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El Conflicto Final en la Gran Controversia entre Cristo y Satanás y su Resultado

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El Conflicto Final en la Gran Controversia entre Cristo y Satanás y su Resultado

Mensaje por LAURACAROLINA el Jue Oct 06, 2011 10:02 pm

El Conflicto Final en la Gran Controversia entre Cristo y Satanás y su Resultado.-


252.- “El último gran conflicto entre la verdad y el error no es sino la lucha final de la prolongada con-troversia relativa a la ley de Dios. Estamos ahora para entrar en esta batalla, la batalla entre las leyes de los hombres y los preceptos de Jehová, entre la religión de la Biblia y la religión de las fábulas y de la traición”. CS:582.

253.- “No está lejos el tiempo cuando vendrá la prueba a cada alma. La observancia del falso sábado será impuesta sobre todos. La controversia será entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres... En ese tiempo el oro será separado de la escoria”. PR:188.

254.- “Ninguna persona, a no ser los que fortalecieron el espíritu con las verdades de la Escritura, podrá resistir en el último gran conflicto. A toda alma vendrá la inquiridora prueba: ¿Obedeceré a Dios antes que a los hombres? La hora decisiva está ahora mismo a las puertas. ¿Están nuestros pies afirmados en la roca de la inmutable Palabra divina? ¿Estamos preparados para permanecer firmes en defensa de los mandamientos de Dios y de la fe de Jesús?”. CS:594.

255.- “Desde el principio la gran controversia fue a respecto de la ley de Dios. Satanás procurará probar que Dios era injusto, que Su ley era defectuosa, y que el bien del universo exigía que ella fuese cam-biada”. PP:65.

256.- “En el inicio del gran conflicto, declaró Satanás que la ley divina no podía ser obedecida, que la justicia era incompatible con la misericordia, y que, si la ley fuese violada, sería imposible que el pecador fuese perdonado. Cada pecado debía recibir su castigo, argumentaba Satanás; y si Dios ablandase el castigo del pecado, no sería un Dios de verdad y justicia. Cuando el hombre violó la ley divina y le despreció la voluntad, Satanás exultó. Estaba probado, declaró, que la ley no podía ser obedecida; el hombre no podía ser perdonado”. DTG:567-568.

257.- “A medida que se apartaban de Dios, los judíos perdieron de vista en gran parte las enseñanzas del servicio ritual. Ese servicio había sido instituido por el propio Cristo. Era, en cada una de sus partes, un símbolo de Él; y se mostró lleno de vitalidad y belleza espiritual. Pero los judíos perdieron la vida espiritual de sus ceremonias, apegándose a las formas muertas. Confiaban en los sacrificios y ordenan-zas en sí mismas, en lugar de descansar en Aquel a quien apuntaban. A fin de suplir lo que habían per-dido, los sacerdotes y rabinos multiplicaban exigencias por su cuenta; y mientras más rígidos se volvían, menos manifestaban el amor de Dios. Medían su santidad por la multitud de ceremonias, al paso que tenían el corazón lleno de orgullo e hipocresía...
Con todas sus minuciosas y cansativas imposiciones, era imposible guardar la ley. Los que de-seaban servir a Dios, y procuraban observar los preceptos de los rabinos, arrastraban un pesado fardo. No podían encontrar sosiego de las acusaciones de una conciencia turbada. Así operaba Satanás para desanimar el pueblo, rebajar su concepción del carácter de Dios, y llevar al desprecio la fe de Israel. Esperaba establecer la pretensión que manifestara cuando de su rebelión en el Cielo - que las reivindi-caciones de Dios eran injustas, y no podían ser obedecidas. Aun Israel, declara él, no guardaba la ley”. DTG:29.

258.- “Satanás presenta la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecerle los preceptos. La caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria resultante, él la atribuye al Creador, llevando los hombres a mirar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús debía aclarar ese engaño. Como uno de nosotros, le cumplía dar ejemplo de obediencia. Para eso tomó sobre Sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras pruebas. "Convenía que en todo fuese semejante a los hermanos". Heb. 2:17”. DTG:24.

259.- “Después de la caída del hombre, Satanás declaró que los seres humanos eran incapaces de ob-servar la ley de Dios, y procuró llevar el universo consigo en esta creencia. Las palabras de Satanás pa-recían revelar la verdad, y Cristo vino para desenmascarar al engañador. La majestad del Cielo tomó la causa del hombre, y con las mismas facilidades que el hombre puede obtener, enfrentó las tentaciones de Satanás, como el hombre debe hacerlo...
Cristo vino a la tierra, tomando la humanidad y permaneciendo como representante del hombre, para mostrar en la controversia con Satanás, que el hombre, como Dios lo creó, unido al padre y al Hijo, puede obedecer cada precepto divino”. 1MS:252-253.

