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La Salud Mental y las Drogas Legales.-

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La Salud Mental y las Drogas Legales.-

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 1:08 am

La Salud Mental y las Drogas Legales.-

El alcohol causa más homicidios, más crímenes de violencia, más separaciones matrimoniales, más crisis mentales y más accidentes de tráfico que la heroína, morfina, cocaína, anfetaminas, marihuana y todas las demás drogas combinadas.
Sin embargo, el alcohol es una droga legal. Por otra parte, los hombres y mujeres comúnmente reciben las penas más severas por vender las otras drogas mencionadas. Algunos países ejecutan a los expende-dores de heroína a la vez que venden alcohol a sus ciudadanos.
Imaginémonos, hipotéticamente, qué hubiera pasado si el alcohol hubiera sido descubierto por primera vez en los años 1980. Primero sería probado en estudios con animales. Los investigadores habrían des-cubierto que los procesos de aprendizaje se retardan, la coordinación se deteriora, el hígado, corazón, cerebro, sistema nervioso y el tracto gastrointestinal sufren daños severos y que ocurren cambios emo-cionales. El resultado de tales conclusiones podía conducir a un solo desenlace—el alcohol sería prohi-bido en cada nación civilizada de la tierra. Uno no tiene que ser particularmente visionario para saber como la estricta Administración Americana de Alimentos y Drogas trataría a tal droga.
Lo mismo es cierto de otras drogas legalizadas, tales como la nicotina y la cafeína. Estas drogas, sin embargo, se establecieron en los patrones de vida de la población antes de que se apreciaran completa-mente sus peligros, y actualmente el poder económico y político ejercido por los fabricantes y consu-midores de estas drogas es tan grande que pocos gobiernos se atreven a tocar el problema en forma enérgica.
La triste verdad es, a pesar de las advertencias divinas concernientes a los peligros de estas drogas, ad-vertencias lanzadas con mucha anticipación antes del descubrimiento hecho por la ciencia médica, mu-chos cristianos las están consumiendo. La situación ha crecido en forma tan impositiva que al menos una publicación denominacional se ha sentido constreñida a confrontar el problema de los alcohólicos cristianos. Muchos creen que el consumo del alcohol en forma moderada es coherente con su compro-miso cristiano. Pero la experiencia ha demostrado que aquellos que han adoptado este punto de vista han sido débiles espiritualmente y por lo general han perdido la senda. Además, perdieron la paz men-tal.
Hace casi cuarenta y cinco años atrás uno de los autores de este libro y su esposa fueron invitados a una velada social en la casa de otro miembro de iglesia. Para nuestra sorpresa encontramos a otros miembros de la iglesia, un anciano de iglesia y dos enfermeras estudiantes de nuestro propio hospital consumiendo alcohol. De hecho, fuimos los únicos que nos abstuvimos de tomar. En total unos veinte miembros de la iglesia estaban involucrados. En la actualidad ni uno solo de los presentes en aquella reunión permanece fiel al Señor. En la mayoría de los casos sus vidas han sido un completo fracaso, con decepciones profesionales e infidelidad matrimonial. En aquella ocasión nadie se emborrachó. Todos se sintieron seguros en su “moderación”.
Los peligros por el uso del alcohol en forma “moderada” son enormes. Como veneno del tejido, aun pequeñas cantidades realizan su daño. Pero es sobre nuestra vida espiritual que el alcohol realiza su mayor daño. El alcohol es un sedante que inicialmente causa depresión a los altos centros del cerebro, impidiéndonos tener control de aquellas áreas del cerebro que controlan nuestra respuesta al Espíritu Santo. Para ser un fiel seguidor de nuestro Señor Jesucristo se requiere vigilancia moral, y aun pequeñas cantidades de alcohol reducen esta salvaguarda.
Leemos de una sola ocasión en que a Cristo se le ofreció alcohol. Esto fue en su hora extrema, sin em-bargo no se atrevió a consumir la droga, porque Cristo requería total claridad de percepción espiritual con el fin de salvarnos de nuestros pecados.
“Y le dieron a beber vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó”. Marcos 15:23.
Ningún verdadero cristiano puede debilitar su resolución a seguir a su Salvador participando de aquello que puede dominar su conciencia.
