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Preparación para el Matrimonio.-

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Preparación para el Matrimonio.-

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 2:08 am

Preparación para el Matrimonio.-

A pesar de las grandes incertidumbres asociadas con el matrimonio según se revela en las estadísticas actuales sobre divorcio, parece haber no obstante un apresuramiento casi indecente de parte de los jóvenes para entrar en el estado marital.
La sociedad moderna ha colocado presiones irracionales sobre el inmaduro, sembrando de esa manera semillas para problemas futuros. Gran parte de esta presión podría rastrearse de regreso a la escuela primaria donde los niños, totalmente incapaces de manejar el asunto del cortejo, son casi obligados por las circunstancias a aceptar un papel diseñado para seres humanos más viejos y experimentados. Fre-cuentemente, por medio de los banquetes y otros eventos sociales, jóvenes inmaduros son forzados a arreglos de citas de tal manera que son llevados a creer que a menos que tengan una pareja del sexo opuesto, de alguna manera no son aceptados. Los peligros del cortejo y romance prematuro no pueden ser exagerados. Tal curso de acción estimula el deseo sexual y conduce naturalmente hacia el hábito de prácticas promiscuas en un momento cuando los jóvenes son demasiado inmaduros para manejar, o in-clusive comprender las consecuencias de sus actos.
Esta situación persiste en los niveles de secundaria y edad universitaria, donde hay una gran intensifi-cación de relaciones, y mucho antes de que estos jóvenes tengan la oportunidad de entregar sus vidas completamente a Cristo, muchos han sucumbido a la presión de las relaciones sexuales premaritales, que a menudo los persiguen por el resto de sus vidas. Estos romances inmaduros hacen mucho para frustrar el desarrollo educacional y emocional de los jóvenes, porque cuando se han “enamorado”, les resulta muy difícil concentrarse en sus programas de estudio. Cuando se rompe la relación inmadura, son adoloridos y hay una pérdida concomitante entre el estado emocional y el logro académico. El cortejo estimula el juego con los afectos y emociones del sexo opuesto y puede tener muchas consecuencias dañinas.
Hay sugerencias de que los jóvenes de cierta edad son más maduros actualmente que en generaciones pasadas, pero esta aseveración puede no sostenerse si la evaluación está basada sobre madurez emocio-nal, en vez de conocimiento general.
Ciertamente la complejidad de la sociedad moderna dictamina que requerirá una persona mucho más madura actualmente que en generaciones previas, para lograr un matrimonio exitoso.
De manera que en general, la sabiduría indica que debería haber una disminución en vez de un acele-ramiento hacia la realización del matrimonio.
Siempre hay resistencia a cualquier sugerencia reaccionaria, pero parece que hay una necesidad de re-gresar a “las sendas antiguas, cuál sea el buen camino” (Jeremías 6:16). Es evidente que nuestros an-cestros fueron capaces de establecer relaciones maritales más seguras y duraderas. En un siglo cuando el 50% de todos los matrimonios están destinados a terminar en divorcio, existen buenas razones para que el cristiano mire hacia atrás a aquellas situaciones que ayudaron a facilitar la seguridad y resistencia de la relación matrimonial.
La universidad con frecuencia ha llegado a ser un período de expectativa frenética por parte de muchas madres, esperando contra la esperanza que sus hijas puedan encontrar un hombre joven con quien ca-sarse. Para muchos jóvenes, parece que la razón más importante para estar en la universidad es encontrar una pareja para la vida. Si bien este logro puede ser un excelente rebote de la educación universitaria, nada debería disminuir el énfasis básico de la educación de los jóvenes de ambos sexos a desempeñar los papeles en el desarrollo de talentos que Dios les ha confiado. Cualquier cosa que disminuya se-riamente este propósito, aun si es un romance, no debe ser estimulado. En general, muchos jóvenes están asumiendo responsabilidades inmoderadas durante su vida universitaria. Se les hace casi imposible enfrentar la tensión financiera que los agobia. A menudo al menos uno de los cónyuges tiene que dejar el estudio, a veces ambos. Y si ambos triunfan en permanecer en la universidad, a menos que tengan un fuerte apoyo financiero, quizás de los padres, es probable que contraigan grandes deudas al aceptar dinero de programas de préstamo, y por lo tanto, son enfrentados con la tensión añadida de dificultades financieras durante años posteriores.