260.- “Si hubiese podido hallarse un solo pecado en Cristo, si en algún particular Él hubiese cedido a Satanás para escapar a la horrible tortura, y el enemigo de Dios y del hombre habría triunfado. Cristo inclinó la cabeza y expiró, pero mantuvo firme Su fe en Dios y Su sumisión a Él...
Sin embargo Satanás no fue destruido entonces. Los ángeles no percibieron, ni aun ahí, todo cuanto se encontraba envuelto en el gran conflicto. Los principios en juego debían ser más plenamente revelados. Y por amor al hombre, debía continuar la existencia de Satanás. El hombre, así como los ángeles, debía ver el contraste entre el Príncipe de la luz y el de las tinieblas. Tenía que escoger a quien servir.
Al comienzo del gran conflicto, Satanás había declarado que la ley divina no podía ser obedeci-da... Cuando el hombre violó la ley divina y Le despreció la voluntad, Satanás exultó. Estaba probado, declaró, que la ley no podía ser obedecida”. DTG:567-568.

261.- “Fue porque la ley es inmutable, por lo cual el hombre sólo se puede salvar mediante la obediencia a sus preceptos, que Jesús fue erguido en la cruz. Sin embargo, los propios medios por que Cristo estableció la ley, fueron presentados por Satanás como destruyéndola. A ese respecto sobrevendrá el último conflicto de la gran lucha entre Cristo y Satanás...
El ser defectuosa la ley pronunciada por la propia voz divina, el haber sido ciertas especificaciones puestas al margen, he ahí la pretensión presentada ahora por Satanás. Es el último gran engaño que él ha de traer sobre el mundo...
La guerra contra la ley divina, comenzada en el Cielo, continuará hasta el fin del tiempo. Todo hombre será probado. Obediencia o desobediencia, he ahí la cuestión a ser asentada por todo el mundo. Todos serán llamados a escoger entre la ley divina y las humanas. Ahí se trazará la línea divisoria. No existirán sino dos clases. Todo carácter será plenamente desarrollado; y todos mostrarán si escogieron el lado de la lealtad o el de la rebeldía...
Entonces vendrá el fin. Dios reivindicará Su ley y librará Su pueblo”. DTG:763.

262.- “Nos aproximamos del final de la controversia entre el príncipe de la luz y el príncipe de las ti-nieblas, y luego los engaños de Satanás probarán nuestra fe... cuál es la calidad de la misma...
Una obra precisa ser completada en la tierra, semejante a aquella que tuvo lugar en el derrama-miento del Espíritu Santo, en los días de los primeros discípulos, cuando predicaban a Cristo, y a este crucificado...
Como Cristo fue glorificado en el día de Pentecostés, así será nuevamente glorificado en la obra final del evangelio, cuando Él preparará un pueblo para enfrentar la última prueba en el final de la gran controversia”. Cristo Triunfante:364.

263.- “El tiempo de prueba está exactamente delante de nosotros, pues el alto clamor del tercer ángel ya comenzó en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el prin-cipio de la luz del ángel cuya gloria ha de llenar la Tierra. RH, 22-11-1892”. 1MS:363.

264.- “Los adoradores de Dios serán distinguidos especialmente por el respeto en que tienen en cuarto mandamiento, ya que es esa la señal del poder creador de Dios y el testimonio de Su derecho de recla-mar la reverencia y el homenaje del hombre... En la conclusión del conflicto toda la cristiandad quedará dividida en dos grandes grupos: los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y los que adoran la bestia y su imagen y reciben su señal”. 3JT:285.

265.- “El espíritu de guerra está agitando las naciones de uno a otro extremo de la Tierra. Pero en medio del tiempo de angustia que está para venir - un tiempo de angustia tal como nunca hubo desde que hubo nación - el escogido pueblo de Dios permanecerá firme. Satanás y sus ángeles no los pueden destruir, pues ángeles excelentes en poder los protegerán”. 2MS:55.

266.- “Mientras los juicios de investigación prosiguen en el cielo, mientras los pecados de los creyentes arrepentidos están siendo removidos del santuario, debe haber una obra especial de purificación, o de alejamiento del pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra”. CS:425.

