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La Niñez. -

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La Niñez. -

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 2:01 am

La Niñez.-

La voluntad es el especto más crítico en el desarrollo de una sana salud mental; por lo tanto es vital desarrollar la voluntad y el proceso de toma de decisiones tan rápida y efectivamente como sea posible. En las primeras etapas, los padres serán la mente para el niño. Esta relación provee para las necesidades biológicas así como para la protección del peligro para el niño. Pero paso a paso, usualmente al principio con respecto al peligro, el niño debe ser confrontado con las relaciones involucradas de causa-efecto. Por ejemplo, él debe saber que los fuegos, o riachuelos, o las autopistas muy transitadas son peligrosas.
Inicialmente los padres tendrán que pensar por el infante, pero tan pronto como sea posible es impor-tante que ellos le permitan ver al niño que hay razón detrás de sus decisiones. De manera que cuando se brinda respuesta a una solicitud, la respuesta paternal está mejor asociada con la razón. Por ejemplo, Juanito puede preguntar: “¿Puedo jugar con Roberto?” Puede ser inapropiado que él juegue con Rober-to, pero una respuesta sencilla como “no, porque estamos justamente para tomar la cena” indica que la madre tiene una razón para decir no. Decir simplemente “no” es evocar la casi inevitable pregunta “¿por qué?”. Una respuesta tal como “porque yo te lo dije”, no hace nada para profundizar el entendimiento de la conducta razonada del niño y con frecuencia crea el estímulo para un intercambio negativo y enojoso entre los padres y el niño.
Más adelante el niño puede ser ayudado a tomar algunas decisiones por sí mismo en cooperación con el estímulo y guía de sus padres. Se debe prestar atención especial a la consideración de los posibles re-sultados. Por ejemplo, los padres pueden ayudarle al niño a tomar decisiones en términos de experien-cias tales como la compra de ropa hasta que llegue el momento en que al niño se le puede confiar la toma de estas decisiones independientemente de sus padres. No hay un tiempo específico para alcanzar tal madurez, y los padres tendrán que determinar sabiamente cuánta independencia se le puede permitir a cada niño, y a qué edad cada decisión le puede ser confiada.
Es mejor que el niño aprenda a tomar decisiones en áreas no—morales antes de concederle mayor li-bertad en el área del bien y mal. Paso a paso, en asuntos sencillos, sin embargo, los padres pueden edu-car al niño para tomar decisiones en áreas de consecuencia moral. A veces los padres deben correr el riesgo de que el niño pueda tomar una decisión equivocada. Si esto sucede, no debería ser señal para una acción de pánico, porque los padres también cometen errores; pero puede ser necesario devolverse un poquito después de ver que el niño todavía no está listo para asumir completa responsabilidad.
Ciertamente nunca se le debería permitir al niño llegar a la posición donde él cree que no tiene ninguna responsabilidad hacia la madre o padre en la toma de grandes decisiones. Pero puede llegar el tiempo cuando el niño se rebele contra cualquier intromisión por parte de los padres en su toma de decisiones; sin embargo aun esta reacción será improbable si los padres han guiado sabiamente al niño desde sus más tiernos años de manera que haya sido firmemente establecida una relación de confianza entre los padres y el niño.
Quizás los dos errores más grandes que los padres pueden cometer son ejercer demasiado control del niño, o en el otro extremo, permitirle al niño hacer lo que le plazca. Ambos son destructivos para el de-sarrollo de la toma de decisiones del niño.
En el primer caso, la voluntad tiende a ser quebrantada por la disciplina coercitiva, y cuando más ade-lante en la vida del niño éste sea enfrentado con la toma de decisiones, no tiene una base adecuada so-bre la cual tomar esas decisiones, y tiende a comportarse en una forma coherente con el “hombre natu-ral”, que es incoherente con un compromiso hacia Cristo. Por otra parte, el niño que ha crecido en un ambiente permisivo aprende a ser voluntarioso y a validar su conducta por principios hedonísticos. Él, también, encuentra difícil tomar decisiones correctas cuando llega a la adolescencia, y tiene una fuerte tendencia a alejarse de Dios hacia patrones de conducta irrestrictivos. De manera que los hogares coer-citivos y los permisivos fracasan en la enseñanza de principios adecuados para la toma de decisión de parte del niño. Ambos métodos pueden tener efectos desastrosos en la vida adulta. La Escritura coloca esta educación en una fina balanza. Los padres cristianos fielmente guiarán sus casas.
“Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda dignidad”. 1 Timoteo 3:4.
Los padres no ignorarán el castigo por la desobediencia continua y voluntariosa.
“El que retiene la vara, a su hijo aborrece; el que lo ama, desde temprano lo disciplina”. Proverbios 13:24.
“La vara y la enmienda dan sabiduría, pero el muchacho consentido avergüenza a su madre”. Prover-bios 29:15.
