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La Salud Mental y el Crecimiento Espiritual

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La Salud Mental y el Crecimiento Espiritual

Mensaje por LAURACAROLINA el Sáb Oct 15, 2011 11:54 pm

La Salud Mental y el Crecimiento Espiritual

Muy pocas cosas son más importantes o más valoradas que la salud mental. Las implicaciones de la sa-lud mental sobre la totalidad de la experiencia de la vida es tal que ninguno puede escapar a su impor-tancia en su propio estilo de vida. El ser humano, aunque siempre es una unidad integrada, se manifiesta a través de las facetas físicas, intelectuales, y espirituales de su ser. Cronológicamente en la historia de la vida humana primero nos desarrollamos físicamente, luego intelectualmente y por último espiri-tualmente. En el instante de la concepción iniciamos nuestro peregrinaje físico, capaz de crecimiento y desarrollo a una tasa rápida mediante la multiplicación celular. Mucho antes del nacimiento, el hombre se vuelve un ser intelectual—o sea, un ser capaz de monitorear algunas de sus influencias ambientales. Sin embargo, el último desarrollo, la dimensión espiritual, se vuelve aparente solo en la vida postnatal.
Es bastante obvio que sin el físico no podría haber el ser intelectual, porque las capacidades mentales o intelectuales del hombre son dependientes del crecimiento físico del organismo y especialmente sobre el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso. Adicionalmente, el hombre no puede ser un individuo espiritual hasta que las capacidades intelectuales hayan sido desarrolladas significativamente. Estos tres elementos, a través de la vida, se vuelven fuertemente interdependientes el uno del otro. No es solo una reacción de una sola vía, sino que es una reacción multifasética en la que cada uno interactúa con el otro.
A menos que haya un sólido desarrollo intelectual y salud mental, es imposible tener la calidad de vida espiritual que Dios provee para la humanidad, así como resulta imposible tener el máximo desarrollo de las otras capacidades sin que los tres estén uniformemente desarrollados.
Aceptando que cada principio valedero del correcto vivir está esbozado en la palabra de Dios, el cris-tiano debería reconocer que una mente sólida es un don de Dios. Millones están enfrentando los pro-blemas crónicos de enfermedad mental, al grado que la incidencia de enfermedad mental es mayor en la presente generación de lo que ha sido alguna vez.
De alguna manera las complejidades y estructuras de la vida moderna, las presiones, las tensiones, los niveles de estrés están resultando en mayores números sucumbiendo a la tragedia del quebranto mental. Este estrés es evidente aun dentro de las filas de los cristianos. De allí que en honestidad los cristianos deben dirigirse directamente al problema del quebranto mental y la creciente inhabilidad de muchos pa-ra desempeñarse adecuadamente en el hogar. Esta inhabilidad a su vez conlleva a problemas matrimo-niales y al quebrantamiento de las relaciones en el hogar. El espectáculo de los problemas de salud mental en la iglesia cristiana ha llevado a muchos a tratar de negar una relación entre una sólida vida cristiana y una sólida salud mental, pero tales intentos niegan la unidad del hombre y las provisiones de Dios para el hombre.
Una mente sólida no significa necesariamente la habilidad de sobresalir académicamente. Sin embargo, no hay duda que los cristianos tienen la obligación individual a determinar la verdad del error y a ser estudiantes cuidadosos de la Palabra de Dios. Pero una mente sólida es más que esto. Es una mente despejada y tranquila, capaz mediante el poder de Dios, de comprender y enfrentarse a las presiones más severas. La pregunta no es tanto la clase de tensiones, o problemas creadores de tensión a que se enfrentan, porque frecuentemente hay poco control sobre éstos. Por ejemplo, la esposa que tiene como esposo a un borracho a menudo encuentra bastante difícil controlar ese aspecto de su vida, sin embargo, tiene la oportunidad por el poder Divino, de controlar la clase de reacción y relación que ella tiene hacia la presión y situación creadora de tensión con la que está constantemente confrontada. Aquellos que han sucumbido al quebranto mental o quienes experimentan numerosos incidentes neuróticos a menudo están bajo un poquito más de presión en sus vidas que un gran número que está viviendo vidas muy bien adaptadas. A veces las presiones a las que han sucumbido son aun menores que aquellas que rodean a personas muy bien adaptadas.
