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Terapia Cristiana

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Terapia Cristiana

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 12:38 am

Terapia Cristiana

Se han postulado muchas teorías respecto a los principios fundamentales de una sana salud mental. El comentario de Pablo a Timoteo es ciertamente relevante. Él declara que Dios nos ha dado poder, amor y una mente sana.
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y de dominio propio”. 2 Timoteo 1:7.
Sin embargo, algunas traducciones (ejemplo, T.E.V.) usan el término dominio propio en vez de “una mente sana”. Estas dos expresiones, ejemplo de una mente sana y dominio propio, están estrechamente interrelacionadas, porque la base de una mente sana es el dominio propio. La enfermedad mental está en aumento. La disolución del hogar también va en aumento, así como los problemas de los niños y adolescentes. Pero Dios está dispuesto a ayudar a los hombres y mujeres a encontrar la solución a los problemas de la crisis mental. Estos hombres y mujeres serán los que se apropian de su promesa de una mente sana, quienes estarán seguros en Dios, sabiendo que él hará en ellos la obra de regeneración es-piritual y emocional completa.
Esta creencia encierra que la Palabra de Dios al hombre tiene todos los principios y pautas para su salud mental.
Esta promesa se vuelve muy controversial en un mundo donde la Biblia es frecuentemente puesta a un lado como fuente para el descubrimiento de los principios de salud mental al igual que principios cura-tivos para la enfermedad mental. De hecho, muchos psicólogos y psiquiatras sostienen que uno de los grandes problemas enfrentados por hombres y mujeres es el problema de un estilo de vida espurio de-bido a su vinculación religiosa. Con frecuencia se intenta subestimar la fe y la confianza en la Palabra de Dios y la búsqueda de un estilo de vida semejante al de Cristo, alegando que estas virtudes son la causa de enfermedad mental. Muchos sostienen que la causa más frecuente de crisis mental es el efecto inhibitorio de la religión. ¿Pero esta relación religiosa con respecto a la enfermedad mental resulta de un verdadero cristianismo? Las Escrituras están repletas con seguridad de paz para la persona auténti-camente convertida.
“‘El Señor te mire con amor, y te dé paz’”. Números 6:26.
“El Señor da poder a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con paz”. Salmo 29:11.
“Y el resultado de la justicia será paz; y el efecto de la rectitud, reposo y seguridad para siempre”. Isaías 32:17.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero tened buen ánimo, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33.
Es verdad que aquel que está luchando en el campo de la indecisión entre un estilo de vida contrario a Dios y los desafíos de Cristo en su vida puede sufrir de crisis mental, y ciertamente estará en un estado de terrible conflicto. Solo cuando un compromiso firme, completo y diario, es hecho a Jesucristo po-demos nosotros tener la seguridad prometida en la Palabra de Dios. De ahí los efectos negativos de frustración resultan de la batalla por el dominio de la vida, y frecuentemente producen una crisis emo-cional continúa, los cuales con frecuencia se consideran erróneamente como el resultado de un com-promiso cristiano. En realidad son el resultado evidente de compromisos aun sin hacer. Aquellos que irrevocablemente se han apartado de Dios a menudo exhibirán menos conflicto que aquel que, aunque todavía abierto a los reclamos de Cristo sobre su vida, aun no está preparado para entregar su voluntad completamente a Cristo. Por tanto el consejero cristiano centrará sus esfuerzos no tanto sobre la con-ducta desordenada de la persona que busca consejo sino sobre cómo puede someter su vida a Cristo. Es cierto que hasta que este sometimiento se logre la persona no tendrá una vida realizada, y será atormen-tada por inseguridad emocional.
La Palabra de Dios no es hecha el centro de la vida y experiencia como una vez lo era. El estudio de la Palabra de Dios está perdiendo su poder porque los seres humanos están negándolo.
Es mucho más probable que haya una profesión de cristianismo sin un compromiso profundo. Los pro-gramas de trabajo, la sociedad y los clubes, la recreación, la televisión, y la lectura todos tienden a eli-minar la fuente de la verdadera salud mental la cual es un espíritu lleno de estudio y oración de la Pala-bra de Dios.
Uno de los más graves problemas ha sido el hecho que aun los psicólogos, psiquiatras, y consejeros que profesan ser cristianos, frecuentemente han seguido precisamente el mismo tipo de programa que ha si-do usado por los profesionales no cristianos. Ahora parece razonable creer que los mejores programas establecidos por el hombre siempre quedarán cortos de lo que Dios puede proveer para sus hijos.
Uno de los programas usados más comúnmente en la salud mental comunitaria involucra a toda la fa-milia en terapia. Este procedimiento es loable en sí mismo, pero es la forma en que la familia a menudo está asociada entre sí lo que causa problemas.
Por ejemplo, si un esposo está exhibiendo fuerte desequilibrio mental, es usual invitar a la esposa y quizás otros miembros de su familia, particularmente hijos mayores, en un esfuerzo por hacer algo para ayudar al paciente perturbado. A menudo esta terapia está construida alrededor de los principios de, L. A. W. (siglas en inglés) (Amor, Seguridad, Valía). Se sugiere que en vista de que la persona probable-mente haya tenido demostraciones inadecuadas de amor en su hogar, ha crecido sin amor, auténtica aceptación, y sentimientos de estima propia.