267.- “Ahora, mientras nuestro gran Sumo Sacerdote está haciendo expiación por nosotros, debemos procurar hacernos perfectos en Cristo. Ni aun por un pensamiento podría nuestro Salvador ser llevado a ceder al poder de la tentación. Satanás encuentra en los corazones humanos algún punto en que puede obtener apoyo; algún deseo pecaminoso es acariciado, por medio del cual sus tentaciones aseguran su fuerza. Pero Cristo declaró de Sí mismo: "Se aproxima el príncipe de este mundo, y nada tiene en Mi". Juan 14:30. Satanás nada pudo encontrar en el Hijo de Dios que lo habilitase a alcanzar la victoria. Había guardado los mandamientos de Su Padre, y no había en Él pecado que Satanás pudiese usar para su ventaja. Esta es la condición en que deben encontrarse los que subsistirán en el tiempo de angustia.
Es en esta vida que debemos alejar de nosotros el pecado, por la fe en la sangre expiatoria de Cristo. Nuestro precioso Salvador nos convida a unirnos a Él, a ligar nuestra debilidad a Su fuerza, nuestra ignorancia a Su sabiduría, a Sus méritos nuestra indignidad”. CS:622-623.

268.- “Ahora es el momento de juntar tesoros en el cielo, ordenar nuestro corazón, preparándonos para el tiempo de angustia. Únicamente los que posean manos limpias y corazones puros, subsistirán en aquel tiempo de prueba. Ahora es el tiempo cuando la ley de Dios debe estar en nuestra mente, nuestra frente y escrita en nuestros corazones”. PE:57.

269.- “Al aproximarse los miembros del cuerpo de Cristo, del periodo de su último conflicto, “el tiempo de angustia de Jacob”, crecerán en Cristo, y participarán abundantemente de Su espíritu. RH, 27-05-1862”. 7CBA:984.

270.- “Si pasáis por el tiempo de angustia, necesitaréis conocer a Cristo, apropiaros del don de Su justi-cia, la cual es impartida (comunicada) al pecador arrepentido. RH, 22-11-1892”. 1MS:363.

271.- “Debemos tener el máximo cuidado en vivir una vida irreprensible, y abstenernos de toda apa-riencia del mal; y entonces es nuestro deber avanzar sin temor, sin dar atención a las falsedades degra-dantes de los impíos. Mientras los justos mantengan las miradas fijas en el tesoro celestial e inapreciable, se volverán más y más semejantes a Cristo, y así serán transformados y dispuestos para la traslación”. 1JT:130.

272.- “Los que se están uniendo con el mundo, se están amoldando al modelo mundano, y preparándo-se para la señal de la bestia. Los que desconfían del yo, que se humillan delante de Dios, y purifican el alma por la obediencia a la verdad, están recibiendo el molde divino, y se están preparando para recibir en la frente el sello de Dios. Cuando salga el decreto, y el sello sea aplicado, su carácter permanecerá puro y sin mácula para toda la eternidad...
Todos los que reciben el sello deben ser inmaculados delante de Dios, candidatos para el Cielo”. 2JT:70-71.

273.- “Semejantemente, en el tiempo de angustia, si el pueblo de Dios tuviese pecados no confesados que surgiesen delante de ellos mientras son torturados por el temor y la angustia, serían vencidos; la de-sesperación les suprimiría la fe, y no podrían tener confianza para suplicar de Dios el libramiento. Pero, al mismo tiempo en que tienen una profunda intuición de su indignidad, no poseen ninguna falta oculta para revelar. Sus pecados fueron examinados y extinguidos en el juicio; no pueden ser traídos al re-cuerdo”. CS:619-620.

274.- “Él (Satanás), ve que santos ángeles los están guardando, y deduce que sus pecados fueron per-donados; pero no sabe que sus casos fueron decididos en el santuario celestial”. CS:618.

275.- “Los que estén viviendo sobre la tierra, cuando la intercesión de Cristo cese en el santuario celes-tial, deberán, sin mediador, estar en pie, en la presencia del Dios santo. Sus vestiduras deben estar in-maculadas, el carácter liberado de pecado, por la sangre de la aspersión. Mediante la gracia de Dios y su propio esfuerzo diligente, deben ellos ser vencedores en la batalla contra el mal”. CS:425.

276.- “Vi también que muchos no comprenden lo que deben ser a fin de vivir a la vista del Señor sin un sumo sacerdote en el santuario durante el tiempo de angustia. Los que han de recibir el sello del Dios vivo, y ser protegidos en el tiempo de angustia, deben reflejar completamente la imagen de Jesús”. VE:111.

