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La Personalidad y las Diferencias Individuales

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La Personalidad y las Diferencias Individuales

Mensaje por LAURACAROLINA el Dom Oct 16, 2011 12:00 am

La Personalidad y las Diferencias Individuales

Es claro que mientras haya una definida interrelación entre la personalidad y el carácter, la personalidad no es carácter y el carácter no es personalidad. La personalidad puede ser mejor definida en términos de la totalidad de patrones de conducta de una persona incluyendo sus pensamientos, emociones, respuestas de conducta, temperamento, su apariencia y cualquier otro patrón característico que lo distingue como un individuo único. Por otra parte, el carácter tiene que ver con la respuesta a la inmu-table ley de Dios, involucrando los motivos, pensamientos, palabras y acciones. Es muy posible para un hombre tener una personalidad agradable, mientras que su carácter todavía sea grandemente defectuo-so. Por ejemplo, muchos embaucadores han tenido personalidades muy persuasivas y elocuentes con la que han logrado, al menos hasta cierta medida, enmascarar efectivamente sus verdaderos caracteres.
Sin embargo, no debemos pasar por alto el hecho de que algunas características de personalidad son más coherentes con el desarrollo del carácter que otros. Por ejemplo, el temperamento de una persona tiene mucho que ver con determinar tanto la personalidad como el carácter. Una persona ansiosa, reactiva, obviamente tiene defectos de carácter que necesitan ser transformados por la gracia de Dios. La respuesta a los talentos y dones que cada uno tiene, mientras que parcialmente determina la personali-dad, afecta grandemente el desarrollo del carácter.
Es casi axiomático decir, que hay un amplio rango de diferentes personalidades entre los cristianos ma-duros. En los doce apóstoles, se presentan diferentes personalidades.
Obviamente Juan era un hombre de gran amor y compasión, habiendo desarrollado especialmente las gracias más suaves, aunque en otra época había sido volátil. Por otra parte, Pedro era agresivo, impe-tuoso al punto de la brusquedad, y muy apresurado para vocalizar sus convicciones y creencias.
Después de su conversión muchas de estas características permanecieron, pero bajo el poder transfor-mador de Cristo estas características positivas fueron dirigidas hacia el desafío de expandir el evangelio al mundo antiguo. Esta transformación puede ser vista con más claridad en la personalidad del apóstol Pablo. Antes de su conversión, Pablo (o Saulo, como era conocido entonces) era un líder agresivo, fuer-temente comprometido con la causa que defendía, sin temor por las consecuencias de sus actos.
“Y Saulo perseguía a la iglesia. Entrando en las casas, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba a la cárcel”. Hechos 8:3.
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacer-dote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si hallase algunos hombres o mujeres de ese Camino, los trajese presos a Jerusalén”. Hechos 9:1-2.
El mismo Pablo, después de su conversión, conservó sus mismas características agresivas de personali-dad, pero ahora estaban dirigidas hacia la expansión del reino de Cristo en vez de su destrucción.
“Enseguida empezó a predicar en las sinagogas a Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Y Saulo mu-cho más se llenaba de poder, y confundía a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo. Entonces Bernabé lo llevó, y lo presentó a los apóstoles. Les contó que Saulo había visto al Señor en el camino, que le había hablado, y que en Damasco había predicado con valentía en el Nombre de Jesús”. Hechos 9:20,22, 27.
Los extremos en la personalidad necesitan discutirse cuando hay una respuesta a los reclamos de Cristo sobre la vida. La persona extremadamente tímida, retraída, introvertida, aunque quizás nunca llegue a ser un líder, se da cuenta que necesita una reorientación de su personalidad, de manera que pueda testi-ficar en forma más efectiva y frecuente la fe que ahora abraza. Por lo tanto, no es sorprendente recono-cer grandes cambios en las relaciones ínter-sociales de algunos que le permiten al poder del Espíritu Santo transformar sus vidas.
Similarmente, para aquellos que tienen características extremas de personalidad en la dirección opuesta (cuya extroversión puede exhibirse en brusquedad de personalidad, crudeza, insensibilidad hacia los sentimientos de otros), habrá una búsqueda por el poder modificador del Espíritu Santo de manera que no se vuelvan una ofensa a alguno mientras comparten su nueva fe.
En el sentido más completo de nuestra comprensión de las diferencias individuales, no podemos aceptar el dictado: “Todos los hombres son creados iguales”, porque hay grandes diferencias reconocidas en la Palabra de Dios entre el número de talentos que los hombres tienen, y la calidad de cada uno de esos talentos. En la parábola de los talentos Cristo explicó que diferentes hombres recibieron diferentes ta-lentos. Pero es también importante observar que la discriminación en términos de cada uno de los indi-viduos no era en términos del número de talentos que cada uno tenía. El hombre con cinco talentos fue felicitado por duplicarlos, con las palabras: “¡Bien, siervo bueno y fiel!”. Mateo 25:21.
