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Factores Físicos en la Salud Mental.-

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Factores Físicos en la Salud Mental.-

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 1:10 am

Factores Físicos en la Salud Mental.-

Dios ha provisto en la naturaleza aquello que está diseñado para la salud física y regeneración del hom-bre. A su pueblo escogido, Israel, él prometió una rápida restauración de su salud si ellos ministraban el amor de Dios al necesitado y oprimido.
“Antes, el ayuno que me agrada es éste: Desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas opresivas, dejar libres a los quebrantados, que rompáis todo yugo. Que partas tu pan con el hambriento, a los po-bres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano. Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu sanidad se verá pronto. Entonces tu justicia irá delante de ti, y la gloria del Señor será tu retaguardia”. Isaías 58:6-8.
La relación de la preocupación altruista por nuestro congénere con la fuerza y salud mental ha sido ex-plorada en otra parte, pero Isaías también nos asegura que la salud física es grandemente aumentada cuando en la fortaleza de Cristo, se elimina el egoísmo, de manera que el gozo del servicio pueda ser logrado. El egocentrismo tiene un efecto significativo sobre los recursos físicos del hombre. El estrés emocional debe constantemente defenderse a sí mismo, junto con la ansiedad de la herida personal, casi ciertamente aumenta la predisposición a severas enfermedades cardiovasculares y otros males degene-rativos. Por lo tanto, lo que afecta la salud emocional también afecta la salud física, ya que ambos están muy influenciados por la acción del sistema nerviosos simpático.
En vista de esta estrecha interrelación entre la salud física y emocional, es vital, para aquellos que están buscando la restauración o conservación de la salud mental, una comprensión básica de los principios de la salud física. Provisto dentro del ambiente de la tierra está todo lo que se requiere para el desarrollo y conservación de la máxima salud física.
Mientras, en un mundo grandemente distorsionado por el pecado, la salud física puede verse afectada por accidentes, causas físicas y limitaciones genéticas, no obstante, hasta cierto grado nuestra salud física está dentro de nuestro propio control.
Es una responsabilidad que es recompensada con grandes dividendos personales. Cuando Pablo apeló a los cristianos a ofrecer su cuerpo en sacrificio vivo, completamente aceptable a Dios, esta admonición, al igual que todos los mandamientos de Dios, es para el gran beneficio del hombre.
“Así, hermanos, os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto”. Romanos 12:1. Reina Valera 1995.
David declara que Dios es la fuente de la salud. “Él perdona todos tus pecados, sana todas tus dolen-cias”. Salmo 103:3.
Sin lugar a dudas los principios de salud de Dios están diseñados para proveer los más completos bene-ficios físicos a todos aquellos que siguen sus sencillas normas de salud. Estas normas pueden ser resu-midas en ocho principios:
1. Una dieta sencilla, bien balanceada.
2. Seguir las leyes de temperancia.
3. El uso de agua pura.
4. Aire fresco.
5. Exposición periódica a la luz del sol con moderación.
6. Ejercicio diario.
7. Patrones adecuados y periódicos de descanso.
8. Una relación de confianza diaria en Dios.
En los capítulos 18 y 19, los principios de la dieta, la temperancia y el uso del agua fueron explorados. Pero vale la pena enfatizar adicionalmente que la verdadera temperancia exige la eliminación de todas las drogas narcóticas, de hábitos irregulares y pobres en el comer, del uso de condimentos y todo lo que es dañino por uso o exceso de uso. En las sociedades desarrolladas se ha vuelto muy difícil encontrar agua que no esté contaminada. La situación se ha complicado además por la necesidad de agregarle químicos a casi todos los suministros urbanos de agua. Cuando sea posible, el agua destilada, de lluvia o de fuente natural debería ser usada. Obviamente, el estilo de vida rural se presta a sí mismo con más facilidad al abundante suministro de este tipo de agua. Además, al tratar con la salud física, no se debe pasar por alto el uso del agua como un remedio.
Las propiedades curativas del cuerpo se aumentan cuando un baño caliente es seguido por uno frío, es-timulando de esa manera la circulación de la sangre y tonificando el sistema. El uso alternado de fo-mentos calientes y fríos es de gran valor en el tratamiento de resfriados, fiebres e inflamaciones. Un conocimiento cabal de todos los principios de la hidroterapia aumenta grandemente los usos terapéuti-cos del agua, reduciendo la necesidad del uso de drogas, las cuales en algunos casos tienen peligrosos efectos colaterales.
