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La Adolescencia y la Toma de Decisiones.-

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La Adolescencia y la Toma de Decisiones.-

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 2:03 am

La Adolescencia y la Toma de Decisiones.-

Es durante los años de la adolescencia o poco después, que las mayores decisiones de la vida tienden a realizarse. No hay ninguna que sea mayor que la decisión de seguir a Cristo, la decisión a seguir un llamamiento para la vida, y la decisión a escoger un compañero para toda la vida. Usualmente es mejor si estos compromisos se realizan en ese orden. Frecuentemente, un matrimonio prematuro, o un matri-monio antes que se haya hecho una decisión para seguir a Cristo, ha frustrado las metas de Cristo en la vida de un hombre o mujer joven. Es absolutamente deseable que tanto el esposo como la esposa tengan un compromiso para seguir el liderazgo de Dios, sin importar lo que eso pueda ser. El que un cónyuge se oponga al liderazgo de Dios es iniciar un conflicto que quizás nunca se resuelva completamente.
Indudablemente la decisión más grande y significativa que los humanos puedan tomar es la decisión de seguir a Cristo.
Esta decisión afectará a todas las demás y por lo tanto, en la educación de los jóvenes, se debería brin-dar una primacía sobre ésta. Si bien frecuentemente es verdad que los niños pequeños pueden tomar decisiones para aceptar a Cristo, es más probable que una decisión firme, e irrevocable se realizará a mediados de la adolescencia. Usualmente los jóvenes deben enfrentarse a las presiones de los grupos sociales y biológicos de la adolescencia para llegar a confirmar firmemente sus decisiones.
No es extraño que los padres se preocupen demasiado si ven que sus hijos están aparentemente vaci-lando en tomar una decisión para seguir a Cristo, y quizás muchos tratan de forzar a sus hijos a tomar tal decisión. Pero es imposible obligar a alguien a seguir a Cristo. Aunque los padres tengan la respon-sabilidad de colocar ante sus hijos en la manera más atractiva, los requerimientos que Cristo coloca so-bre su vida y servicio, solo hasta que él mismo tome esa decisión puede resultar cualquier consecuencia positiva para el reino de Dios.
La coherencia de los padres, su estímulo, y su ejemplo pueden ayudar, pero llegará un momento cuando el joven por sí mismo deba tomar esa decisión. Sin embargo, una vez más, la dedicación especial de los padres en la crianza de sus hijos puede ayudar grandemente. La dedicación especial de Samuel hecha por su madre, Ana, parece haber desempeñado un papel vital en la futura misión del profeta. Constituye un excelente ejemplo para los padres modernos.
“E hizo un voto, diciendo: Oh Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, y te acuerdas de mí, y me concedes un hijo, lo dedicaré todos los días de su vida a tu servicio, y no pasará navaja sobre su cabeza”. 1 Samuel 1:11.
No hay duda que el conflicto emocional y estrés pueden ser grandes en la experiencia de los adolescen-tes quienes se encuentran en un estado de indecisión respecto a su relación con Cristo. Esta indecisión causa no solo conflicto, sino a menudo tensos estallidos emocionales y puede conducir aparentemente a conductas incoherentes e irresponsables. Los padres deberían reconocer que los jóvenes que todavía deben tomar su decisión para seguir a Cristo atravesarán por un periodo bien difícil. En un sentido no es desalentador, porque significa que el niño no ha descartado el llamado de Cristo. Por otra parte, es necesaria una comprensión cuidadosa para que en este período difícil el joven pueda tener en lo posible una fácil oportunidad para hacer un compromiso firme con Cristo. Si durante la adolescencia no se ha hecho una decisión para seguir a Cristo, es mucho menos probable que en un periodo posterior se tome tal decisión. Por esta razón Salomón urgía: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Ecle-siastés 12:1.