Es usualmente mejor que los jóvenes puedan completar su trabajo académico y que puedan tener la se-guridad de un ingreso fijo antes de aceptar las responsabilidades del matrimonio. Hay que conceder que esta meta a veces es difícil de lograr, especialmente en áreas profesionales donde en Estados Unidos se requiere un pos grado a fin de obtener un empleo (ejemplo en medicina, odontología, derecho y otras profesiones). Sin embargo, cuanto más tiempo se pueda posponer este paso, tanto mayor será la proba-bilidad de reducir las presiones compitiendo contra el equilibrado desarrollo de los jóvenes concernien-tes.
No obstante, es mucho más difícil resistir las presiones sociales impuestas a los jóvenes en sus primeros años, y con frecuencia un matrimonio prematuro es considerado la respuesta.
Aquí uno no defiende la segregación de los sexos hasta que los jóvenes estén maduros. Por el contrario, hay una necesidad esencial para que los jóvenes de ambos sexos fraternicen en un ambiente abierto y tranquilo. Sería mucho más seguro, sin embargo, y conduciría más tarde a relaciones más maduras, si a los jóvenes les fuera permitido mezclarse en pequeños grupos durante un considerable periodo de tiem-po sin comprometerse en alguna relación especial. De esta manera lograrían conocerse los unos a los otros en relaciones más informales, empezando a comprender las cualidades y debilidades del uno y del otro y hacer una evaluación más firme cuando posteriormente puedan buscar una relación más íntima e individualizada con uno del grupo. Demasiado a menudo, jóvenes que no se conocen el uno al otro y quizás casi ni se habían visto antes, cortejan, y antes de mucho se desarrolla una relación emocional y unión.
Es obvio que en estas primeras experiencias, cada uno tiene poco concepto del carácter del otro, y cuando se empieza a revelar el verdadero carácter, la unión emocional es a menudo demasiado fuerte, y el valor muy débil, para tomar una decisión apropiada. De manera que antes de realizar cualquier cortejo especializado, es sabio que cada uno ya tenga un firme conocimiento del carácter del otro, y ambos sean lo suficientemente adultos para actuar de una manera responsable.
El concepto del cortejo, ampliamente sostenido en la sociedad actual, casi no podría ser coherente con el patrón de Dios para sus hijos. Frecuentemente los jóvenes han cortejado veintenas de otros jóvenes y depositado sus afectos, a veces en forma muy apasionada, sobre un amplio rango de miembros del sexo opuesto. Los humanos son criaturas de hábito, y el desarrollo de un patrón de relaciones íntimas con un gran número de miembros del sexo opuesto es en sí mismo formador de hábito, y obrará en contra de conservar el matrimonio intacto cuando uno es eventualmente escogido como compañero de vida. Será mucho más difícil romper el hábito de depositar su afecto sobre otras personas. De manera que las se-millas de la infidelidad y desacuerdo matrimonial ya han sido sembradas.
La práctica se vuelve aun más crítica si ha habido relaciones sexuales con algunos de estos otros. Mien-tras que comúnmente los patrones aceptados indican que las relaciones sexuales premaritales son sanas, o al menos aceptables en la preparación para el matrimonio, en realidad constituyen una de las mayores causas para la separación matrimonial; porque hay una relación directa entre evitar la promiscuidad antes del matrimonio y el prospecto de un matrimonio exitoso. De hecho, sería justo decir que pocos ma-trimonios, donde ha habido mucha promiscuidad por ambos cónyuges antes del matrimonio, son pro-bables de sobrevivir intactos, a menos que haya una profunda aceptación posterior de Cristo en la vida de ambos cónyuges. Los patrones de hábito son fuertes, y después de un corto periodo de tiempo, las parejas se aburrirán con, y se volverán desinteresados en, el cónyuge que han escogido. Habrá la ten-dencia a buscar “nuevos campos de conquista”. En la promiscuidad de los jóvenes están sembradas las semillas de la infidelidad matrimonial.
Tampoco podemos pasar por alto el efecto de la promiscuidad sobre todo en el desarrollo emocional de los jóvenes. Existen los inevitables sentimientos de culpa asociados con relaciones sexuales ilícitas y este resultado es especialmente verídico en las vidas de aquellos con antecedentes cristianos. Con frecuencia es difícil vivir con este sentimiento de culpa, y frecuentemente conduce a sentimientos de insuficiencia y baja autoestima.