No se sugiere que el pueblo de Dios asuma una actitud fanática respecto al uso de medicamentos. De-bido a nuestro mal uso de los principios del sano vivir, con frecuencia se ha vuelto necesario usar ciertos medicamentos. Por ejemplo, cualquiera que ha visto pacientes con severas fallas cardíacas reconocerá que ninguna forma de hidroterapia cambiará la condición del paciente. Dichos pacientes en muchos casos solo disponen de unos minutos de vida a menos que sean auxiliados por apropiados medi-camentos intravenosos. Ver a un paciente arrebatado de una muerte segura por el uso por emergencia de digitalis, un diurético, un dilatador del tubo bronquial, e inclusive en algunos casos pequeñas dosis de morfina, constituye uno de los deberes más satisfactorios de un médico.
Pero aún en tales situaciones, sencillas medidas físicas son usadas por el médico inteligente para com-plementar el trabajo de los poderosos medicamentos. La cabecera de la cama es elevada para ayudar a la respiración. Con frecuencia se aplican torniquetes a las extremidades con el fin de restringir el flujo de sangre hacia el corazón y así reducir su trabajo y ayudarle a suministrarle sangre a los órganos internos vitales.
Algunos creen que las drogas no deberían ser usadas bajo ninguna circunstancia. Es bastante acertado poner cuidado a serias advertencias respecto al uso de drogas. Pero no es un buen principio de salud impedir el uso de drogas cuando la vida del paciente está en juego. Muchas intervenciones que salvan la vida son hechas por cirujanos. ¿Pero alguien puede sugerir que estos hombres realicen sus operaciones sin el uso de anestesia? Por supuesto que no; sin embargo, los agentes anestésicos están entre las drogas más potentes usadas por los médicos.
En ninguna enfermedad se usó más tratamiento físico, durante la primera mitad del siglo veinte, que para la tuberculosis, sin embargo, las tumbas de aquellos que sucumbieron a esta terrible enfermedad fueron muchas. Los sanatorios proliferaban. Tenemos que reconocer que no fue sino hasta el descubri-miento en la década de 1940 de la estreptomicina y otras drogas, que la tasa de mortalidad por esta en-fermedad cayó a unos bajos niveles y sanatorio tras sanatorio se cerraron.
Un ambiente rural cuidadosamente escogido es también la mayor garantía de aire fresco. Con frecuencia un ambiente elevado es necesario para estar por encima de la zona del smog. No se puede exagerar el valor del aire fresco. La vitalidad nuestra depende en sumo grado de la oxigenación de la sangre. El aire no contaminado permite la máxima transferencia de oxígeno a los tejidos de las células del cuerpo. Si una gran cantidad de contaminantes es constantemente respirado dentro de los pulmones, venenos tales como el monóxido de carbono llegan a unirse con la hemoglobina de los corpúsculos rojos de la sangre, reduciendo de esa manera la cantidad de oxígeno transmitido a las células. Se debería planear diariamente una respiración especial de aire fresco. Este consumo puede ser logrado por respiración profunda regular y un ejercicio vigoroso.
La frecuente exposición de la piel a la luz solar también tiene una influencia protectora contra la en-fermedad. Los rayos ultravioletas de la luz solar son un medio muy efectivo para destruir bacterias. En un clima cálido esta protección puede lograrse mediante baños de sol periódicos. En esos lugares donde durante largos periodos de cada año hay climas fríos, resultados terapéuticos similares pueden lograrse mediante el uso de lámparas solares. La luz solar también convierte efectivamente el dehidrocolesterol-7 en la piel a vitamina D.
Existen algunas evidencias que el riesgo de cáncer de piel causado por la luz solar puede reducirse cuando la exposición al sol es combinada con una dieta natural, especialmente una dieta baja en grasas donde las grasas son obtenidas en su estado natural de los granos integrales, nueces y otros productos vegetales.
Sin embargo, la sabiduría dictamina que el excesivo baño de sol o de lámparas solares debería evitarse. Unos pocos minutos cada día de exposición a los rayos ultravioletas es suficiente para matar bacterias nocivas. Esta exposición, asociada con los cuartos completamente asoleados, logra las ventajas de la luz solar sin una exagerada exposición que puede ser dañina.
Después de la dieta, el ejercicio tiene quizás la más profunda influencia sobre la salud física. El ejercicio periódico al aire fresco es importante tanto para la salud física como mental. La inactividad por otra parte resulta en debilidad física y la predisposición hacia la enfermedad y enfermedad mental. El mejor y más provechoso ejercicio es el que es coherente, moderado y de suficiente duración para aumentar las frecuencias cardíacas y respiratorias significativamente durante un razonable periodo de tiempo. Indis-cutiblemente, los ejercicios de naturaleza no competitiva logran los mejores resultados. La educación de los jóvenes en deportes competitivos es de menor valor que aquella que no tiene base competitiva. Los deportes competitivos son en gran medida un residuo de la mentalidad esclava de los antiguos Griegos, donde toda la actividad manual útil era realizada por esclavos y se consideraba por debajo de la dignidad de un hombre libre, de manera que los deportes fueron creados como un medio de ejercicio físico para los hijos de los hombres libres. La provisión de Dios para el hombre empleaba labores útiles. En el Huerto del Edén, las necesidades físicas del hombre fueron suplidas por trabajo en la huerta.
