la
carne santa(14) y el panteísmo(15), dándose todo ello en un corto espacio de tiempo en el seno de la IASD, hicieron
que la predicación de aquellos dos hombres cayera casi en el olvido, con todo su fundamento cristológico, entre
los años 1900-20. En esta época apenas W. W. Prescott expuso claramente su pensamiento sobre la naturaleza
humana de Jesús(16).

Habrá que esperar a la década de 1920 para que A. G. Daniells resucite el tema en su obra Cristo, nuestra
justicia/17). Este señalará que el mensaje de la justifi cación por la fe tal como fue presentado en Mineápolis por A.
T. Jones y E. J. Waggoner había sido despreciado(18).

En 1872, la IASD publicó desde Battle Creek (Michigan) una Declaration of the Fundamental Principles Taught
and Practiced by The Seventh-day Adventists [Declaración de principios fundamentales aceptados y practicados por
los adventistas del séptimo día]. Esa Declaración… apareció en el Yearbook de 1889, y en el Yearbook de 1905
hasta 1914. Aquí debemos darnos cuenta de que la misma estuvo vigente en nuestra iglesia durante 42 años
del ministerio de Ellen G. White, hasta su muerte. Ella nunca corrigió la enseñanza sobre la humanidad de Jesús
de esta Declaración…, mientras que la aceptó al aprobar con sus palabras las verdades que habían sostenido desde
el principio. Así pues, debemos entender la declaración desde lo que creían los autores de la época. Al respecto
vemos, por ejemplo, esta declaración de Ellen G. White en 1874:

«(…) Cristo se identifi caría con las debilidades de la raza caída (…) La gran obra de la redención sería
realizada por medio de tomar el Redentor el lugar del Adán caído» (Ellen G. White, The Review and Herald,
24 febrero 1874; en inglés: «(…) Christ would identify himself with the weaknesses of the fallen
race (…) The great work of redemption could be carried out only by the Redeemer taking the place of
fallen Adam»).

«Él (Cristo) tomaría la naturaleza caída del hombre y se comprometería a enfrentarse con el fuerte enemigo
que triunfó sobre Adán» (Ibíd.; en inglés: «He would take man’s fallen nature and engage to cope with the
strong foe who triunphed over Adam»).

The New York indicator, 7 de febrero de 1906; The Upwar Look, pág. 352. En la primera fuente dirá: «Los pasados
cincuenta años (1906>1844) no han emborronado una jota o un principio de nuestra fe tal como recibimos las
grandes y maravillosas evidencias que fueron hechas ciertas para nosotros en 1844…» [En inglés: «The past
fi fty years (1906>1844) have not dimmed one jot or principle of our faith as we received the great and wonderful evidences that were made certain to us in 1844, after the passing, of
the time…»]. (El paréntesis es mío).

También podemos leer Ellen G. White, Primeros Escritos, págs. 149-152, de 1858. En aquella Declaración… decía:
«Hay un solo Señor, Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, por quien Dios creó todas las cosas, y por Quien
todas las cosas subsisten; que tomó sobre sí la naturaleza de la posteridad de Abraham para la
redención de nuestra raza caída; que vivió entre los hombres lleno de gracia y de verdad»(19). (El destacado
es mío).

«En el preámbulo de esta Declaración, se precisa expresamente que los artículos de fe mencionados no
constituyen un credo, sino simplemente “una breve declaración de lo que es y ha sido aprobado por una
gran unanimidad de nuestros miembros»(20).

De acuerdo con este documento, la IASD creía en que Jesús tomó no la humanidad de Adán antes de pecar, ni
tampoco la de los hijos de Adán sólo en parte, sino que tomó la humanidad en la que viven los descendientes de
Abraham. Una lectura de las genealogías de Jesús en los evangelios nos permite ver cuál era esa humanidad.
Esta declaración ofi cial de 1872 sobre la naturaleza humana de Jesús permanece vigente en la IASD hasta
1931. Pero, no estando publicada en el Yearbook más que en los años indicados arriba (ver anterior), Edson Rogers(21)
creyó que eso colocaba a la IASD en una posición delicada, porque cuando se distorsionaba o criticaba la
fe adventista, no había documento de base oponible. La Asociación General decidió, en 1930, formular e incluir
en el Yearbook una Declaración de creencias fundamentales que se publicaría por primera vez en 1931(22).
«Que Jesucristo es verdadero Dios, siendo de la misma naturaleza y esencia que el Padre Eternal. Reteniendo
su naturaleza divina, tomó sobre sí mismo la naturaleza de la familia humana, vivió sobre la
tierra como hombre…»(23). (La negrita es nuestra).