Otro peligro del consumo “moderado” del alcohol es que algunas personas son propensas al alcoholis-mo. No hay forma para determinar quienes están predispuestas. Invariablemente el alcohólico comienza como un bebedor “moderado”. Solo aquellos que se abstienen del alcohol están asegurados de evitar dicha tragedia. Y aun si nosotros mismos no nos volvemos alcohólicos, sería un asunto muy descora-zonador, si por nuestra permisividad al consumo del alcohol, les damos un ejemplo a nuestros hijos que los conduzcan a tan trágica condición.
Muchos cristianos discuten incansablemente acerca de si las Escrituras condenan el consumo moderado de alcohol. Lo que es verdad es que la Biblia frecuentemente advierte de los peligros de las bebidas fuertes y también advierte al pueblo escogido de Dios a evitarlas. Unos pocos ejemplos representativos están esbozados abajo: “El vino es burlador, y el licor alborotador; el que por ellos se desvía, no es sa-bio”. Proverbios 20:1.
“No es de reyes, oh Lemuel, no es de reyes beber vino, ni de los príncipes las bebidas fuertes; no sea que bebiendo olviden la Ley, y desatiendan el derecho de los afligidos”. Proverbios 31:4-5.
“Mira, pues, que no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas cosa impura... Me dijo: ‘Concebirás y tendrás un hijo. Por tanto, desde ahora no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas nada impuro. Porque este niño será nazareo desde su nacimiento hasta el día de su muerte”’. Jueces 13:4,7.
“Siendo que al obispo se le confía la obra de Dios, debe ser irreprensible; no soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni heridor, ni codicioso de ganancias deshonestas”. Tito 1:7.
“Porque él será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre”. Lucas 1:15.
“Pero vosotros disteis de beber vino a los nazareos, y a los profetas les mandasteis: ‘No profeticéis’”. Amós 2:12.
Oseas con precisión estableció el punto crucial del problema con el alcohol cuando aseveró: “Fornica-ción, vino y mosto quitan el entendimiento”. Oseas 4:11.
Esta percepción fue ampliada por el rey Salomón y el profeta Isaías: “¿Para quién es el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas de balde? ¿Para quién los ojos amoratados? Para los que se detienen en el vino, para los que buscan la mistura. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso. Entra suavemente, pero al fin morderá como serpiente, y como víbora dará dolor”. Proverbio 23:29-32.
“Pero también éstos erraron con el vino, y se entontecieron con la bebida fuerte. El sacerdote y el pro-feta erraron con la bebida fuerte, fueron trastornados por el vino, se aturdieron con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio”. Isaías 28:7.
El consejo de Isaías es muy pertinente. Como cristianos cada uno es un sacerdote. Los protestantes están correctamente confirmados en el concepto del sacerdocio de todos los creyentes, sin embargo, muchos evitan esta sabia reflexión sobre los efectos del alcohol en los sacerdotes. Nuestro llamado co-mo hijos de Dios es demasiado alto para rechazar las implicaciones obvias de este pasaje de inspiración.
Algunos cristianos alegan que la Biblia en ninguna parte condena específicamente el consumo modera-do del alcohol, y usan este argumento como fundamento para su consumo de bebidas embriagantes. Uno podría usar un argumento similar para el consumo de heroína, la practica del juego de azar y la complacencia de la poligamia. La lista de pecados que podría ser practicada si usáramos ese razona-miento bíblico es en realidad bien larga.
Una visita a una atareada sala de emergencias un viernes o sábado de noche convencería a cualquier lector del efecto desproporcionado del alcohol sobre las muertes en carreteras.
Al entrar caso tras caso en ambulancia, muy pronto el hedor de alcohol rancio permea todo el departa-mento como una espesa nube. En el Hospital Austin de Melbourne se descubrió que aproximadamente el veinte por ciento de los pacientes internados estaban allí como resultado directo del alcohol. Escasa-mente podemos imaginar el costo de esta droga para la comunidad en términos de dinero y pérdida de producción. Adicionalmente, el problema mayor es el descorazonamiento humano.
Además, muchos padres se sorprenden y confunden cuando sus hijos se vuelven adictos a las drogas “fuertes”. Ellos les han dado el ejemplo a esos hijos lo cual los ha conducido al uso de narcóticos. Los padres de un hombre joven llegaron a ver a uno de los autores. Como cristianos, estaban emocional-mente devastados por el arresto y encarcelamiento de su hijo por el robo de una farmacia en un esfuerzo por obtener narcóticos para satisfacer su adicción. Fue en realidad una situación trágica, ya que los miembros de la familia habían vivido vidas aparentemente rectas. Sin embargo, bajo interrogatorio fue evidente que los padres habían establecido el ejemplo de uso de cafeína y posteriormente el consumo de vino con las cenas y en ocasiones sociales. Tal ejemplo había tenido claras repercusiones en la vida del hijo.
