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Conflicto y Frustración

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Conflicto y Frustración

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 12:26 am

Conflicto y Frustración

Casi no hay límite a las situaciones que pueden frustrar al hombre, y, como si no hubiera suficientes si-tuaciones reales para frustrarle, a menudo es capaz de crear situaciones imaginarias motivadas por te-mores, aprehensiones, y ansiedades, para acentuar su frustración. La frustración resulta cuando cual-quier circunstancia, real o imaginaria, presenta una barrera a nuestras esperanzas, motivaciones, ambi-ciones, la satisfacción de nuestras necesidades físicas, necesidades sociales, o deseos personales. La frustración normalmente resulta en sentimientos negativos y desagradables los cuales asumen muchas manifestaciones, dando como resultado el debilitamiento de las posibilidades humanas. Estas barreras pueden ser definidas ampliamente en tres áreas:
1. Barreras Personales. Tales barreras resultan de limitaciones físicas y personales, incluyendo impe-dimentos físicos tales como la sordera y ceguera; y barreras que resultan de ciertas limitaciones: inte-lectuales, educacionales, o medidas por nuestras habilidades.
2. Barreras Interpersonales. Estas barreras resultan de nuestras relaciones sociales o interpersonales. Tales frustraciones resultan cuando otra persona triunfa en obtener el puesto que nosotros habíamos querido, o en casarse con la dama con la que nosotros queríamos casarnos, o de pobres relaciones so-ciales ya sea en el nivel de colegas, subordinados, o superiores, o todas estas juntas.
3. Barreras Físicas. Estos factores resultan de barreras producidas ambientalmente. Por ejemplo, el granjero puede que reciba muy poca lluvia o quizás demasiada en el momento apropiado. Otras ilustra-ciones incluyen la frustración causada por una congestión de tráfico, o quizás por una tormenta de nieve cuando uno tiene urgencia de llegar a una cita.
Los experimentos han demostrado que las causas de frustración a menudo son relativas. Por ejemplo, los niños tienden a ser felices con juguetes rústicos hasta que ven los auténticos.
Los adultos de generaciones previas estaban contentos con una lámpara de mecha o una plancha que se calentaba al carbón o una buena tina de lavar y tabla para refregar la ropa o una gran caja para hielo, pero hoy en día muy pocos en la sociedad occidental estarían satisfechos con alguna de estas cosas. Es-te relativismo a menudo es determinado por la sociedad o grupo sub-social donde vivimos. El “síndro-me de mantenerse a la par con los vecinos” es una fuente de frustración real y constante para la mayoría de la gente. A menudo la presión de la frustración no resulta de barreras en alguna situación abruma-doramente aversiva, sino más bien de la acumulación de presión por pequeños y frecuentes eventos in-consecuentes. La frustración es especialmente fuerte cuando nos rendimos a la complacencia propia, desarrollando la actitud de “todo el mundo está en mi contra”. Hay una amplia gama de diferencias en-tre las habilidades humanas para manejar las situaciones de estrés y las de tensión inducida. Algunos tienen una baja tolerancia al estrés, otros tienen una alta tolerancia; pero probablemente todos los seres humanos tienen un punto de quiebre. Algunos, con una tolerancia moderada a las situaciones de estrés, pueden durante su vida desarrollar condiciones psicóticas debido al alto grado e intensidad de las situa-ciones estresantes a las que están sometidos, mientras que otros con una resistencia básica menor al estrés pueden no obstante pasar la vida sin esas incidencias psicóticas porque no han sido expuestos constantemente a severas situaciones estresantes.
A menudo se define la frustración en términos de situaciones conflictivas las cuales se dividen en dife-rentes tipos:
1. Conflictos de Acercamiento—Acercamiento. Este tipo de conflicto resulta cuando nos enfrentamos a una situación que involucra dos o más actos mutuamente excluyentes, aunque se espera que ambos resulten en consecuencias positivas. En las experiencias cotidianas de la humanidad este conflicto podría involucrar incidentes tales como, en un hermoso día de verano querer ir a nadar a la playa o al-ternativamente conducir a la frescura de las montañas, querer completar un proyecto especial cuando también se desea visitar y compartir con las amistades.