En este documento, podemos observar un cambio no sólo en la formulación: «Tomó sobre sí mismo la naturaleza
de la familia humana», sino también en el contenido. Porque puede llamarse “familia humana” a la humanidad
antes del pecado tanto como a la humanidad después del pecado; a los humanos salvados y regenerados por
la gracia de Dios, tanto como a los que han rechazado su amor(24).

La Declaración de creencias fundamentales con la formulación que fue adoptada en la Asamblea de la Asociación
General en 1980, es idéntica en este aspecto a la actual de 2005:

«Dios el Hijo Eterno se encarnó en Jesucristo. Por medio de él se crearon todas las cosas, se reveló el
carácter de Dios, se llevó a cabo la salvación de la humanidad y se juzga al mundo. Aunque es verdadera
y eternamente Dios, llegó a ser también verdaderamente hombre, Jesús el Cristo. Fue concebido
por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y experimentó la tentación como ser humano,
pero ejemplifi có perfectamente la justicia y el amor de Dios. Mediante sus milagros manifestó el poder de
Dios y estos dieron testimonio de que era el prometido Mesías de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la
cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió para ministrar en el
santuario celestial a favor de nosotros. Volverá otra vez en gloria para librar defi nitivamente a su pueblo y
restaurar todas las cosas»(25). (El destacado es mío).

En este documento se destaca claramente que Jesús se encarnó y fue verdadero humano. No hay, sin embargo,
rastro de una defi nición sobre la clase de humanidad en la que vivió.

Observamos la paulatina transformación de esta enseñanza en las sucesivas declaraciones ofi ciales de la IASD:
desde aquella primera Declaración de principios fundamentales enseñados y practicados por los adventistas del séptimo día de 1872, en la que se confesaba la fe en un Cristo encarnado en una humanidad según «la posteridad de
Abraham», es decir, la humanidad en la que viven los hijos de Dios después del pecado; pasando por la Declaración
de creencias fundamentales de 1931, que habla de la «naturaleza de la familia humana» sin apreciar el
momento en que es considerada la familia humana en relación con el pecado, ni si se refi ere a la naturaleza
de los hombres muertos en sus pecados o los hombres en Cristo (reparamos en la traducción francesa que dice
solamente “naturaleza humana” que bien podía ser un reflejo de la voluntad de los redactores); hasta la formulación
nacida en 1980, que omite toda defi nición sobre la cuestión de la clase de humanidad en la que Jesús vivió
entre nosotros.

Por otro lado, desde que la formulación de la Declaración de creencias fundamentales de 1931 vio la luz, se
creyó necesario revisar la literatura de la IASD y purgarla de todo lo que contradijera esta Declaración de creencias
fundamentales. Se trataba de armonizar el contenido de la literatura denominacional con esta Declaración… así
se erradicarán de la literatura adventista afi rmaciones muy claras de la enseñanza tradicional de la IASD. Lo
que muestra que, aunque el tenor literal de la Creencia Fundamental sobre el Hijo de Dios en 1931 no defi nía
la enseñanza de la IASD acerca de la naturaleza de la humanidad en la que vivió Jesús, sin embargo, se estaba
optando gradualmente por una determinada enseñanza en la IASD, que se alejaba de la que había sostenido la
IASD hasta entonces.

Debemos reparar en que, con la Declaración… de 1872 que contenía una posición sobre la humanidad de Jesús,
no se sintió la necesidad de esta armonización, pues la literatura adventista estaba en plena consonancia con lo
que la Declaración… decía sobre la humanidad de Jesús.

De modo que la literatura adventista de aquella época nos servirá para leer el sentido de la Declaración… misma.
Y podemos afi rmar que los adventistas creían que Jesús vivió en una humanidad con disposición al pecado, sin
que pecara.