“Tomó, pues, Dios el Señor al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo guarda-ra”. Génesis 2:15.
Los hijos de los profetas en Israel también estaban comprometidos en forma regular con labores útiles:
“Mientras uno derribaba un árbol, el hacha se le cayó al agua. Y dio voces, diciendo: “¡Ah, señor mío, que era prestada!”. 2 Reyes 6:5.
Era práctica común entre los Judíos que todo niño, sin importar cual fuera su futura ocupación, fuera enseñado en una actividad física y manual. De manera que no era inusual que a Cristo se le enseñara la carpintería, y Pablo fuera educado como un fabricante de tiendas.
“¿No es éste el carpintero, hijo de María, y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No están tam-bién aquí sus hermanas con nosotros?” Y se escandalizaban de él”. Marcos 6:3.
“Después de esto, Pablo partió de Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, na-tural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su esposa; porque Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Y Pablo fue a verlos. Y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de tiendas”. Hechos 18:1-3.
Los deportes competitivos, aunque proveen ejercicio físico, también tienen muchos aspectos nocivos. La competencia es nacida del conflicto, y en vez de estimular la positiva virtud de la cooperación, estos deportes estimulan la contienda. Además, la competencia ordinariamente está asociada con la lucha por la supremacía sobre otra persona o equipo. El fracaso de uno es necesario para el éxito del otro—un principio contrario al reino de Cristo. La competencia también tiende a agregarle tensión al ejercicio, y se sabe que esta tensión tiene severas consecuencias físicas cuando se sigue por un extensivo periodo de tiempo. También existe la tendencia a llevar las actividades competitivas a excesos, lo que a menudo resulta en heridas físicas. Esta posibilidad es muy acentuada cuando el deporte es de una naturaleza combativa como en el fútbol, boxeo, y lucha libre. Finalmente, los deportes de competencia raramente proveen la base para un hábito de ejercicio de por vida y con frecuencia son descontinuados, con poco reemplazo excepto deportes de espectáculo, una vez haya pasado la juventud.
Las actividades no competitivas tales como una caminata ligera, excursionismo, ciclismo no competiti-vo, correr, y nadar ofrecen una base más equilibrada para el desarrollo de la salud física. Por buenos que estos sean, quizás el ejercicio físico más productivo es la labor útil. Si la labor requiere de actividad vigorosa tales como la jardinería y la construcción, la mayor parte del ejercicio requerido para la salud se obtendrá con resultados provechosos y ahorro económico. El trabajo a la luz del sol y aire fresco puede tener una excelente influencia terapéutica para aquellos que se involucran en ello periódicamente.
Una saludable actividad física también tiene otros beneficios físicos; por ejemplo, Salomón declara:
“Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho o poco. Pero al rico, su riqueza no lo deja dormir”. Eclesiastés 5:12.
De manera que probablemente hay más que un significado nominal en el desafío de Salomón cuando dice “Observa a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio”. Proverbio 6:6.
La periodicidad y solidez del descanso son en sí mismos importantes para la salud física y mental, y también un barómetro de la alegría emocional. Dormir tarde y a horas irregulares altera el equilibrio del cuerpo, colocándole estrés y tensión al igual que sobre la mente. Cristo reconoció la necesidad del des-canso cuando animó a sus discípulos a relajarse después de un pesado programa: “Y él les dijo: ‘Venid aparte, a un lugar tranquilo, y descansad un poco’. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni para comer tenían tiempo”. Marcos 6:31.
También hay un maravilloso descanso de los cuidados diarios cuando la vida de uno está plenamente sometida a Cristo.
Él ha prometido darle descanso a todo aquel que acude a él: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.
Hay un número de aspectos que deben ser considerados por los cristianos—el descanso que produce el sometimiento a los requerimientos de Cristo, el descanso nocturno del sueño, el descanso semanal del sábado y el descanso que proviene por un cambio de ocupación y ritmo durante una vacación. Todos desempeñan un papel significativo.