El programa está diseñado para reestablecer el amor y así aumentar su percepción de aceptación y au-toestima. Ahora, estos tres atributos son importantes para cada uno de nosotros. El amor tiene un pa-pel vital que desempeñar en el comportamiento humano. Tanto la aceptación como el sentido de valor personal son críticos para un desempeño humano adecuado. Sin embargo, es usual en estos programas invitar a la familia, y quizás amigos cercanos, para descubrir maneras en que pueden ayudar a la persona perturbada a darse cuenta que es amada y está siendo aceptada y que sus esfuerzos son de valor. Por lo tanto, el paciente se vuelve el centro de atención y enfoque en este tratamiento. Pronto se vuelve obvio, sin embargo, que los familiares son los últimos en admitir que otro miembro de su familia tiene una enfermedad mental. De manera que mucho antes que el paciente haya sido traído para consejería, la familia usualmente ha hecho gran esfuerzo para aplacar la conducta desadaptada del miembro per-turbado. De manera que antes que el paciente sea llevado, estimulado, persuadido, u obligado a ver al consejero, ha habido todo un historial de intentos para cubrir sus prácticas desequilibradas.
Cuando una familia trata de desarrollar la autoestima de una persona, éste se vuelve el centro de todo lo que está ocurriendo en el hogar. Y en vez de ayudarle a cambiar su comportamiento anormal, esta aten-ción tiende a reforzarlo. Estas personas casi sin excepción desde mucho atrás han desarrollado una in-seguridad construida alrededor de una baja auto-evaluación.
Es verdad que el ambiente de hogar con carencias afectivas probablemente haya contribuido a las fala-cias de la edad madura.
Sin embargo, el problema no es tanto la falta de amor, aunque este haya sido el problema inicial. El problema central es que debido a que las personas son básicamente mimos, y el hogar no proveyó de-mostraciones de amor, él no aprendió a amar.
Por lo tanto, en vez de extenderse hacia otros, él ha desarrollado un deseo insaciable a ser amado. To-dos los esfuerzos de hombres y mujeres, de amigos y familia, no le ayudarán a obtener seguridad.
Lo que él realmente necesita por encima de todo lo demás es cómo aprender a extenderse hacia otros; cómo desarrollar aceptación y autoestima centrando su atención sobre otros en vez de sobre sí mismo. Por tanto, la participación de la familia es vital, no haciendo del paciente el centro de atención, sino ayudándole a invertir sus inquietudes egocéntricas y conducta, extendiéndose hacia la familia y las amistades.
No hay nada más efectivo para destruir el amor egoísta, y por tanto el peligro de una auto-imagen frágil, que el amor por otros. Sin embargo, el papel del ambiente hogareño es de suma importancia para brindarles a los niños la máxima oportunidad de desarrollar un espíritu altruista para bien de otros. El tiempo que los padres pasan con sus hijos, demostrándoles un cuidado amoroso y enseñándoles cómo compartir y preocuparse por otros es tal vez el tiempo más valioso pasado en compañía de ellos. Este ejemplo de amorosa preocupación milita contra la búsqueda personal que es inherente dentro de la vida de cada ser humano. Hay una necesidad imperiosa de educar a los niños a mirar más allá de sí mismos para encontrar verdadera felicidad y alegría. Pero también es importante para los padres respetar a sus hijos, ayudándoles por lo tanto a desarrollar auto-respeto. A los niños también se les debería enseñar respeto por otros, ya que todo el amor cristiano está basado sobre dicho respeto. Al desarrollarse el niño debe ser guiado a comprender que la laboriosidad y el poder sostenerse a sí mismo también son claves para el auto-respeto.
Debido a que el yo es la raíz de todo pecado, y como el pecado inevitablemente conduce a sentimientos de culpa, es tan solo de esperar que la persona insegura con una baja autoestima sufrirá severamente de sentimientos de autoincriminación.
Debido a su propia inseguridad le resulta difícil perdonar y olvidar los excesos de otros en su contra, y por lo tanto tiende a abrigar sentimientos que a su vez, de manera circular, militan contra su auto-imagen. Por lo tanto, debido a la dificultad que tiene para perdonar a otros, le resulta difícil creer que Dios puede y le perdonará a él. Por esta razón frecuentemente sufre del temor de que ha cometido el pecado imperdonable.
Desafortunadamente, muchos de nosotros hemos aceptado una comprensión equivocada de la culpabi-lidad. Demasiado a menudo la culpabilidad ha sido limitada en nuestro pensamiento a la incapacidad de hombres y mujeres que resulta en vidas emocionalmente destruidas. El sentimiento de culpa no tiene un lugar apropiado y de importancia en la vida de cada ser humano. No debe ser ignorado. Demasiado a menudo hemos tratado de camuflar el sentimiento de culpa discutiendo acercamientos no inhibitorios. Esta estrategia en realidad ha suprimido nuestros sentimientos de culpa, lo que a su vez conduce a ma-yores problemas psicológicos.
La vida del cristiano que esté establecida sobre los principios altruistas de Jesucristo; quien en completo arrepentimiento coloca sus cargas sobre el Cargador de cargas, puede tener paz y alegría y una segu-ridad contra la crisis emocional. Así el consejero cristiano libremente reconoce que ni él ni su aconsejado tiene la respuesta a la enfermedad emocional, pero él mira a Aquel que tiene esa comprensión y le señala al aconsejado a Cristo y sus principios de seguridad humana.

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