El profesor Fritz Guy, escribiendo un artículo aparecido en Internet, titulado Uncovering the Origins of the
Statement of Twenty-seven Fundamental Beliefs, expondrá que la Declaración de creencias fundamentales de la IASD
no es un credo, pero que sí es un documento formal, oficial y con autoridad, que refl eja la comprensión que la
IASD tiene actualmente sobre las enseñanzas de la Biblia, único y sufi ciente Credo. Comenta que la Declaración de
creencias fundamentales, de 1980, es el primer trabajo de esta naturaleza en la IASD que no es una obra individual
o de un pequeño grupo.

Fritz Guy hace alusión a algunos de los asuntos novedosos de la Declaración…, pero no menciona ni una
vez que no aparece una defi nición sobre la clase de humanidad en la que vivió Jesús. Posiblemente, no haya
parecido fundamental incluirlo. En tal caso, deja amplio margen a que más de una posición quepa en la formulación
actual, y a que la expresión libre de todas ellas sirva para espolear y animar el estudio en pro de la incesante
búsqueda de una siempre mejor defi nición o formulación de la verdad bíblica.

También otras verdades sufrieron una evolución en cada declaración; por ejemplo, en 1872 no se hallaba
una formulación de la Trinidad como en la de 1980. Pero, en mi apreciación, la diferencia radica en que estas
evoluciones han ido acercando la comprensión al texto bíblico, mientras que la indefi nición sobre la humanidad
de Cristo la ha ido alejando.

Ahora bien, la IASD estaba siendo acusada, desde posiciones evangélicas, de enseñar que Jesús era un pecador.
Las iglesias evangélicas con un pensamiento de base calvinista, creen en lo irremediable de pecar para la
humanidad caída y, por tanto, en que Cristo no podía tener una humanidad caída.
Trataré de explicar esta posición del calvinismo y mi propia crítica en unos pocos párrafos:

La línea divisoria entre la comprensión calvinista y la wesleyana –comprensión a la que nos acercamos más los
adventistas del séptimo día por nuestra herencia y tradición teológica– de la salvación descansa sobre teorías
opuestas de la predestinación. Frente a la necesidad de los protestantes de defender
la soberanía de Dios sobre la autoridad de la Iglesia Católica manifestada en la doctrina de las buenas obras y
los méritos, Calvino afi rmará, siguiendo a Agustín de Hipona, que Dios predestina a algunos a la salvación.
Arminio (nacido en holanda en 1560) objetó que, de ser así, nos salvaríamos no por Jesucristo sino por el designio
de Dios. En el contraste entre Calvino y Arminio sobre la predestinación descansa el resto de las diferencias
sobre los conceptos actuales de la santifi cación, como puede comprobarse incluso en medios adventistas enfatizando
unos la salvación al margen de la santifi cación al contrario que otros. La reacción de Arminio será una
protesta ética contra las tendencias antinomistas del calvinismo.

Un siglo más tarde, John Wesley (padre del metodismo) afi rmará que: «imaginar que la fe sobrepasa a la santidad
es la esencia del antinomianismo» (Sermón: On the Wedding Garmen). Insistirá en la necesidad de una experiencia
transformadora de la gracia que perdona, el poder purifi cador del Espíritu Santo que remueve las manchas
del pecado, y una vida digna de Dios para vivirla ahora.

De modo que Wesley añadirá a Arminio la obra del Espíritu Santo. Al contrario, el calvinismo postula que ni
siquiera se requiere fi delidad desde el momento de fe que cambia nuestra relación con Dios para siempre, y que la
santidad es la seguridad de salvación basada en el decreto de Dios, que no puede ya cambiar(26).

En mi opinión, actualmente pueden apreciarse en la literatura y en la predicación adventista tendencias cercanas
a un calvinismo wesleyano que se movería más o menos de la siguiente manera: como nuestra naturaleza
no puede cambiar en esta vida, se trata de ignorar nuestra voluntad y ser poseídos por la del Espíritu Santo que habita
en nosotros.

Así se salvaría la distancia entre la naturaleza de pecado y la victoria en Cristo. Se trata de que haya más de
una voluntad en nosotros y prevalezca la del Espíritu Santo. Esta lucha de dos voluntades perdura hasta el fi n,
y la victoria sobre el pecado se produce cuando la voluntad del creyente es anulada, absorbida o neutralizada por
la del Espíritu Santo.