En las Escrituras vemos este Conflicto de Acercamiento-Acercamiento en la trágica experiencia del jo-ven rico. Él quería alcanzar la vida eterna, pero al mismo tiempo quería seguir amando sus riquezas. Por lo tanto la vida eterna y el amor por sus riquezas tenían valores positivos para él, y trágicamente escogió el último. Por otra parte, otros dos hombres enfrentando decisiones similares a la del joven rico, escogieron el camino de la vida eterna. Abraham escogió seguir el liderazgo y la dirección de Dios hacia una tierra que ni siquiera estaba delimitada para él. Y al hacerlo, tuvo que dejar un estilo de vida de comodidad en su casa en Ur de los Caldeos y la compañía de su familia y amistades. De igual manera, Moisés, cuando fue confrontado con la viabilidad positiva de disfrutar los placeres de Egipto durante toda su vida, escogió más bien el compañerismo de Dios y su pueblo.
Usualmente los Conflictos de Acercamiento—Acercamiento son resueltos rápidamente, sin embargo, son significativos no solo en las metas ordinarias de la vida, sino que también pueden tener consecuen-cias dramáticas y eternas. Indiscutiblemente las decisiones de Abraham y Moisés llevaron a una reali-zación que el joven rico nunca habría podido lograr.
2. Conflicto de Acercamiento—Escapatoria. Estos conflictos resultan cuando nos enfrentamos a una decisión, la cual tendrá consecuencias tanto positivas como negativas. Por lo tanto, aunque alcanzar la meta producirá los resultados deseados, también habrá resultados indeseables asociados con el mismo. Este conflicto puede ser ejemplificado fácilmente con nuestras actividades físicas. Quizás queremos el beneficio derivado de un baño frío pero al mismo tiempo queremos evitar la sensación negativa del frío. O queremos los beneficios del ejercicio vigoroso, pero queremos evitar el dolor muscular de las piernas y el esfuerzo pulmonar.
En nuestra vida espiritual a menudo enfrentamos también Conflictos de Acercamiento—Escapatoria. Un ejemplo típico se registra en la experiencia del profeta Balaam. A Balaam se le ofreció una gran ri-queza por parte del rey Balac si desobedecía a Dios y maldecía a los hijos de Israel. Balaam fue impul-sado por su deseo avaro de obtener la riqueza, sin embargo, al hacerlo se enfrentaba a las consecuencias negativas de desobedecer a Dios. Desdichado, Balaam estaba más fuertemente atraído por la riqueza ofrecida por el rey Balac. Quizás no podemos encontrar otro ejemplo de Conflictos de Acerca-miento—Escapatoria más vívido y mejor que en la experiencia de Jesús en el Huerto del Getsemaní, cuando él oró: “Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Mateo 26:42.
Aquí Cristo se enfrentaba a la gran agonía de cargar con los pecados del mundo entero, muriendo la muerte de un hombre perdido, y al hacer eso seguir la voluntad de su Padre, o alternativamente retroce-der ante tan infinita responsabilidad y evitar el trauma asociado con su sacrificio. Para gratitud eterna de todos los hijos de Dios, Jesús escogió seguir la voluntad de su Padre.
En la mayoría de las situaciones, los Conflictos de Acercamiento-Escapatoria son más difíciles de re-solver y por lo tanto más probables de causar frustración, indecisión y desaliento, que los Conflictos de Acercamiento—Acercamiento.