Las mismas palabras también fueron usadas para felicitar al hombre con los dos talentos que había du-plicado sus talentos.
El hombre con un talento fue rechazado, no porque fuera inferior en habilidad a los otros dos hombres, sino porque no había hecho uso de su único talento. Esta parábola brinda una clave al sentido en la cual todos los hombres son creados iguales. Aunque varían en inteligencia y en habilidades y más tarde en logros, su aceptación e igualdad ante Dios depende de su respuesta a las oportunidades que él coloca delante de ellos. Este hecho es visto cuando entendemos que en la forma de pensar de Dios acerca del hombre él toma en cuenta la totalidad de su pasado.
El hombre es juzgado, no de acuerdo con su desempeño absoluto, sino de acuerdo a su respuesta a las oportunidades 32 que han sido colocadas delante de él. David señala que Dios en su pensamiento acer-ca del hombre toma en cuenta donde nació.
“En el registro de los pueblos, el Señor escribirá: “Este nació en Sión”. Salmo 87:6.
Adicionalmente, él señala que Dios conoce la condición de su pueblo y hace provisión por el hecho de que son solo polvo.
“Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo”. Salmo 103:14.
Un Dios justo y omnisapiente recompensará a cada hombre de acuerdo a cada oportunidad a la que ha respondido.
Los talentos individuales que Dios ha dado, mientras permiten un amplio rango de realización personal, son dados para que el hombre pueda ser capaz de vivir como un complemento para su prójimo. La di-versidad de personalidades y dones permite una interdependencia exclusiva de cada miembro de la fa-milia humana sobre cada otro miembro. Brinda la oportunidad para que todos sirvan a los demás. Per-mite el afianzamiento del uno y otro y confirma que ningún hombre puede vivir adecuadamente para sí mismo. Por lo tanto, el gran lazo de la cooperación cristiana está ligada con la diversidad de talentos y dones que Dios ha provisto. Pero para que estos dones sean una bendición, deben ser usados para el be-neficio de otros.
“Cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, dispensando fielmente las diferentes gracias de Dios”. 1 Pedro 4:10.
Cada propósito de Dios puede ser cumplido mientras que el hombre colabore con el hombre, motivado por el Espíritu Santo, para cumplir su propósito. Ciertamente esta es la demostración que la iglesia cris-tiana hace al mundo; esta demostración en la cual, como un cuerpo corporativo, la unidad de propósito y los frutos de la cooperación extensiva de los talentos dados por Dios, resulta en un repaso en miniatu-ra de la cooperación inquebrantable de los hijos de Dios sub-secuente a su redención.
Pablo particularmente define la diversidad de dones: “El mismo dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros; a fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la uni-dad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:11-13.
“A cada uno le es dada manifestación del Espíritu para el bien común. A uno es dada por el Espíritu pa-labra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, don de sanidad por el mismo Espíritu; a otro, operación de milagros; a otro, profecía; a otro, dis-cernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas, las efectúa uno y el mismo Espíritu, y reparte a cada uno en particular como él quiere. Por-que así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, siendo mu-chos, son un solo cuerpo, así también es Cristo”. 1 Corintios 12:7-12.
Al hacerlo así, él enfatiza que la diversidad de estos dones es dada— “A fin de perfeccionar a los san-tos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:12-13.
Pero hay dos formas en las cuales estos dones pueden ser de perversión para el hombre. La primera es no usándolos, permitiendo de esa manera que se atrofie el don. La segunda es desarrollándolos y usán-dolos para propósitos de complacencia personal. No es difícil ver como el don de la oratoria, de la ad-ministración, de la música, de la sanidad, de la enseñanza, o cualquiera otro de los dones, puede ser pervertido para el egoísmo y por consiguiente para los propósitos controlados de Satanás. Solo cuando estos dones estén bajo la guía del Espíritu Santo, es que vemos el resultado de su uso en los frutos del
Espíritu: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio”. Gálatas 5:22-23.
Las diferencias individuales pueden ser vistas para representar la gracia de Dios como, por una parte, él brinda talentos para que podamos demostrarle nuestro aprecio sirviendo a nuestro prójimo; y por otra parte, para ayudarnos 34 a ser concientes de que ninguno de nosotros ha recibido tanta cantidad de ta-lentos que no somos dependientes de otros para su suplemento, complementación y enriquecimiento de nuestras propias vidas.
Pablo lo resume hermosamente en el capitulo del amor: “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena, o címbalo que retiñe. Si tuviera profecía, y en-tendiera todos los misterios y toda ciencia; y si tuviera toda la fe, de manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”. 1 Corintios 13:1-3.
Aquí está la base total para el desarrollo y extensión de la singularidad con que Dios nos ha provisto a cada uno. Al compartir esta distinción en amor, tanto el que comparte como el beneficiado son bende-cidos.

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