De esta manera, el Espíritu Santo no limpiaría el corazón, ni lo cambiaría, sino que el creyente sería poseído
por él, quien reprimiría al creyente o lo subyugaría.

En mi comprensión, la Biblia enseña más bien la transformación de nuestra voluntad. La Biblia no enseña
que el ser dividido sea la marca del cristiano lleno del Espíritu. Su divisa es un corazón que ama a Dios por
completo (Mat. 22: 34) y que resulta en una personalidad unida. Así, la naturaleza humana debe ser dedicada, purifi
cada y disciplinada, pero nunca suprimida. Ninguna parte del ser humano queda fuera de la regeneración. El
“yo” no sale de la personalidad para dar paso a otro “Yo”, pues entonces estaríamos erosionando la responsabilidad
personal (típico de una cierta manera de entender la predestinación personal del calvinismo), indispensable
para la salud de la mente y el carácter moral. Si no hay “yo”, no hay personalidad. Al contrario el “yo” debe ser
limpiado y entregado en “sacrifi cio vivo”.

El yo debe ser limpiado de la enemistad con Dios, aún mientras vivimos en esta naturaleza de pecado (Efe. 3:
16-17), y cualquier explicación de expresiones bíblicas tales como «niéguese a sí mismo» (Mat. 16: 24) o «cada
día muero», «ya no vivo yo», debe ser purifi cada de tamices calvinistas y entendidas en términos de entrega y
consagración.

Frente a estas acusaciones de los evangélicos de que la IASD enseñaba que Cristo era un pecador por decir que
había vivido en una humanidad caída con disposición natural al pecado, algunos pastores y teólogos adventistas
comisionados para ello, invocaron la posición de la Declaración de creencias fundamentales de 1931.

Esto nos permite ver que dicha Declaración… de 1931 había sido preparada con una indefi nición sobre la clase
de humanidad en la que vino y vivió Jesús, de manera diferente a la Declaración… de 1872. Los teólogos adventistas
también argumentaron que se estaba haciendo un cambio sobre la literatura adventista en la que se hubiera
deslizado la enseñanza, sobre la naturaleza humana caída y con tendencias al pecado en Jesús. E incluso llegaron a
califi car esta enseñanza, que fue la enseñanza histórica adventista, de fanática(27).

Hasta los años cincuenta la IASD sólo abrazó una enseñanza acerca de la naturaleza humana de Cristo. Y era
tan radicalmente opuesta a las creencias del resto de las iglesias cristianas, que los protestantes la consideraban
herejía. En tiempos más cercanos a nosotros, otras posiciones conciliadoras han hecho aparición en el escenario
teológico adventista.

Así, desde la Declaración de creencias fundamentales de 1931, llegando a la década de 1980, cuya redacción con
respecto a la humanidad de Jesucristo es idéntica a la de 2005, la IASD no se declara ofi cial y explícitamente
sobre la humanidad en la que vivió Jesús. Solamente se pronuncia sobre la realidad de la Encarnación.

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Re: Así creíamos hasta los años cincuenta

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 23, 2011 9:04 pm

Referencias:

1. Desde ahora IASD.
2. R. Larson, The Word was made Flesh, one hundred years of Seventh-day Adventist Christology, 1852-1952, Cherry Valley (California), The Cherrystone Press, USA, 1986. R. Larson estudió teología en la Universidad Andrews (Michigan), se doctoró en el seminario de Andover-Newton (Boston). Sirvió a la IASD durante 40 años en activo, como pastor, evangelista, secretario de departamentos, misionero y profesor de teología. Su último puesto antes
de su jubilación fue el de Presidente del Seminario de Teología en las Islas Filipinas.

3. Un trabajo similar fue el resultado de la investigación del pastor y profesor J. Zurcher, Le Christ Manifesté en Chair: Cent cinquante années de christologie adventiste 1844-1994, Faculté Adventiste de Théologie, Collonges-sous-Salève (Haute Savoie, France), 1994. En otra dirección, G. R. Knight, sostiene que la IASD tenía otra posición, es decir, la de una humanidad afectada por el pecado pero sin tendencias inherentes a él, y que no fue explícitamente publicada hasta mediados del siglo XX. Esta tesis la defi ende en sus anotaciones en el libro Questions on Doctrine reeditado el año 2003 por la Andrews University Press,
y será objeto de análisis más adelante en este trabajo.