3. Conflictos de Escapatoria—Escapatoria. Estos conflictos resultan cuando nos enfrentamos con una decisión que no puede ser evitada, cuando cualquiera de las decisiones resulta en consecuencias negativas y dolorosas. Este resulta ser el conflicto más difícil de solucionar. Está bien ejemplificado por la experiencia del niño que se siente infeliz en casa y es sujeto a frecuentes maltratos. Él tiene la opción de huir de la casa—una consecuencia de incertidumbre que él quiere evitar por un lado, y sin embargo, permanecer en casa significa recibir castigos severos y continuos. También puede haber confrontación al enfrentar una decisión en cualquier condición física donde, quizás debido a serios problemas cardíacos, las expectativas de vida de un hombre son muy inciertas, no obstante, donde la operación propuesta es peligrosa. Este conflicto se comprende mejor en la experiencia de los israelitas huyendo de la tierra de Egipto. Al llegar al Mar Rojo, notaron los ejércitos de Egipto en acelerada persecución. Ahora se enfrentaban a dos consecuencias—ambas de las cuales parecían negativas. Por un lado estaba el Mar Rojo imposible de pasar en el cual sin lugar a dudas se ahogarían, y por otra parte los egipcios que los matarían o los llevarían de vuelta a la esclavitud.
Humanamente no había una solución a este dilema. Y así es con muchas de las situaciones Conflictos de Escapatoria—Escapatoria. Parece no haber una solución apropiada al conflicto. Este impase resulta en una intensa frustración, que a su vez conduce muchas veces a muchas otras manifestaciones negati-vas tales como agresividad, ira, odio, celo, depresión, fantasía, vacilación, regresión, y serios quebrantos emocionales.
Los Conflictos de Escapatoria—Escapatoria son sin lugar a dudas los más difíciles de solucionar. Por supuesto hay muchos conflictos que tienen tanto valores positivos como negativos lo que aumenta la complejidad de la toma de decisión humana.
El Conflicto Escapatoria—Escapatoria se vuelve aun más crítico en situaciones en la cual dos males están involucrados.
La filosofía de ética situacional ha propuesto muchas de tales opciones en un esfuerzo por indicar que no es posible aun para un cristiano sostener valores morales absolutos. Algunos de los ejemplos clásicos brindados son los siguientes:
1. Un barco de pasajeros se hunde. Hay una falta de suficientes botes salvavidas para salvar a todos los pasajeros.
Rápidamente un bote salvavidas es llenado hasta su máxima capacidad, sin embargo, muchos otros en su esfuerzo desesperante por salvar sus vidas tratan de subirse a bordo.
Pero si se les permitiese hacerlo, todos se perderían, porque el bote no podría soportarlos. Por lo tanto, es “bueno” escoger el menor de los males que es evitar que otros sigan subiéndose al bote para que al-gunos pasajeros del barco hundido puedan salvarse.
2. Sería bueno decir una mentira si fuera necesario para prevenir que alguien fuera asesinado.
3. Sería bueno cometer adulterio si al hacerlo, uno pudiese salvar su propia vida o la vida de otros.
El 11 de Febrero de 1971, en la Universidad Estatal de San Diego, el Profesor Joseph Fletcher debatió al Dr. John Warwick Montgomery sobre el asunto de la ética situacional. Fletcher apoyó el postulado de la ética situacional. Después de definir a los legalistas como aquellos que estaban ligados por prin-cipios inmodificables que incluiría la ley de Dios, y antinomianos como aquellos que viven sin princi-pios, él propuso lo que consideraba era una posición intermedia: Situacionismo en la cual él alegaba que hay cosas que típicamente son apropiadas de hacer. Sin embargo, él rehusó aceptar una norma absoluta de bien, alegando que el único valor de primer orden es el amor ágape. Por lo tanto, a veces el adulterio puede ser mejor que la castidad, mentir que la veracidad, robar que respetar la propiedad privada. En todas las decisiones, el fin justifica los medios, porque en el estado de situacionismo no existen principios morales normativos.
Por otra parte, Montgomery alegaba por valores absolutos, demostrando algunos de los peligros a en-frentarse en el situacionismo. Sin embargo, Montgomery quedó corto en negar que a veces somos obli-gados a hacer menor mal para evitar un mal mayor. Pero al contrario de Fletcher, quien alegaba que di-chas acciones serían buenas porque era lo mejor que se habría podido hacer bajo las circunstancias, Montgomery alegaba que si se realizaba semejante mal, seguía siendo un mal y necesitaba del perdón de Dios.