Trágicamente, existe a menudo un círculo vicioso donde, debido al declive de la autoestima, una perso-na acentúa la conducta promiscua y eso a su vez solo refuerza la baja imagen.
Una vida de pureza y castidad sigue siendo una maravillosa salvaguarda contra sentimientos de inferio-ridad, y aun los padres que piensan que al distribuirle la pastilla anticonceptiva a sus hijas la han salva-guardado contra la posibilidad de un embarazo, de ninguna manera se han sobrepuesto a la pérdida psi-cológica y espiritual asociada con la promiscuidad. Luego está la complicación asociada con embarazos efectuados extramaritalmente.
Una vez más, el conflicto es lanzado a la vida del joven inmaduro. Aquellos que tienen fuertes convic-ciones morales reconocerán que el aborto ciertamente no es una solución aceptable a sus malas prácti-cas—dos males no hacen un bien. Y si bien existen informes conflictivos en cuanto a la respuesta emo-cional a los abortos, no obstante hay un amplio espectro de evidencia para indicar que al menos un alto
porcentaje de mujeres sufre considerablemente, sino en forma irreparable, daño emocional como resul-tado de los abortos. Al margen de las reacciones emocionales, hay profundas razones espirituales por las cuales una cristiana no querrá someterse a sí misma a un aborto permisivo.
El aborto permisivo encaja dentro de la cultura hedonística de la sociedad moderna donde los hombres y mujeres están muy preocupados en evitar las consecuencias de malos actos.
Pero ciertamente un pecado no debería usarse para borrar las consecuencias de otro, y con seguridad ese es el fundamento del aborto permisivo.
Desafortunadamente, en la sociedad contemporánea, donde la diosa del sexo ha sido establecida tan efectivamente como entre las naciones paganas en tiempos pasados, se ha vuelto cada vez más popular permitir que la consejería de jóvenes esté dominada por discusiones acerca del sexo como si fuera el aspecto más esencial de un matrimonio exitoso. De manera que a los jóvenes se les enfatiza el punto de vista de que el sexo es el propósito fundamental del matrimonio. Llegan a creer que cualquier problema que se pueda experimentar o que cualquier cosa inferior que su ideal de una relación sexual es base para el desafecto marital.
Hay muchas preguntas vitales que los jóvenes enfrentados al matrimonio deben hacer, porque la calidad del noviazgo influirá sobre la dirección posterior del matrimonio. La primera y más importante pregunta es: ¿Honrará a Dios este matrimonio?
La siguiente es: ¿Unirnos nos permitirá cumplir mejor los propósitos de Dios en cada una de nuestras vidas? Entrar en unión con Dios es forjar una sólida unión en el noviazgo y matrimonio. Dos jóvenes que estén buscando unir sus vidas deberían estar convencidos que son uno en propósito y objetivos.
Esta convicción por supuesto no significa que uno debe subvertir sus intereses al otro, sino que habrá una armonía de dirección mientras cada uno complementa y suple al otro en cumplir el llamado de Cristo. Cada uno debe comprender la relación del otro hacia Dios y la determinación a seguir su lide-razgo. El carácter, los actos, y hábitos del otro deberían pesarse cuidadosamente. No hay forma alguna en la cual un cristiano puede estar unido en matrimonio con un no cristiano, y seguir honrando a Dios. La Biblia lo tilda un yugo desigual.
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque, ¿qué tiene en común la justicia con la injus-ticia? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?”. 2 Corintios 6:14.
Tampoco es suficientemente bueno que el compañero escogido sea un profeso cristiano. Un verdadero y completo compromiso cristiano es la única base para un matrimonio cristiano feliz y plenamente rea-lizado.
Segundo, cada uno debe comprender las muchas responsabilidades inherentes al matrimonio, y el fun-damento altruista sobre el que la verdadera felicidad matrimonial está establecida. Ambos deben hacer la siguiente pregunta honestamente, si están buscando casarse solamente para subservir sus intereses personales, o sí hay tal amor genuino para el otro que su propósito básico en el matrimonio es buscar la realización y felicidad del compañero que están aceptando en matrimonio.