Sin embargo, hará todo para evitar un ambiente negativo, destructivo, y carente de amor que quebrante al niño e inhiba un verdadero crecimiento y desarrollo positivo.
“Cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, será mejor que le aten una piedra de molino al cuello, y lo echen al mar”. Marcos 9:42.
“Y vosotros, padres, no irritéis a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Efesios 6:4.
Es sumamente importante para el niño aprender obediencia a sus padres, no por temor o amenaza, sino sobre la base de la responsabilidad que él tiene hacia sus padres quienes están, especialmente en los comienzos de su vida, en el lugar de Dios para él. Si el niño es colocado bajo crítica continua y es sujeto a mucho castigo físico o psicológico, el carácter de Dios se pervertirá en la mente del niño, y la relación niño—padre siempre será defectuosa. El dominio propio es vital para una buena paternidad.
Al aprender obediencia implícita a los padres y otras autoridades, el niño aprende obediencia a Dios. La obediencia es una parte integral de la relación de uno con Dios.
“Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada”. 1 Pedro 1:2.
Se extiende aun a los pensamientos: “Para derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y cautivar todo pensamiento en obediencia a Cristo”. 2 Corintios 10:5.
Sin embargo, así como aquellos que son verdaderamente obedientes a Dios se motivarán por el amor, así también, la verdadera obediencia a los padres será despertada por la emoción del amor. Es al atestiguar el amor y afecto de sus padres que los niños aprenden el verdadero significado del quinto manda-miento.
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Éxodo 20:12.
Solo entonces se podrá mantener un desarrollo armonioso. Debe haber normas apropiadas en el hogar. Estas deben ser sencillas, reglas necesarias que son impuestas coherentemente en amor. Al avanzar el niño en edad es con frecuencia provechoso permitirle ayudar en la elaboración de las normas.
De esta manera él estará más animado a cumplirlas. La obediencia debería exigirse coherentemente, y los padres deberían esperar que sus solicitudes sean respondidas la primera vez en que son hechas. En última instancia es mucho más amable, porque entonces el niño comprenderá la predictibilidad de los padres.
Si la solicitud debe ser repetida muchas veces, el niño tenderá a confundirse. Los padres eventualmente se volverán impacientes si no irracionales, y puede que respondan violentamente al niño.
Tales acciones no fomentan buenas relaciones familiares. Ocasionalmente el niño necesitará que se le llame la atención, pero toda llamada de atención debería hacerse en amor, no con ira. Las palabras im-pacientes destruyen la verdadera relación familiar, y la aspereza conduce a la amargura. La fuerte cen-sura a los niños conduce a la inseguridad, baja auto-imagen, desánimo y desesperación. El negativismo permanente puede romper los lazos familiares de manera que surgen daños irreparables. Existe la nece-sidad de representar el verdadero carácter de Dios al niño—su amor, su misericordia y su largo sufri-miento, que a menudo es mejor exhibido en el manejo de problemas disciplinarios. Los aspectos positi-vos del niño deberían ser reconocidos y si bien se debe evitar la lisonja, el elogio, la aprobación y el estímulo deberían ser concedidos liberalmente cuando sea apropiado.
Otro factor importante en la salud mental, crecimiento y desarrollo del niño es su alimento mental. La vida artificial actual, con la complejidad que la sociedad moderna ofrece, dificulta mucho más al niño crecer en un ambiente emocionalmente seguro. En un artículo titulado “Niños Perturbados—La Búsqueda de Ayuda”, se estimó que al menos 1,4 millones de niños menores de 18 años en los Esta-dos Unidos tienen problemas emocionales de tal severidad como para exigir atención urgente, y tanto como otros 10 millones requieren ayuda psiquiátrica de algún tipo si algún día han de lograr el potencial que el progreso médico había hecho posible en otros frentes. Algunos sugieren una cifra tan alta como 30 millones, un segmento extraordinariamente grande de la población menor de 18 años en los Estados Unidos. Esta cifra no está limitada a condiciones neuróticas moderadas, sino que también incluye profundos problemas psicológicos tales como el autismo, esquizofrenia, e hiperquinesis. Como dijo un psiquiatra en el artículo mencionado: “El niño afortunado es aquel con una buena herencia, y cuidado adecuado provisto por ambos padres quienes son capaces de reconocer y cumplir con las necesidades del niño en el inicio de su vida, y un mínimo de situaciones de estrés crónico arrollador mientras el niño va creciendo”.
Desafortunadamente, menos niños hoy en día tienen el privilegio de un hogar con los dos padres. Ni tampoco tienen un ambiente desprovisto de situaciones estresantes.
Adicionalmente se señaló que la actual sociedad móvil casi ha abolido el concepto de familia extendida donde las tías, los tíos, los abuelos y otros familiares formaban una fábrica adicional para apoyo de los niños en crecimiento. De manera que la iglesia cristiana, si estuviera apropiadamente organizada y alerta, debe volverse parte de la familia extendida a los niños de sus miembros, y en este sentido los adultos deberían 176 considerarse a sí mismos como los padres y madres de todos los niños en la iglesia. Un psiquiatra citado en el informe indicó que él no creía que dos padres, menos aun uno solo, podía criar a un niño completamente solo, y por lo tanto el apoyo de la iglesia es crítico.