Satanás se esfuerza por entretejer una red de circunstancias alrededor de aquellos que no han sometido sus vidas a la voluntad de Dios, haciéndolo tan difícil como sea posible que tomen ésta decisión poste-riormente en la vida. Es esencial percatarnos que debe haber una decisión definitiva para servir a Dios. Lo único que se necesita para seguir a Satanás es no tomar ninguna decisión. Feliz es el joven que puede decirle a Dios: “Porque tú, oh Señor, mi Dios, eres mi esperanza, mi confianza desde mi juventud”. Salmo 71:5.
Tal joven ha seguido el consejo de Pablo a Timoteo: “Huye de las pasiones juveniles. Sigue la justicia, la fe, el amor, la paz, junto con los que invocan al Señor de limpio corazón”. 2 Timoteo 2:22.
La segunda gran decisión es para un llamamiento en la vida. Esta decisión no es fácil en nuestra com-pleja era donde hay tal proliferación de oportunidades. Cuando en épocas pasadas era probable que un niño siguiera en el negocio o profesión del padre, las decisiones eran sencillas; peor actualmente cuando es mucho más probable que el joven escogerá una ocupación diferente a la de sus padres; y cuando hay tal magnitud de oportunidades, la indecisión puede crear profunda preocupación emocional. Los padres pueden reducir el nivel de tensión de sus hijos si les han ayudado a comprender que Cristo está guiando sus vidas y que, al seguir su liderazgo, nada tienen que temer. Algunas veces, al igual que Abraham, se les puede requerir que den un paso en fe, porque parecería favorecer la causa de Satanás que los jóvenes decidan no hacer nada.
Moviéndose hacia adelante en fe, permitiéndole al Señor guiarlos en la dirección más apropiada para su papel único en sus planes y propósitos, traerá los resultados más satisfactorios. Tal curso puede producir, por una parte, la moción positiva de logro, y por otra parte, la tranquilidad que proviene de la certeza de seguir el liderazgo de Dios. El uso fructífero de nuestros talentos es esencial para la persona que profesa ser un siervo de Cristo.
Es fácil para los padres inyectarle a sus jóvenes ambiciones no santas, ambiciones relacionados con las finanzas, el poder, o el prestigio. Al hacer esto están minimizando el llamado de Dios. Dichas metas es-tresan la competencia egocéntrica en vez del servicio altruista, y con frecuencia eleva los niveles de tensión en el adolescente. En la inquietud de la juventud es fácil subestimar miopemente el valor de la educación, pero cada joven debería ser animado a seguir en hábitos de industria, yendo tan lejos como pueda para cumplir los propósitos de Dios en su vida.
La tercera gran decisión es la elección de un compañero para toda la vida. Esta decisión involucra el segundo juramento más importante que los humanos realizan, un juramento dirigido al establecimiento de un hogar donde el esposo y la esposa conservarán inviolable su relación el uno hacia el otro.
Obviamente este voto es mucho más efectivo cuando tanto el esposo como la esposa han hecho un compromiso con Cristo y cuando hayan establecido una comprensión compatible del liderazgo de Dios en sus vidas. De manera que los jóvenes necesitan consejo y guía Divina concerniente a los verdaderos principios del amor, las responsabilidades del matrimonio y la paternidad. Las decisiones apresuradas pueden conducir a una miseria para toda la vida.
Quizás el elemento positivo más crítico de la juventud es su idealismo. Cuán importante es para los pa-dres, maestros y lideres de la iglesia reconocer el idealismo de la juventud, ¡Pero también a utilizarlo y movilizarlo! El joven tiende a pasar por alto el discernimiento de las barreras, obstáculos, o gravámenes.
Quieren avanzar hacia adelante. Quieren forjar hacia adelante para hacer las cosas que los adultos ma-duros con frecuencia ven como imposibles. Es vital no aplastar este idealismo o destruir el entusiasmo juvenil, sino utilizar la exuberancia en un alcance positivo para la obra de Dios. Tal resultado puede ser maravillosamente alcanzado cuando este idealismo está asociado con verdaderos principios de abnega-ción y servicio.
Con cada compromiso para Cristo, hay cambios fisiológicos acompañantes para la acción. Con la moti-vación por un idealismo inigualable en años anteriores o posteriores, los jóvenes tienden a responder con gran compromiso personal.