Ni Fletcher ni Montgomery tienen una respuesta completa para los cristianos confrontados con difíciles decisiones morales.
Es verdad que el no-cristiano quizás no se encuentre a sí mismo frecuentemente en aquellas circunstan-cias en que tenga que decidir entre dos males, pero ¿será eso cierto de un cristiano?
Mientras es posible que a veces los cristianos enfrentan situaciones en que ambas consecuencias son to-talmente indeseables, y eso serían ejemplos de Conflictos de Escapatoria—Escapatoria, es inconcebi-ble que Dios permita que sus hijos sean colocados en un conflicto que exija que quebranten el manda-miento de Dios o pequen. Mientras él permite que sus hijos sean severamente probados, nunca será más allá de la capacidad de uno, en el poder y fortaleza de Cristo, para vencer la tentación a violar la ley de Dios.
“No os ha venido ninguna tentación, sino humana. Pero Dios es fiel, y no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir. Antes, junto con la tentación os dará también la salida, para que podáis soportar” 1 Corintios 10:13.
Esta promesa enfatiza que a ningún hijo de Dios se le permitirá enfrentar pruebas más allá de su nivel de tolerancia.
Además indica que Dios proveerá un medio mediante el cual el conflicto aparentemente insoluble pueda ser manejado por aquellos que con fe se allegan a él. Esta promesa es coherente con el saludo de Judas: “A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin falta ante su gloria, con alegría”. Judas 24.
No solo es inconcebible que Dios permita a sus hijos ser colocados en un conflicto que exija una con-secuencia pecaminosa, sino que también es totalmente incoherente que, mientras permita que sus hijos sean severamente probados, nunca sea más allá de la capacidad de cada uno en el poder y fortaleza de Cristo para soportar la tentación. Por lo tanto, podemos regresar al comentario anterior de que proba-blemente todos los seres humanos tienen un punto de quiebre. Esta aseveración es verídica solo en la medida en que el hombre no entrelaza su vida indivisiblemente con la de Dios. Para el cristiano, no im-porta cual haya sido su punto de quiebre, Dios ha prometido fuerza para vencer y sostenerse en toda di-ficultad.
Para Fletcher decir que el amor es el único absoluto, es negar que el amor está expresado en observar la ley de Dios. Tanto el individuo como la sociedad sufren grandemente cuando las restricciones inmu-tables son “eliminadas”. Sin la seguridad de los absolutos, el hombre vaga en un ambiente de incerti-dumbre que produce mayor frustración y fracaso. Hacia finales del siglo pasado, se dio origen al inicio de un giro contra la creencia en la inmutable ley de Dios, para depender de ética social. Aun a este ni-vel, había la tendencia para que la sociedad permaneciera razonablemente intacta y para que se conser-vara la moralidad.
Pero en la última parte del siglo veinte la ética dominante ha sido del tipo existencial, en la que cada individuo se vuelve su propia medida de bien y mal, de verdad y error. Estas éticas existenciales están ejemplificadas por frases populares como “has tu propia cosa”, “se tu misma”, “diviértete”, pero tales consejos dejan al hombre como un barco sin timón en un tormentoso mar. El situacionista, aunque quizás niegue la ética existencialista, en el análisis final tiene que dejar la decisión de respuesta “co-rrecta” al juicio del individuo.
Sí, como se ha dicho, el fin justifica los medios, tenemos el dilema si siempre podemos saber o no cual será el fin antes de proseguir a un curso de acción. Y en una situación donde el fin no está claro, el si-tuacionista se enfrenta al dilema de no saber cuál sería la mejor acción en las presentes circunstancias. A menudo nuestras reacciones tienen que ser hechas tan repentina y espontáneamente, que no tenemos tiempo para considerar cuál sería la consecuencia de la acción—solo aquellos que se han habituado a un patrón de vida sobre principios inmutables de Dios, en tales circunstancias, en una acción casi reflexiva, responderán de una manera coherente con el código moral de Dios. Si hay ocasiones cuando el mejor bien es servido por engaño, nos enfrentamos al dilema de no ser capaz de creer o confiar en el si-tuacionista. Juan nos asegura que Dios es amor.
“Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él”. 1 Juan 4:16.
Por tanto, si el amor es la esencia misma del carácter de Dios, y él no puede cambiar, ¿Cómo entonces puede este amor ágape ser el único valor de primer orden, el único absoluto?
Porque este amor de Dios está incorporado en los mandamientos de Dios. Sí el fin justifica los medios, ¿quién determina cuál es el mejor fin o el fin menos pecaminoso? Ciertamente este dilema en definitiva conduce al egocentrismo, ya que el hombre está predispuesto a buscar esos fines que él considera como mejor para sí mismo en vez de para los demás.
A través de la Escritura la respuesta a las situaciones conflictivas es una confianza implícita en Dios. Este principio está demostrado en la ilustración mostrada previamente de los hijos de Israel enfrentados con el Mar Rojo por una parte y él ejército egipcio por otra. Aquí había un problema insuperable e in-soluble en términos humanos. Pero Dios tenía una respuesta para su pueblo que confiaba en él.
“Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca, mientras que los egipcios intentaron lo mismo, y fueron ahogados”. Hebreos 11:29.
Dios tenía una respuesta para lo que parecía ser un conflicto insoluble. Pero observemos con más dete-nimiento experiencias modernas. Tomemos la experiencia del bote salvavidas, discutida previamente. Durante la Segunda Guerra Mundial, tres capellanes del ejército, católico, protestante, y judío, demos-traron que ellos no tenían que tomar una decisión entre dos males egocéntricos al enfrentar una situación similar. Los tres cedieron sus puestos en el bote salvavidas y fueron vistos por última vez agarrados de las manos al seguir el ejemplo de Jesús en el supremo acto altruista de morir para que otros pudieran vivir. Este gesto fue conmemorado con una estampilla postal, pero su reconocimiento final será eterno. La respuesta ante obstáculos que pueden ser considerados como produciendo frustración suprema, es ciertamente el desarrollo de una confianza completa en Dios y de que él puede hacer por nosotros lo que es imposible que hagamos por nosotros mismos. Muchas veces somos asegurados que el pueblo de Dios vivirá por fe. Esta fe puede desarrollarse al reconocer nosotros cómo Dios eliminó obstáculos insuperables.
“¿Y qué más diré? El tiempo me faltará para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, que por la fe conquistaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon boca de leones”. Hebreos 11:32-33.
La promesa de Dios a Abraham de que él debería tener un hijo parecía una meta imposible, porque Sara había pasado la menopausia hacía mucho tiempo, pero Dios es capaz de hacer aquello que el hombre no puede hacer. La fe es por lo tanto una característica siempre presente del pueblo de Dios.
“Si alguno ha de ir a la cárcel, a la cárcel irá. Si alguno ha de morir a espada, a espada morirá. Aquí está la paciente perseverancia y la fe de los santos”. Apocalipsis 13:10.
“¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús!”. Apocalipsis 14:12.
Cuando se reconoce completamente que no hay obstáculo demasiado difícil para Dios y que cada obstáculo presenta otra oportunidad para que nosotros ejercitemos y crezcamos en fe, nosotros respon-demos a su invitación: “Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él cuida de vosotros”. 1 Pedro 5:7.
Juan nos asegura: “Y ésta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. 1 Juan 5:4.
Esta promesa es ciertamente la seguridad de que todo obstáculo y circunstancia conflictiva enfrentada puede ser resuelta en la medida en que es colocada por fe en las manos de Dios. Quizás no haya nada más crítico en responder a las situaciones inducidas de frustración que el consejo de Santiago: “Pero pida con fe, sin dudar”. Santiago 1:6. 77


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