Por supuesto que nos enfrentamos a dos problemas básicos aquí. Biológicamente, algunas personas na-cen con predisposiciones a una mayor o menor tolerancia a la tensión y al estrés. Segundo, las circuns-tancias ambientales de otros, especialmente durante su infancia, niñez y adolescencia, también juega un papel preponderante en la clase de habilidad que tienen para enfrentarse más tarde en la vida a situa-ciones estresantes.
Sin embargo, el Señor ha prometido que no hay tentación (prueba) que sea experimentada por la cual él no dará la fuerza para vencer.
“No os ha venido ninguna tentación, sino humana. Pero Dios es fiel, y no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir. Antes, junto con la tentación os dará también la salida, para que podáis soportar”. 1 Corintios 10:13.
Esta promesa puede ser aceptada por cada cristiano comprometido tanto como para las pruebas espiri-tuales como emocionales. Es quizás una de las mayores promesas en toda la Escritura, porque huma-namente es probable que todos tienen un punto de desmoronamiento, aquí Dios promete que es imposi-ble ser colocado bajo tensión o estrés que no pueda ser manejado cuando uno está fortalecido y asegu-rado por él. Esta promesa no niega que hay una gran variación en la tolerancia a las situaciones de estrés, pero sí ofrece la seguridad de que Cristo fortalecerá la debilidad del hombre o nos preservará de aquellas situaciones que están más allá de nuestra capacidad para manejar. Quizás esta seguridad está implícita en la declaración de Pablo: “Nosotros tenemos la mente de Cristo”. 1 Corintios 2:16.
Mucho del asunto de la enfermedad mental funcional depende de quién tiene el control de la mente. Si no es Cristo, entonces Satanás tiene el control, y él busca de muchas maneras precipitar un desmoro-namiento emocional y tomar posesión de las mentes de los hombres y de las mujeres. Este control exi-tosamente limita la restauración de Dios en las vidas humanas. Por lo tanto, un sometimiento total a Cristo espiritualmente es la máxima seguridad contra el desmoronamiento emocional. Dios tiene un plan para la salud espiritual de la humanidad que también vigoriza la salud mental y física del hombre.
La salud mental de cada cristiano está individualmente ligada a su crecimiento espiritual. Los verdade-ros hijos de Dios tendrán mentes sólidas y serán emocionalmente capaces de lidiar con cada condición, mediante la fuerza de Cristo.
La mente requiere disciplina si ha de alcanzar su pleno potencial. Tal disciplina requiere una confronta-ción con las tendencias humanas inherentes. La mente humana al desprenderse de las ligaduras confi-nadas de su egocentrismo mediante la comunión con Dios, permite una expansión de las percepciones mentales del hombre. Al disciplinarse la mente, la voluntad es ligada con la voluntad de Dios, de mane-ra que se refleje más perfectamente la imagen de Dios en el hombre. Tales procesos de madures reducen las fluctuaciones en el estado de ánimo, de manera que hay menos dependencia de las diversiones para hallar excitación como respuesta a las dificultades o depresión. En la medida en que el hombre, mediante un estudio serio de la Palabra de Dios, reconozca el precio infinito pagado por su salvación, no puede devaluarse a sí mismo. Una respuesta adecuada a Cristo es la base del auto-respeto y es un poderoso antidepresivo.
El problema del pecado está en la raíz de la inestabilidad emocional. Las bases del pecado son tanto in-herentes como aprendidas del medio ambiente y mediante ningún otro medio que el poder del Espíritu Santo en la vida puede la tentación ser exitosamente vencida. La obediencia a Dios es libertad de la ti-ranía del pecado. Esta obediencia solo es posible con el poder Divino. Cualquier intento para vencer los resultados emocionales del pecado por obtener apoyo humano está destinado a ser inadecuado, o en el mejor de los casos de valor transitorio. Una vida pura y santa es más apropiada para el desarrollo de una sólida salud emocional. Las tendencias modernas a ignorar o excusar el pecado han tenido repercusiones emocionales devastadoras. Parte de la base para la negación del pecado es el deseo de evitar la culpabilidad implícita en el reconocimiento del pecado. Pero para el cristiano convertido, el reconoci-miento del pecado está acompañado del reconocimiento de Cristo como Salvador, Aquel capaz de eli-minar la culpabilidad del pecador arrepentido. Cristo no le pide al hombre que venza en su propia fuer-za, sino que ofrece su poder infinito y vida victoriosa como la base de la confianza del hombre para el éxito. En la medida en que el hombre acepta el poder de Cristo, Satanás pierde su poder.