Una tercera pregunta es: ¿Hemos buscado sabio consejo de gente espiritual, especialmente nuestros pa-dres (sí estos son cristianos comprometidos)? Los buenos padres buscan solamente la felicidad y éxito de sus hijos. Y entre las provisiones de Dios para los jóvenes hay consejos que pueden recibir, primero de sus propios padres y después de otros adultos cristianos. A menudo no será completamente posible que estas personas expresen cabalmente sus reservas si las tienen, sin embargo, la sabiduría de la edad no debería pasarse por alto por la impetuosidad juvenil. Aun en esta sociedad nuclear, los jóvenes se están casando dentro de una familia. Y es de gran ayuda saber que los padres de ambas personas que están contemplando el matrimonio están en armonía con la decisión y están felices de aceptar a la otra persona al círculo familiar.
Esta aceptación ciertamente reduce la tensión y alejamiento que puede desarrollarse cuando se contraen matrimonios voluntariosos independientemente de los consejos paternales.
Cuarto, ¿Nos hemos conocido durante suficiente tiempo y en circunstancias suficientemente variadas para estar seguros que Dios nos está uniendo? No hay razón para que jóvenes cristianos se casen con poco entendimiento del carácter y propósito mutuo. Por supuesto, si ha habido la oportunidad en situa-ciones de grupo para conocerse mutuamente en la esfera más amplía, entonces esto será un gran activo cuando se lleve a cabo un noviazgo específico. Aun así, es esencial que los jóvenes sean lo suficiente-mente objetivos para comprender las características del otro, de manera que puedan realizar sus opor-tunos ajustes matrimoniales en forma tan sencilla y exitosa como sea posible.
Quinto, ¿Los dos hemos aprendido el control de Cristo como base de nuestra relación? No hay manera de entrar exitosamente a un matrimonio si se hace en forma voluntariosa o irresponsable.
El control de Cristo no solo abarca el área del sexo sino también todas las facetas de la vida en la pre-paración para el matrimonio.
Este control provee una fina seguridad para la vida matrimonial. Tal dominio propio será caracterizado por la prevención de estar juntos tardíamente por las noches, que en sí mismo produce peligros insos-pechables aun para el joven cristiano.
Sexto, ¿Tenemos una apropiada comprensión de la mayordomía cristiana como parte del verdadero de-sarrollo cristiano y del establecimiento de un hogar? Las finanzas pueden producir dificultades extraor-dinarias dentro de una situación matrimonial; y el tema de cómo serán manejadas las finanzas, y las respectivas responsabilidades tanto de la esposa como el esposo en esta área, deben ser cuidadosamente estudiadas antes del matrimonio. La responsabilidad ante Dios, y el cuidadoso desembolso de fondos deben ser discutidos, y buscar la compatibilidad sobre estos asuntos.
Séptimo, la relación respecto a las expectativas familiares deberían explorarse, incluyendo las actitudes hacia los hijos, el número considerado deseable, así como actitudes respecto a su manejo y educación. Aun actitudes sobre la ubicación del hogar, los gustos y tales asuntos deberían ser bien entendidas. De hecho, cuanto más áreas se discuten y cuanto más acuerdos se alcancen, tanto mayor será la posibilidad de forjar un matrimonio exitoso; porque durante el matrimonio habrá suficientes decisiones inesperadas que tomar sin tener que preocuparse por decisiones que habrían podido enfrentarse antes del matrimo-nio. Al tomar estas decisiones juntos la pareja puede establecer una fuerte base para una abierta comu-nicación en el matrimonio.
Luego está la relación con Dios. Hay importancia en aprender a orar juntos, a estudiar la Palabra de Dios juntos, y a trabajar juntos para Cristo. El noviazgo debe ser el fundamento sobre el cual los futuros valores del hogar se establezcan y aquellas áreas que tenderán hacia la felicidad del hogar deben ser fortalecidos durante este periodo.
El hogar debe ser una unidad cristiana de testimonio, y su efectivo establecimiento ciertamente co-mienza durante el periodo del noviazgo. La fuerza de la sociedad es derivada de familias fuertes, segu-ras y estables donde cada miembro está saludable mentalmente. Un alto nivel de desorden mental en la sociedad actual debe ser rastreado básicamente a la inestabilidad del hogar y la inseguridad de las rela-ciones familiares. Aquellos hogares establecidos sobre los principios de Cristo, asegurados por Cristo en amor, son claramente los baluartes más efectivos contra el colapso de la sociedad.

ORDEN DESEADO DE LAS GRANDES DECISIONES DE LA VIDA

1. Decisión por Cristo.
2. Decisión por un llamamiento de la vida.
3. Decisión por un compañero para toda la vida.
4. Decisión para iniciar nuevas vidas.

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