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La Dieta. -

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La Dieta. -

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 12:58 am

La Dieta.-

Previamente hemos explorado la influencia de los procesos preceptuales de nuestros sentidos sobre la salud mental. Hay, sin embargo, otras formas de influenciar el funcionamiento cerebral. El cerebro es la estructura anatómica que interviene en los procesos mentales, y es la base de los procesos neurológi-cos que estimulan el mecanismo del pensamiento de todo ser humano.
Mientras que los sentidos y el sistema nervioso periférico desempeñan un papel mayor con sus impulsos al cerebro, no se puede pasar por alto que el funcionamiento del cerebro es también afectado en gran medida por el sistema circulatorio sanguíneo. Es por lo tanto de esperarse que nuestra salud mental esté relacionado con los patrones de comer y beber que seguimos, ya que la calidad de los nutrientes en la sangre es grandemente afectada por los hábitos dietéticos. Pablo ciertamente vio esta clara relación de la dieta con nuestra vida espiritual cuando dijo: “Así, si coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31.
El apóstol Pedro, refiriéndose no solo a la dieta, sino también a la relación entre la dieta y la vida espi-ritual, dijo: “Amados, como a extranjeros y peregrinos que sois, os ruego que os abstengáis de los de-seos carnales que combaten contra el alma”. 1 Pedro 2:11.
No hay duda que Satanás frecuentemente tiene éxito en controlar las vidas por medio del apetito.
En esta era sofisticada en que vivimos, el consumo dietético humano se ha revolucionado. Gran parte de nuestra dieta está formada por alimentos refinados, y el líquido consumido tiende a ser otro diferente al agua pura dada primordialmente por Dios para satisfacer la sed del hombre. Los gobiernos actualmente están gastando millones de dólares, a través de varias agencias, en investigaciones que han puesto al descubierto el hecho de que muchos alimentos procesados comúnmente ingeridos por los humanos conllevan grandes riesgos para la salud. En vista de la interrelación entre la vida física, emocional y es-piritual del hombre, es comprensible que estos alimentos también afecten su estabilidad emocional. La alternativa más segura y mejor para vivir gira alrededor de alimentos sencillos que no estén altamente condimentados ni refinados, porque hay una estrecha relación entre la sencillez de la dieta y el creci-miento y desarrollo humano.
Dietas libres de azucares refinados, grasas, aceites y especies hacen mucho para revertir las enfermeda-des degenerativas tales como la enfermedad cardiovascular, cerebro-vascular, diabetes, artritis y obesi-dad. Mucha evidencia indica que una dieta rica en carbohidratos complejos, en fibra, y relativamente baja en grasas y proteínas es la más apropiada para las necesidades humanas. Dicha dieta no tendría más de 20% de grasa no refinada y 20% de proteína no refinada y no menos de 60% de carbohidratos complejos. Esta dieta, sencilla pero bien preparada, no solo conduce a una buena salud, sino que tam-bién es comparativamente económica.
El uso de grasas refinadas, tanto saturadas como insaturadas, es defendida cada vez menos. Las grasas que se encuentran en forma natural en las nueces y los granos son superiores a las concentradas. Este principio es también verídico para los carbohidratos refinados y concentrados proteínicos. Hasta hace más o menos un siglo, la mayoría de la gente tuvo poca dificultad para vivir una vida que incluía una dieta sencilla y a menudo relativamente saludable. Pero actualmente, especialmente para el citadino, dicha dieta tiene que ser cuidadosamente planeada y completamente entendida. Es significativo notar que Dios escogió un ambiente sencillo, un hermoso huerto, donde el hombre habría de hacer su primer hogar.
“Entonces Dios el Señor modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente. Dios el Señor había plantado un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado... Tomó, pues, Dios el Señor al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo guardara”. Génesis 2:7-8,15.
Es de notar que las ciudades tuvieron su origen con el primer homicida, Caín.
“Y Caín conoció a su esposa que concibió y tuvo a Enoc. Y Caín edificó una ciudad y la llamó Enoc, el nombre de su hijo”. Génesis 4:17.