En la medida en que el amor de Cristo se les manifiesta, no solo se desafía su intelecto, sino que tam-bién hay una considerable respuesta emocional que lo acompaña. Ningún hombre o mujer puede expe-rimentar el amor de Cristo sin corresponder a ese amor. Esta respuesta emocional, al igual que todas las emociones humanas, está asociada con cambios corporales mediados por el sistema nervioso simpático. Estos cambios estimulan y facilitan el comportamiento por la secreción de adrenalina en la corriente sanguínea, aumentando la frecuencia cardiaca y respiratoria y mejorando el tono muscular. Por lo tanto, una respuesta general al llamado de Cristo trae consigo una preparación automática para la acción. El alma clama por algo por hacer que refuerce el compromiso.
Frecuentemente aquellos de mayor edad fallan en proveer para el desafío de esta situación. Envían lejos aquellos que han firmado su aceptación de Cristo sin proveerles alguna oportunidad para que puedan reforzar su decisión para un comportamiento cristiano fructífero. Pronto los jóvenes se confunden y equivocan sobre el compromiso hecho, y por lo tanto, a menudo caen presa de otras actividades que no están santificadas ni son provechosas. Ocurren desánimos y crisis emocionales asociados con la ver-güenza, y el resultado final con frecuencia es peor que si nunca se hubiera aceptado un desafío. El lla-mado para una entrega personal tiene un lugar real en la vida de cada joven. Pero la Escritura está re-pleta de ejemplos del refuerzo inmediato de ese compromiso en acción.
Cuando Cristo llamaba a Pedro y Andrés, dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”.
Marcos 1:17.
Posteriormente cuando Cristo personalmente interrogó a Pedro acerca del amor que le tenía, Pedro fue directamente comisionado para alimentar a los corderos y ovejas.
“Cuando terminaron de comer, Jesús preguntó a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él respondió: Sí, Señor. Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió Jesús a preguntarle: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro respondió: Sí, Señor. Tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le preguntó: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez, ¿Me amas?, y respondió: Señor, tú sabes todas las cosas. Tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”. Juan 21:15-17.
El último consejo de Cristo a Nicodemo fue: “Pero el que vive de acuerdo a la verdad, viene a la Luz, para que se manifieste que sus obras son hechas en Dios”. Juan 3:21. Énfasis añadido.
De igual manera el joven rico fue desafiado con una tarea cuando él buscó el camino de salvación:
“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Y ven, sígueme”. Mateo 19:21.
El apóstol Pablo, durante su experiencia de conversión, reconoció la necesidad vital de acción cuando preguntó: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Hechos 9:6.
Antes de pasar tiempo de preparación en Arabia, él atestiguó de su nueva fe en la sinagoga. Después de la restauración de sus ojos, él inmediatamente “Empezó a predicar en las sinagogas a Jesús”. Hechos 9:20.
Estas dos últimas decisiones importantes están ligadas sobre la decisión de rendir la vida a Cristo, de hecho, en todas las metas y vocaciones de la vida, éste rendimiento ejercerá un significado superior.
Desafortunadamente muchos jóvenes ansían seguir a Cristo pero no saben cómo hacerlo. Tienen tan solo una vaga comprensión de lo que deben hacer cuando Cristo llama. El desánimo y desaliento los abate después de su entusiasmo inicial. Le sigue una resistencia al subsiguiente llamado del Espíritu Santo, y el destino eterno de ellos así como su felicidad en esta tierra queda en peligro. Es importante en la educación de nuestros adolescentes que cada uno pueda tener la oportunidad no solo de entregarse a Cristo, sino también de saber cómo reforzar ese compromiso con acciones de naturaleza positiva y pro-vechosa. De esta manera, la salud mental y estabilidad emocional serán aseguradas, y hay un refortale-cimiento de las reservas de la persona joven para los arduos deberes de la vida futura.

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