El descanso que Cristo provee es revitalizador, tanto física como emocionalmente. Quizás la mayor base para un verdadero descanso es la que resulta del conocimiento de que todos nuestros pecados son perdonados y que estamos seguros en Jesús. La regularidad del sueño nocturno también es de gran im-portancia. Los estudios indican que acostarse relativamente temprano es mejor combinado con una le-vantada temprano por la mañana. Es verdad que algunos sienten que se desempeñan mejor por la noche que a temprana hora de la mañana, pero la perseverancia habituará el cambio a hábitos de dormir más provechosos, así como se logra en una semana o dos cuando ocurren los desequilibrios como resultado de rápidos cambios de horario por largos viajes en avión. También hay evidencia que siete a ocho horas de sueño por noche es lo más ventajoso.
Significativamente, más o menos tiempo que esto tiende a estar asociado con una reducida expectativa de vida.
Dios también ha provisto para el hombre un día de descanso semanal, un día que le permite romper la rutina del trabajo semanal para involucrarse en forma más directa en el estudio de su palabra y en fra-ternidad con otros cristianos. Este día fue dado al hombre en la creación.
“Y acabó Dios en el séptimo día la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de todo lo que había hecho en la creación. Y Dios bendijo al séptimo día, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. Génesis 2:2-3.
A su pueblo Israel, Dios ordenó que la preparación física debería realizarse para el sábado de manera que solo se realizara trabajo esencial en ese día: “Moisés respondió: ‘Esto es lo que ha dicho el Señor. Mañana es el santo sábado, el reposo consagrado al Eterno. Lo que tengáis que cocer, cocedlo hoy; y hervid lo que tengáis que hervir; y guardadlo para mañana’”. Éxodo 16:23.
El hecho de que muchos cristianos no observan el santo día de Dios como día de reposo y siguen com-pleta o parcialmente en una rutina cotidiana, debe contribuir a los muchos males de la sociedad. Es un área que ningún cristiano sincero puede ignorar. Jesús mismo dijo que el sábado fue hecho para benefi-ciar al hombre.
“También les dijo: ‘El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado’”. Marcos 2:27.
El descanso y rejuvenecimiento que resultan de las vacaciones anuales deberían también ser claramente evaluados.
Actividades diversas de la ocupación normal de uno son más apropiadas para obtener resultados ópti-mos de dichas vacaciones. El uso de las vacaciones para trabajar alrededor de la casa raramente brinda una recompensa como cuando la vacación es tomada en una ubicación diferente, aunque si uno es un trabajador sedentario, tal plan puede tener algún valor.
Sin embargo, si hay niños en la familia, las vacaciones deberían ser muy bien consideradas. Una vaca-ción especialmente en las bellezas de la naturaleza, con frecuencia puede lograrse a un costo mínimo. Usualmente es más benéfico si la vacación puede tomarse por un extenso periodo de tiempo. Tomar las vacaciones un día a la vez raramente tiene los efectos rejuvenecedores de una vacación por al menos en un periodo de dos semanas. Todo el propósito del descanso es preparar mejor el recipiente para las ta-reas rutinarias de la vida. Con frecuencia los nervios agotados y el cansancio pueden ser eliminados de manera que se puedan enfrentar a las tareas de la vida con mayor fuerza y alegría.
El octavo principio físico—confianza en Dios—ha sido discutido extensamente en otra parte. Consti-tuye el principio unificador fundamental de toda la salud física y mental y provee la motivación, por una preocupación altruista, para cumplir todos los otros siete principios. La intemperancia de toda clase es nacida del egoísmo y resulta en estrés, impaciencia, contienda, depresión, y actos de pasión. Además, la intemperancia reduce la tasa de recuperación de enfermedad y en algunos casos pone en peligro total las perspectivas de recuperación. La salud y felicidad son resultados coherentes de vivir tem-perantemente. Cada uno de estos principios de salud está establecido sobre la ley que la vida sencilla fortalece el poder físico y mental. Cada uno está también establecido sobre los principios de un estilo de vida equilibrado permitiendo que los poderes benéficos del cuerpo, mente y espíritu del hombre comple-menten el funcionamiento del otro. Es en este sentido que el crecimiento mental y espiritual son dependientes hasta un grado significativo sobre el desarrollo y conservación de la mejor salud física. Aquello que debilita al cuerpo coloca considerable tensión sobre todos los demás recursos humanos.
De igual manera una cuidadosa atención a los principios de la salud física es de gran beneficio para la salud mental y la estabilización de un bien armonizado estilo de vida.
La confianza en Dios resulta en el desarrollo de una segura relación emocional. David reconoció esta verdad cuando dijo: “¡Feliz el hombre que pone en el Señor su confianza, y no mira a los soberbios, ni se desvía tras la mentira!”. Salmo 40:4.
“Es mejor esperar en el Señor, que esperar en hombre”. Salmo 118:8.
Gran estabilidad social se experimentaría si los desajustados de la sociedad pudieran encontrar esa paz interior que puede lograrse solo mediante la confianza en Cristo.

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