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El Prenatal y el Infante.-

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El Prenatal y el Infante.-

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 1:21 am

El Prenatal y el Infante.-

Un hogar sin hijos frecuentemente es un hogar triste y puede conducir al egoísmo. Pero por otra parte, la paternidad es con frecuencia tomada muy a la ligera en cuanto a las responsabilidades que recaen sobre los padres. La salud mental del niño se inicia con los padres. Un ambiente familiar bien ajustado es quizás el mayor legado que los padres pueden brindar a sus hijos para el desarrollo de una saludable y segura salud mental. De manera que una paternidad responsable requiere que los padres tengan un estilo de vida seguro y bien organizado antes de iniciar una nueva vida dentro de la familia.
Esta base es fundamental si los padres no van a comenzar la vida del prenatal con aquello que lo pre-dispondrá para tener un carácter defectuoso.
La responsabilidad de la madre es especialmente importante. En los meses de formación prenatal es esencial que la madre siga un sencillo estilo de vida no dado a frecuentes explosiones de emotividad. Existe abundante evidencia de la profunda influencia de las experiencias intrauterinas más tempranas del niño sobre sus subsiguientes características emocionales, físicas y de personalidad. Fuertes emocio-nes conducen a reacciones del sistema nervioso simpático, tales como la secreción de adrenalina y otras sustancias a la corriente sanguínea. Aunque la placenta es un buen filtro, estas sustancias entran a la co-rriente sanguínea del feto, dando como resultado su hiperactividad.
Frecuentes explosiones emocionales por parte de la madre antes del nacimiento, pueden conducir a pa-trones de conducta emocional en la vida postnatal. Estas reacciones actúan contra el desarrollo de una saludable salud mental en el infante y niño.
Con frecuencia los padres de infantes altamente emotivos concluyen erróneamente que la causa es genérica, pasando por alto el papel crítico del ambiente prenatal. No es que los factores genéticos no ejercen una profunda influencia sobre la niñez y posteriormente las características del adulto; sí lo hacen. Pero los padres que son calmados y felices ellos mismos durante el periodo de gestación tienden a predeterminar, en gran parte, un temperamento similar en el niño.
La educación del primer niño debería realizarse con cuidado especial, porque establece el patrón para los padres en su acercamiento a futuros embarazos y nacimientos. Además, la actitud y comportamiento del primer niño tiene una fuerte influencia educativa sobre los demás niños que nazcan en el hogar.
No podemos exagerar el papel de sólidos hábitos de salud en la vida de la madre expectante. Hay evi-dencia incontrovertible que el alcohol, las drogas narcóticas y el tabaco, todos tienen un fuerte efecto detrimente sobre el desarrollo del feto, y la madre cuidadosa se separará completamente del uso de cualquiera de estos elementos. Anualmente cientos de neonatos mueren con síntomas de uso de droga y miles más, aunque logran sobrevivir, muestran claras evidencias de síntomas de uso de droga debido al fuerte consumo de ésta por parte de sus madres. El uso del té, café y otras preparaciones que contengan droga deberían ser también evitados. Una dieta sencilla, regular y saludable es de inestimable valor tan-to para la futura madre como para el feto.
Es responsabilidad del padre ayudarle a la madre a proveerse de un ambiente calmado y pacífico duran-te el embarazo. El esposo irresponsable y descuidado con su esposa, o quien es infiel, coloca una enorme carga sobre ella que ésta encontrará difícil de sobrellevar, especialmente durante el embarazo cuando los recursos físicos tienden a estar más bajos que lo normal. Es igual la responsabilidad del futuro padre como la de la madre, crear el ambiente más apropiado para el prenatal. Se debería realizar todo esfuerzo por reducir aquellas cargas que menoscaban y cansan a la futura madre. Las toxinas acumuladas por el cansancio tendrán un impacto inevitable sobre el niño por nacer. Resulta mejor si el esposo y la esposa organizan sus programas de manera que la esposa no siga en un programa de trabajo externo. De esta manera se reducen las influencias estresantes. Por otra parte, un programa de ejercicio periódico, y moderado será de ayuda. El exceso de trabajo de parte de la madre puede conducir a estrés y tensión que afectará el sano desarrollo del bebé.
Es probable que no haya más de dieciocho meses para desarrollar los patrones temperamentales de los infantes, y nueve de estos son antes del nacimiento. Debido a que el infante es fácilmente impresiona-ble, debe enseñarse el dominio propio desde la más temprana edad. Las Escrituras indican en un número de experiencias la necesidad por una cuidadosa vida temperamental por parte de la futura madre para que el hijo pueda tener la máxima oportunidad de un crecimiento y desarrollo saludable. Por ejemplo, la esposa de Manoa, quien sería la madre de Sansón, fue advertida por el ángel del Señor a abstenerse de bebidas embriagantes y evitar consumir cualquier alimento inmundo. Quizás en ninguna otra época es más importante una dieta sencilla que durante el embarazo. Esta observancia de principios de salud forma un primer fundamento de comportamiento apropiado para el niño posteriormente. Es esencial que tanto durante el periodo prenatal como durante el de la temprana niñez el niño sea educado en ab-negación, porque gran parte de su felicidad futura depende de esta educación.