La dieta sencilla sigue siendo la mejor para la salud del hombre. Especialmente hoy en día cuando el cáncer, la tuberculosis, y otras enfermedades son más evidentes en la carne de los animales, de nuevo se pueden obtener grandes beneficios de una dieta vegetariana. Adicionalmente, la visita constante a restaurantes y cafeterías hace más difícil seleccionar la clase de dieta más apropiada para preservar la salud mental, emocional y física. Es en el hogar donde la dieta puede ser monitoreada con más éxito.
Mucha de la dieta errada puede trazarse al ego-centrismo.
Comer en exceso, y consumir la clase equivocada de alimentos, tiene su fundamento en una gratifica-ción propia incontrolada que obra contra la salud espiritual y emocional. Se puede notar que el infante tiene gran preocupación con la satisfacción oral.
Gran parte de su vida temprana está entrelazada con la gratificación de sus necesidades de hambre, y una de sus compulsiones básicas es colocar en la boca casi todo lo que esté a su alcance. Se requiere mucha educación para transformar la indiscriminalidad de la infancia en patrones equilibrados y selec-tivos de sólidos principios dietéticos. No cabe duda que una dieta pobre, elaborada alrededor de hábitos de salud impropios, puede ser un fuerte factor en la demostración de pobres características tempera-mentales. Comer en exceso tiende a desviar la sangre del cerebro y comer frecuentemente entre comidas tiene un efecto negativo sobre el ser emocional. No se debería seguir comiendo hasta que uno se sienta incómodo; tampoco se debería satisfacer el apetito entre comidas.
Hay razones muy buenas por las que se agrupa en las Escrituras al glotón con el borracho.
“Porque el bebedor y el glotón empobrecerán, y el sopor los vestirá de harapos”. Proverbios 23:21.
“Y dirán a los ancianos de la ciudad: ‘Este hijo nuestro es obstinado y rebelde, no obedece a nuestra voz. Es comilón y borracho’”. Deuteronomio 21:20.
Ambos producen cierta “intoxicación” de la mente que reduce la efectividad del juicio moral y limita nuestro crecimiento espiritual, conduciendo a un reducido crecimiento emocional. De hecho, ha habido considerable investigación involucrando la relación entre la dieta y la enfermedad mental, y algunos investigadores alegan que han sido capaces de establecer una estrecha correlación entre los patrones de dieta y la tendencia a conductas neuróticas y psicóticas.
Los cristianos tienen una gran responsabilidad de monitorear cuidadosamente los hábitos de comer y beber, regularizándolos y tomando cuidado en lo que respecta a la calidad y cantidad de alimento con-sumido. La regularidad en el comer es importante. Es casi siempre mejor si no se consume más de tres comidas al día y algunos que no están involucrados en la extenuante labor física podrían estar mucho mejor con dos comidas al día. Estas comidas deberían espaciarse al menos cinco horas, con nada más fuera de agua tomada entre las comidas. La última comida resulta mejor cuando es consumida al menos cuatro horas antes de acostarse. Es también benéfico para la digestión que no se tome líquido con la comida de manera que la digestión no quede inhibida. Sin embargo, entre comidas se debería tomar una buena cantidad de agua. La salud es adicionalmente estimulada cuando las comidas son consumidas en una forma lenta y feliz, con profunda gratitud hacia el gran Proveedor de todo nuestro sustento. La di-gestión es también ayudada por un ejercicio liviano después de comer, como una caminata ligera o un trabajo de huerto liviano. ¿No es un error moral comer o beber en una forma que desgasta nuestra forta-leza física y deja nuestras mentes menos capaces de tener discernimiento entre el bien y el mal?
Adicionalmente, la intemperancia en el comer afecta nuestras emociones, porque esas emociones de-seables de amor, ternura, amabilidad, y simpatía dependen de una mente clara y patrones de conducta sin egoísmo. Por otra parte, las emociones indeseables tales como el odio, envidia, celos y codicia sin lugar a dudas son fortalecidas por hábitos que están basados sobre la gratificación propia y complacen-cia propia.
Con frecuencia tratamos de desasociar los aspectos intelectuales de la vida de los aspectos emocionales, pero es completamente imposible hacerlo. Algunos han mirado a la religión de esta manera, sugiriendo que las emociones no debieran tomar parte en la aceptación religiosa o en su práctica.
Sin embargo, la totalidad de la experiencia humana está relacionada con nuestra vida religiosa, y nues-tras emociones están críticamente ligadas con nuestras decisiones religiosas.