El papel de la oración es vital en la resistencia al pecado. Cada mañana debe haber un reconocimiento de la inhabilidad de uno para vivir una vida exitosa libre de pecado; uno debe clamar a Cristo para apropiarse de su poder para una vivencia victoriosa. La negligencia en la oración conlleva a confiar en uno mismo o en otros seres falibles, lo cual a su vez lleva inevitablemente al fracaso. Con demasiada frecuencia aquellos que no responden a su conciencia sienten una compulsión a pisotear la conciencia de otros. O alternativamente, en justificación a aberraciones morales bajas, buscan el mal en otros como un medio fútil de absolución.
La fe, el apoyo del autentico cristiano, se desarrolla solo mediante el estudio constante de la Palabra de Dios y ejercitando una respuesta positiva al amor de Dios. La fe acepta nominalmente las promesas de Dios, lo cual conduce a la obediencia a las leyes de Dios. La fe deposita el futuro en Dios, permitiéndo-le guiar en formas que rechazan la ansiedad o incertidumbre. Pablo declaró: “El justo vivirá por la fe”. Romanos 1:17.
Quizás no hay mayor expresión de la esencia de la fe que la del afligido Job: “Aunque Dios me mate, en él esperaré”. Job 13:15.
Job ciertamente demostró que la fe no depende de sentimientos o circunstancias. La fe se desarrolla con cada conflicto exitoso que se tiene con la duda. Cuanto más plena y segura sea la relación con Jesús, tanto más perdurable será la confianza. Fue como consecuencia de dicha relación que Pablo pudo afir-mar: “Porque sé en quien he creído”. 2 Timoteo 1:12.
La confianza en Dios es la base del mayor desarrollo del hombre. Pablo declaró: “Y vosotros estáis completos en él”. Colosenses 2:10.
Cristo mismo extendió una grata invitación: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.
Dios estimula la dependencia en él, la única verdadera seguridad para el hombre, mientras que Satanás estimula la dependencia del hombre. Mientras que sea bueno congregarse y aconsejarse mutuamente, no es aconsejable que el hombre sea dependiente de, o controlado por, otros seres humanos, y de hecho tal dependencia es contraproducente al desarrollo humano coherente. La autoestima, independencia, y logros valederos están establecidos sobre una relación altero-céntrica entre Dios y el hombre. La persona bien equilibrada no tiene una muy alta ni muy baja estima de sí mismo, y está tan asegurado en su relación con Dios y su prójimo que su autoestima no es un asunto de preocupación conciente.
El mayor porcentaje de enfermedad tiene su fundamento en una forma de pensar equivocada. Incluye muchas respuestas neuróticas y psicóticas al estrés ambiental, los simples dolores de cabeza tensionales así como muchas de las enfermedades del tracto digestivo tales como úlceras, y condiciones potencial-mente fatales como enfermedades del corazón y embolias. Pero se extiende más allá de esta categoría a enfermedades que están relacionadas con el estilo de vida—a hábitos dietéticos pobres, falta de ejerci-cio físico y pobres patrones de descanso. Cada uno de estos puede ser cambiado primero por una com-prensión inteligente de patrones de hábitos provechosos y luego por la decisión a seguir lo que es mejor.
En el mejor de los casos la mejor prevención, y a menudo la mejor cura para tales enfermedades está relacionado a la reversión a un sencillo estilo de vida. Pero la salud se extiende más allá de esto. Hay condiciones físicas y emocionales que solo pueden ser curadas mediante la confianza en Dios. Para muchos, el Evangelio de Cristo es la única agencia restauradora para sus mentes y cuerpos quebranta-dos. Dios es la fuente de felicidad y gozo. Por lo tanto, la verdadera felicidad puede llegarle a aquellos que tienen una relación irrevocable con él.

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