En el periodo postnatal inicial, existe la posibilidad de subestimar cuán crítico es el proceso de aprendi-zaje del niño.
Sin embargo, este es probablemente el periodo de aprendizaje más dramático en la experiencia de la vida. El neonato parece tan indefenso que pocos padres empiezan a darse cuenta de los efectos durade-ros de esas experiencias iniciales. La seguridad establecida durante los primeros pocos meses tendrá mucho que ver con la seguridad emocional del niño en años posteriores.
Es siempre mejor si un cuidadoso y periódico patrón diario puede ser desarrollado. El mejor ambiente es uno rural donde la madre puede proveer cuidado de tiempo completo para el bebé. No deberían pasarse por alto otros factores importantes para el desarrollo de gustos valiosos en los años posteriores de la vida. Por ejemplo, la música desempeñará un papel importante en su vida futura, y la frecuente expo-sición a buena música durante la infancia será de gran valor en la vida futura cuando los gustos madu-ran.
El bebé pronto aprenderá hábitos periódicos de alimentación si la madre programa estos con periodici-dad. Este programa ayudará, en una etapa muy temprana, a evitar ansiedad que se producirá por un ma-nejo irregular del bebé. En casi todos los casos una alimentación programada debe preferirse a esperar la demanda de alimentación. La demanda de alimentación es errática y frecuentemente puede formar el hábito de exigir una auto-gratificación. El bebé aprende a llorar no solo por alimento sino también por cualquier cosa que desea, y los padres pronto discernirán que tales llantos son casi siempre gritos tem-peramentales en vez de gritos de necesidad. Así se desarrollarán hábitos que en la vida futura, aunque sofisticada para enfrentarse a mayor madurez, se establecerá no obstante sobre principios egocéntricos. Otra influencia importante sobre el bebé es una feliz relación entre los padres y otros miembros de la familia.
Es sabio que el infante esté presente en los cultos familiares de la mañana y la noche en un horario bien establecido. Si bien es verdad que el infante inicialmente no puede apreciar la vida espiritual que está involucrada en el periodo de culto, no obstante, se desarrollan actitudes en esta temprana etapa que fa-cilitará posteriormente al niño encontrar el periodo de culto como una bendición. Aquí se enseña ver-dadera reverencia y también el gozo de compañerismo con Dios, haciéndolo mucho más fácil para él en la posteridad de la vida demostrar verdadera reverencia a Dios, al lugar de adoración, a la Palabra de Dios y a sus ministros. El periodo de adoración debería ser apropiado para el interés del niño más joven, y tan pronto como sea posible los niños deberían involucrarse en cantar, en las historias de la Biblia, en leer y aprenderse las Escrituras y en la oración.
El desarrollo de hábitos inteligentes en la tierna infancia obrará contra los esfuerzos de Satanás de apar-tar al niño de Dios. Los padres deben aprender rápidamente la diferencia entre un llanto de dolor y un llanto temperamental. Nunca se debería reforzar un llanto temperamental con cualquier forma de aten-ción. Pero los padres siempre deberían estar listos a responder apropiadamente a un llanto de dolor o seria incomodidad. La negligencia de las necesidades biológicas inhibe grandemente un saludable cre-cimiento emocional.
En el periodo postnatal inicial al niño se le debería enseñar de una manera cuidadosa y amorosa a res-ponder a las órdenes de los padres. Este plan no es simplemente para educar al niño en un sentido con-ductivista, sino que es vital en ayudarle a formar apropiados patrones de hábito que facilitarán, en una etapa posterior, los requerimientos que Cristo colocará sobre su vida y servicio. Mucho antes que el niño sea capaz de responder verbalmente, se le pueden enseñar muchas lecciones valiosas de obediencia. Tan pronto como el niño sea capaz de entender, no obstante, este entendimiento debería involucrarse en la educación y el entrenamiento del niño. Una cuidadosa atención a la educación inicial puede evitar una multitud de problemas. Sin embargo aun los padres más sabios necesitarán mucho de la gracia de Dios y una vida de constante oración a fin de educar exitosamente a los niños confiados a ellos.
El principio abrumador de la relación de los padres con sus hijos será el amor tierno. Desde los años más tempranos los bebés sienten este amor y responden al mismo. Este amor no gratificará cada deseo egoísta, pero proveerá el calor y cercanía del amor paterno que hace mucho, bajo la bendición de Dios, para atraer al niño hacia Dios y hacia otros en el círculo familiar.
También influencia al niño a tener relaciones interpersonales cálidas y satisfactorias con aquellos fuera de la familia.
Algunos padres hoy en día están siendo negligentes con la dedicación de sus hijos a Dios. Que esto no se pase por alto. Los padres de Jesús nos dieron un sólido ejemplo en este asunto. Nada es más impor-tante que esta dedicación, si es acompañada por un deseo y esfuerzo sincero por parte de los padres de colocar en primer lugar la voluntad de Dios en sus responsabilidades de paternidad.

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