De las drogas legales, la nicotina es posiblemente la menos usada en ciertas denominaciones. No obs-tante, algunos han sucumbido en ella. De las tres drogas aquí discutidas, ninguna es más difícil de dejar que la nicotina. Excluyendo a aquellos bebedores que se han vuelto alcohólicos, la inmensa mayoría de bebedores encuentra menos difícil descontinuar el alcohol que dejar de fumar. Siendo un irritante, la nicotina tiene efectos sobre la estabilidad emocional además de sus muy bien documentadas conse-cuencias físicas. Una vez se haya establecido la adicción, la falta de un cigarrillo causa irritabilidad que puede ser aliviada solo mediante el consumo adicional de la droga. Muchos consideran que el cigarrillo calma sus nervios, pasando por alto el hecho que en realidad el cigarrillo simplemente está calmando la inestabilidad nerviosa causada por su falta.
Ningún cristiano se atreve a contaminar su cuerpo por algún químico que destruye en su interior el Espíritu de Cristo. Cuán bien usa el archí-enemigo de las almas estas drogas para atraparnos, para des-truir nuestra ecuanimidad, y para separarnos del Señor.
Probablemente la droga más usada en los hogares cristianos es la cafeína. Una vez más, es un veneno con efectos ampliamente documentados. Es en el área de la salud mental, sin embargo, que tiene algu-nas de sus consecuencias más devastadoras. En el libro de texto farmacológico standard originalmente editado por Goodman y Gilman, más de once páginas de letra muy pequeña, a doble columna están de-dicadas a los serios efectos farmacológicos de esta droga. Muchos de estos efectos son sobre el cerebro y el sistema nervioso. Sin embargo, una tasa de té o café de potencia promedio contiene una dosis far-macológica completa de cafeína.
Uno de los autores fue confrontado en su oficina por una aturdida ama de casa, de veintiocho años de edad. Ella estaba en un estado especialmente agitado y exigía ser calmada mediante sedantes. Ella no podía dejar de gritar y discutir con su esposo, y estaba continuamente irritada por los niños. Ella con-fesó que amaba profundamente a su esposo e hijos, pero sabía que estaba rumbo a una ruptura matri-monial a menos que toda su personalidad fuera cambiada. Ella misma era impotente para hacer cualquier cosa para controlar sus furias y desvaríos.
Ella virtualmente exigía ayuda inmediata. En vista de su actual estado de conducta neurótica, la tarea parecía imposible. Parecía que solo una anestesia general podía prevenir su variable conducta emocional. Naturalmente era vital encontrar la causa de su problema. A pesar de mucho interrogatorio, para incomodidad de muchos pacientes que estaban esperando ser atendidos en la clínica, no se obtuvo nin-guna fuente ambiental real de su problema. Solo cuando fue específicamente cuestionada aseveró que tomaba alrededor de diez tazas de café al día. Sospechando que era posible que la paciente estuviera su-friendo de severa intoxicación por cafeína, el doctor le aconsejó dejar de consumir cafeína. Ella sintió que era imposible cumplir tal solicitud debido a los severos efectos adversos que anticipaba. Se le señaló que esta era una prueba de cuanto amaba a su familia.
La paciente salió de la clínica más bien desanimada por el consejo dado, y obviamente con poca con-fianza en su eficacia.
No fue vista durante dos meses. Cuando volvió, su semblante estaba tan cambiado que no fue posible reconocerla. Había sido transformada de una persona atormentada a una madre joven y esposa radiante. Esta transformación de personalidad no se había logrado por ningún medicamento; no había sido el re-sultado de psicoterapia; había sido simplemente el resultado de descontinuar la potente droga, cafeína.
El creciente hábito de los padres cristianos a darles bebidas cola a sus hijos los prepara además para fu-turas dificultades emocionales ya que el grano de la cola, al igual que el grano del café y la hoja del té, contienen cafeína y es un artículo peligroso. Otros, al condenar verbalmente el consumo del té, café y bebidas a base de cola, toman cantidades excesivas de preparaciones para dolor de cabeza que contie-nen cafeína. La fuente de la droga es irrelevante. Es igualmente debilitador en todas sus formas.
Como cristianos, es obligatorio que evitemos el consumo de estas drogas, porque funcionan contra la expresión de las virtudes cristianas y nos separan de Dios, y al hacer esto destruyen nuestra felicidad personal.

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