Nos enfrentamos a la situación donde muchos niños jóvenes no tienen el privilegio de la compañía constante de una madre durante el día. La complejidad de la sociedad, y la búsqueda de conveniencias modernas, significa que frecuentemente ambos padres están trabajando, y sin embargo, hay muchos que estarían de acuerdo con la opinión del doctor Salk: “Preferiría ver que la gente no tenga hijos del todo a que dejen a los infantes en un centro de cuidado diario” (Ibíd.). No cabe duda que bajo casi todas las circunstancias la madre está mejor capacitada para cuidar de su niño en los tempranos años formativos, y esta responsabilidad dada por Dios no debería, excepto bajo las circunstancias más apremiantes, ser colocada en las manos de otra persona. Es mucho mejor tener menos de las llamadas comodidades de la vida que un niño esté sin su madre por largos periodos del día.
Sin embargo, la encuesta siguió para señalar como una de las grandes causas de crisis mental en los ni-ños la devastadora influencia de la televisión. “En la sociedad actual de botones, los niños tienden a aprender acerca del mundo que los rodea indirectamente por la televisión. Muchos de nuestros niños y jóvenes han estado en todas partes por oído y ojo, y casi en ninguna parte en las realidades de sus expe-riencias autoiniciadas.
Mucho de lo que los niños ven es una vívida imagen de guerra, violencia y levantamiento social. La agresión ha llegado a ser una de las experiencias infantiles más penetrantes de todas. Los niños apren-den comportamientos anormales al observar otra gente”.
Ahora es aceptado que la televisión está desempeñando un papel fundamental en el establecimiento de valores de la sociedad y está afectando significativamente las actitudes y la moral. El que la televisión presente mucho de lo que está en contradicción con la moral bíblica es una sobria advertencia a los pa-dres que tienen el bienestar moral y espiritual de sus hijos como meta central de su corazón. Aun las propagandas y los boletines noticiosos a menudo enfatizan aquello que es inmoral o de mal gusto.
Es por lo tanto vital que los padres monitoreen lo que sus hijos ven y escuchan. Esta necesidad no solo se aplica a la televisión sino también a la lectura, a la radio, a los equipos de sonido y otros aparatos similares. Con frecuencia, debido a la complacencia o carencia de fortaleza de su parte, los padres se han rendido a las influencias ambientales, pero la responsabilidad paterna de desarrollar un ambiente que ayudará al máximo en el crecimiento emocional y espiritual del niño es muy crítico. A los niños se les debe enseñar que cualquier complacencia que interfiere con el crecimiento mental y espiritual no es provechosa y debería ser eliminada. La complacencia no hace felices a los niños, sino inquietos y des-contentos; y aunque es natural ansiar lo sensacional y lo excitante en la diversión, los tales no tienen valor alguno para una vida fructífera. Para asegurar la vida del niño contra las malas influencias o aque-llo que es menos que completamente recompensado, el niño debe ser rodeado por actividades útiles e interesantes. El desarrollo de intereses creativos y constructivos que absorben al niño es básicamente la responsabilidad del padre para los hijos varones y la de la madre para las hijas. Sin embargo, muchas actividades que involucran a toda la familia simultáneamente, especialmente aquellas fuera de la casa, hacen mucho para cimentar los lazos familiares mientras que al mismo tiempo llenan el vacío que deja la exclusión de diversión sensacional en la vida de un niño. Tales excursiones también ayudan a establecer patrones valederos para toda la vida.
La Biblia está repleta con ejemplos de los efectos devastadores de la permisividad de parte de los pa-dres. Quizás ninguno es más obvio que la experiencia de Elí, el sumo sacerdote de Israel, cuyos hijos no fueron disciplinados ni sus vidas dirigidas en una forma fructífera hacia Dios. La indulgencia de Elí condujo a la muerte a sus hijos y dejó consecuencias trágicas para él mismo. Los padres son tan res-ponsables como las madres por la educación de sus hijos.
Los padres tienen la solemne responsabilidad de proveerles a los hijos que se les ha confiado la máxima calidad de ambiente y dirección. Solo en tales circunstancias pueden los hijos levantarse y llamar a sus padres benditos. Dios discierne posibilidades ilimitadas en todos los humanos, y a los padres se les ha dado la sagrada tarea de hacer todo para estimular al niño a alcanzar las alturas que están delante de él ya que su vida está ligada con el poder infinito de Dios.


ETAPAS EN EL DESARROLLO DE LA INDEPENDENCIA DEL NIÑO

NACIMIENTO
COORDINADO DE LA MANO
GATEO
CAMINAR
HABLAR
PRE-ESCOLAR / ESCUELA
LICENCIA DE CONDUCIR
INDEPENDENCIA FINANCIERA
VIVIR FUERA DE CASA
MATRIMONIO

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