4. Recogió unas 1.200 declaraciones, de las que más de 400 son de E. G. White.

5. De 1852 a 1952.

6. J. Zurcher llega a las mismas conclusiones en su trabajo. G. R. Knight, por su parte, admite el tenor literal de las declaraciones que analizan R. Larson y J. Zurcher en el sentido que ellos las toman, pero las entiende a partir de dos principios de interpretación: a) la humanidad caída no la toma de manera inherente, sino “vicaria”, es decir “legal”; b) la naturaleza
humana caída afecta a Jesús sólo en las consecuencias físicas, pero no morales
ni espirituales. En realidad, los principios hermenéuticos sólo son válidos si emanan del texto mismo. El sentido de los textos debe ser el más evidente de acuerdo con su tenor literal, como expresión más acabada del pensamiento de E. G. White, a no ser que se haga evidente que exigen una lectura diferente. En realidad, los dos principios hermenéuticos utilizados en la lectura de G. R. Knight son artifi cialmente impuestos a los textos de E. G. White pues no emanan de ellos. Leyendo estos textos a partir de dichos principios, llegaremos a conclusiones apartadas del tenor literal y evidente de los mismos textos.

7. G. R. Knight es profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad Andrews (Michigan). Es defensor de una nueva comprensión sobre la humanidad de Jesús en su vida terrena. Podemos verlo en su libro De 1888 a la Apostasía, en sus notas en Questions on Doctrine annoted (2003), etc…

8. G. Stéveny, por ejemplo. Su posición se puede encontrar claramente explicada en su libro À la découverte du Christ, con prefacio de Raúl Déderen. Escrito ya en su jubilación. Rechaza abiertamente la idea de un Cristo con naturaleza humana como la de Adán antes del pecado.
La defi nición de Pablo “semejanza de carne de pecado” (cf. Rom. 8: 3, p.e.) no puede aplicarse a Adán antes del pecado. Dice que es necesario reconocer que los adanes no sólo vivieron diferentes ambientes, sino también diferentes humanidades (“carnes”). Que reducir el asunto a “antes” o “después” del pecado, es una alternativa falsa: Jesús no es como Adán antes de pecar, ni tampoco como el hombre pecador, no regenerado, desde un punto de vista ontológico. Como nosotros, pero hombre nuevo. El poder del Espíritu por el que Cristo condenó el pecado en la carne, es concedido a quienes lo reciben por la fe.

9. Además de sus muchas declaraciones respecto de la naturaleza humana de Cristo, manifi esta su aprecio por las enseñanzas de A. T. Jones, E. J. Waggoner, W. W. Prescott y Haskell; ella no solamente nunca corrigió sus enseñanzas al respecto de la humanidad caída de Jesús, sino que las aprobó y las confi rmó abiertamente. Como dijimos, algunos autores adventistas, como G. R. Knight, T. Poirier y otros se inclinan por encontrar nuevos principios hermenéuticos para leer los textos cristológicos de E. G. White, y llegar, de esa manera, a conclusiones distintas a las que aportan el tenor literal de sus declaraciones, pero no llegan a negar que E. G. White habla de una humanidad caída en Jesús. Más
tarde, G. R. Knight se contradirá con sus notas a la reedición de 2003 de Questions on Dotrine, cuando introduce la teoría de la “postura invisible” (más adelante veremos de qué se trata), según la cual E. G. White y otros, como representativos de la comprensión de la iglesia, mantuvieron otra postura, pero que no se publicó ni divulgó abiertamente hasta la publicación de Questions on Doctrine en 1957.

10. Letter to Everybody by an english author, The Review and Herald, 18 octubre 1853, pág. 115; en inglés: «“Jesus Christ, who tells you he is “the Son of God”, one with the Father (…) who “took on him the seed of Abraham”, our nature, and upheld it sinless…».

11. J. M. Stephenson, The Review and Herald, 7 noviembre 1854, pág. 99; en inglés: «To say that God sent his own Son in the likeness of sinful fl esh”, is equivalent to saying that the Son of God assumed our nature…».