Esto no es para sugerir que las respuestas mayormente emocionales no puedan ser contraproducentes, y una religión que conduce al desarrollo de una reacción frenética casi no podría considerarse como pro-duciendo una emoción santa; pero el amor y la bondad, ternura, y simpatía son emociones que en sí mismas han sido expresadas por Dios a su pueblo por medio del sacrificio de Jesucristo, y el cristia-nismo hace parte de estas emociones positivas. Tales emociones también están íntimamente conectadas con una sólida salud mental.
Por otra parte, los cristianos deben procurar evitar la desnutrición. Algunos van a los extremos, haciendo de varios aspectos de la dieta la base característica de su fe. No podemos imaginarnos a Adán y Eva como flacos y demacrados más de lo que los podemos ver como obesos. “Mucha evidencia existe ahora sobre los peligros a la longevidad por estar bajos de peso”. Por supuesto se reconoce que algunas per-sonas tienen genéticamente, una predisposición a figuras delgadas así como otros tienen tendencias genéticas hacia la obesidad.
Sin embargo, las Escrituras aconsejan contra los extremos en la dieta. Si bien la nutrición excesiva y la desnutrición no siempre se reflejan en nuestro físico, los principios del control dietético sí se aplican a todos.
Actualmente el problema de las drogas narcóticas ha escalado a proporciones exorbitantes. La investi-gación está repleta con evidencia de los efectos nocivos del tabaco, el alcohol y otras drogas sobre el desarrollo y estabilidad emocional y físico de la persona. Se desarrolla una dependencia que puede faci-litar incapacidades neuróticas en vez de solucionar la causa del nerviosismo y tensión. De hecho, al usar cualquier estimulante fallamos en llegar al fondo de la causa de los problemas físicos, y se desarrolla una situación de dependencia, que conduce a un deterioro continuo y dependencia creciente sobre los estimulantes y drogas. Además, el uso de cualquier narcótico fortalece la complacencia egoísta y consecuentemente debilita la voluntad.
Aun el uso continuo de preparaciones para el dolor de cabeza puede producir serias dependencias físi-cas y emocionales, que en sí mismas obran contra el poder del Espíritu Santo y la búsqueda de calma y tranquilidad en la vida. No obstante, tristemente, son muchos los que preferirían los resultados inevita-bles de una dieta pobre en vez de someterse a la auto-disciplina.
La iglesia cristiana al igual que la sociedad en general se enfrenta ahora a un serio problema en el uso de drogas de varios tipos. Las mentes y los cuerpos de los niños y jóvenes se están destruyendo, fre-cuentemente por la atracción de lo desconocido, lo misterioso y prohibido. Esta atracción es acentuada por la presión de los grupos de colegas, lo cual con frecuencia es facilitado por muestras gratis de dro-gas por parte de expertos traficantes. No hay ninguna seguridad completa que algún niño no experi-mentará con drogas y en consecuencia ser atraído a la tragedia de la adicción. Los padres no deben hacerse los de la vista gorda a las posibilidades aun con sus propios hijos. Sin embargo, si la comuni-cación abierta ha sido establecida, y el niño ha aprendido a amar y disfrutar un sencillo estilo de vida, habrá menos probabilidad de que demuestre un interés en la escena de las drogas. Pero quizás la mayor salvaguarda contra ceder a esta tentación es el desarrollo previo de una base firme sobre la cual tomar esas decisiones que le permitirá a un niño permanecer firme aun frente al rechazo o escarnio. Las diser-taciones frecuentes sobre el peligro de las drogas hace poco para apartar a los jóvenes de éstas, y puede inclusive aumentar el uso de ellas.
No cabe duda que en el complejo y confuso siglo en que vivimos, hay la necesidad por una escogencia activa de estilos de vida y prácticas que tienen como su fundamento la sencillez y naturalidad, facili-tando el desarrollo de vidas fuertes física, emocional y espiritualmente. Este ideal no se desarrolla por casualidad, sino que resulta de esfuerzos cuidadosos y deliberados para estructurar el estilo de vida de uno coherentemente con las mejores prácticas de la salud física.
Malos hábitos en el comer y beber colocan el fundamento para patrones deficientes de pensar y actuar. Quizás ningún otro factor es de mayor importancia física, emocional, intelectual y espiritual para nuestra salud que los hábitos de comer y beber.

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