12. Lo citamos más adelante.

13. No suele apreciarse este aspecto cuando se habla o se escribe sobre la predicación de A. T. Jones y W. W. Waggoner en la conferecia de 1888. Ver, como ejemplo, la obra de Waggoner, Cristo y su justicia, cap. “Dios manifestado en carne”, escrita en 1890, dos años después del Congreso de Mineápolis. Es verosímil que las mismas bases sostuvieran su predicación también sólo dos años antes.

14. Esta doctrina afi rmaba que Jesús había tomado la naturaleza de Adán antes de la caída, y que por lo tanto había una “carne santa”. Y que es posible adquirir esta carne antes de la segunda venida de Jesús quedando preparados para la traslación dando lugar a un cierto “perfeccionismo”, doctrina diferente de la enseñanza bíblica acerca de la victoria sobre el pecado a través de la fe en Cristo bajo la gracia y por el poder del Espíritu Santo habitando en los hijos de Dios mientras continúan viviendo en la carne de pecado. Algunos pastores
siguieron esta desviación. Informada por el pastor Haskell, E. G. White puso orden a esta herejía. Haskell y E. G. White mantienen, con el resto de la IASD, una posición distinta sobre la humanidad de Jesús. Para una comprensión más amplia ver sobre el particular, E. G. White, Mensajes Selectos, tomo 2, págs. 35ss., y también J. Zurcher, Le Christ manifesté en chair, págs. 88-96.

15. Desviación doctrinal que afecta a la naturaleza de Dios, introducida por J. H. Kellogg. E. G. White interviene también para corregir esta desviación.

16. Ver su sermón La parole fait chair [La Palabra se hizo carne], Publications «Car le temps est court», 1994; y su obra La victoire en Christ [La victoria en Cristo], misma referencia, 1991.
17. A. G. Daniells, Jesús-Christ notre Justice, trad. Nicole May, Vie et Santé, Francia, 1988. La iniciativa de la reedición y traducción es de la clase saliente 1987/88 de la Faculté Adventiste de Théologie de Collonges sous-Saléve.

18. Una posición diferente al respecto la encontramos en una época mucho más tardía cuando se publicará el libro de Norman F. Pease, Solamente por fe, en la Universidad Andrews.

19. Review and Herald, 2 de enero de 1872, artículo II. La primera declaración, ofi cial, contiene 25 artículos de fe, y la segunda versa sobre la persona y la obra de Cristo.

20. J. Zurcher, op.cit.

21. 1867-1943, responsable del Yearbook en este período.

22. Págs. 377-380. En 1932 se incluye en el primer Manual de la Iglesia, y en 1941 se incluye en el voto bautismal en doce puntos.

23. Ver Church Manual [Manual de la iglesia], 1932, pág. 180. En francés se publica en 1935 y dice: «…Se revistió de la naturaleza humana» (Manuel d’Eglise, Maison d’éditions Les Signes des Temps, Dammarie les Lys, pág. 174). En francés aparece una pequeña pero importante diferencia, lo que representa, en opinión del autor de este trabajo, la voluntad de los redactores del Manual de la iglesia de dejar indefi nida la cuestión de en qué humanidad vivió Jesús.

24. En este punto discrepo de la lectura de J. Zurcher, quien dice: «En esta fecha (1931) ella (la Declaración…) fue transformada para explicar con otras palabras la misma convicción…» (Op.cit., págs. 35-36). J. Zurcher argumenta que esta nueva declaración… hay que entenderla a la luz de los escritos cristológicos de la época, y así, cree que dice lo mismo que la Declaración… de 1872. Sin embargo, desde mi lectura, lo que ocurre es ya un avance de nuevas posiciones en la IASD que infl uyen en la redacción de la Declaración...

25. Asociación General de la IASD, Manual de la iglesia, ed. 2000 (16ª revisión), APIA, 2000, pág. 9.

26. Ver p.e. D. G. Barnhause, citado en Mildred Bangs Wynkoop, Bases Teológicas de Arminio y Wesley, Casa Nazarena de Publicaciones, Kansas City (EE.UU.), 1973.

27. Más adelante nos detendremos en estos detalles y precisaremos las fuentes.

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