277.- “Y cantaban el “cántico nuevo” delante del trono, cántico que nadie podía aprender sino los 144000. y el himno de Moisés y del Cordero, himno de libramiento. Nadie, a no ser los 144000, puede aprender aquel canto, pues es el de su experiencia, y nunca nadie tuvo una experiencia semejante. “Es-tos, habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son tenidos como las “primicias para Dios y para el Cordero”. “Estos son los que vinieron de gran tribulación”; pasaron por el tiempo de angustia tal como nunca hubo desde que hubo nación; soportaron la aflicción del tiempo de angustia de Jacob; permanecieron sin intercesor durante el derramamiento final de los juicios de Dios. Pero fueron libres, pues “lavaron sus vestidos, y los blanquearon en la sangre del Cordero”. “En su boca no se halló enga-ño; porque son irreprensibles” delante de Dios”. CS:648-649.

278.- “Acusando Satanás al pueblo de Dios a causa de sus pecados, el Señor le permite que los pruebe hasta el último punto. Su confianza en Dios, su fe y firmeza, serán severamente puestas a prueba; al re-ver el pesado, sus esperanzas desfallecen; ya que en su vida entera poco bien pueden ver. Están perfec-tamente concientes de su debilidad e indignidad”. CS:618.

279.- “El amor de Dios para con Sus hijos durante el periodo de su más intensa prueba, es tan fuerte y tierno como en los días de su más radiante prosperidad; pero es necesario pasar por el horno de fuego; su naturaleza terrena debe ser consumida para que la imagen de Cristo pueda reflejarse perfectamente”. CS:621.

280.- “El pueblo de Dios ha sido, en muchos aspectos, muy falto. Satanás posee un exacto conocimien-to de los pecados que él los tentó a cometer, y presenta esos pecados como exageradamente graves...
Pero, aun cuando los seguidores de Cristo hayan cometido pecado, no se entregaron al dominio del mal... Su aflicción es grande, las llamas del horno parecen listas para consumirlos; pero Aquel que los refina y purifica, los presentará como oro probado en el fuego. Tiene que ser removida su tendencia terrena, a fin de que reflejen perfectamente la imagen de Cristo; tienen que vencer la incredulidad, y desenvolver la fe, esperanza y paciencia... El pueblo de Dios suspira y gime por las abominaciones co-metidas en la Tierra... Pero la angustia y humillación del pueblo de Dios es inequívoca evidencia de es-tar recuperando la fuerza y nobleza de carácter perdidas como consecuencia del pecado. Es por estarse aproximando más de Cristo, y tener los ojos fijos en Su pureza perfecta, que disciernen tan claramente la gran malignidad del pecado. Su contrición y humillación propia son infinitamente más aceptables a la vista de Dios, que lo que lo es el espíritu presuntuoso y altivo de los que no ven motivo para lamentos, que se burlan de la humildad de Cristo y que pretenden ser perfectos, al paso que transgreden la santa ley de Dios. Mansedumbre y humildad de corazón son las condiciones de fuerza y victoria. La corona de gloria aguarda a los que se postran al pie de la cruz. Bienaventurados son esos que así lloran, porque serán consolados... Al afligir el pueblo de Dios sus almas ante Él, suplicando pureza de corazón, es dada la orden: "Sacadles los vestidos sucios", y se profieren las palabras animadoras: "He aquí que he hecho con que pase de ti tu iniquidad, y te vestiré de vestidos nuevos". Zac. 3:4. Las inmaculadas vestiduras de l a justicia de Cristo son colocadas sobre los probados, tentados pero fieles hijos de Dios. Los despreciados remanentes son vestidos de vestiduras gloriosas, que nunca más serán manchadas por las corrupciones del mundo. Sus nombres son retenidos en el libro de la vida, del Cordero, registrados entre los fieles de todos los siglos”. 2JT:177-178.

281.- “Se encuentran ahora eternamente seguros de los ardides del tentador. Sus pecados son transferi-dos para el originador del pecado”. Exaltadlo:378.

282.- “Los remanentes no solamente son perdonados y aceptados, sino que honrados”. HHD:369.

283.- “Cristo se regocijaba de poder hacer más en beneficio de Sus seguidores, que lo que ellos serían capaces de pedir o pensar. Hablaba con seguridad, sabiendo que había sido dado, ya antes de la funda-ción del mundo, un omnipotente decreto. Sabía que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, había de vencer en la contienda con el mal; y la ensangrentada bandera fluctuaría triunfalmente sobre Sus seguidores”. DTG:679; CS:508.

284.- “Pero Él rehusó recibir la corona de la gloria, y el ropaje real, y también rehusó la adoración de los ángeles como rehusó la adoración de María, hasta que el Padre dijo que Su sacrificio había sido aceptado.
Él también tenía un pedido para presentar, concerniente a Sus escogidos sobre la tierra... Si Él fuese glorificado, Su pueblo debería compartir Su gloria...
La respuesta de Dios a este apelo, es encontrada en la declaración: “Que todos los ángeles de Dios lo adoren”. El pedido de Cristo es contemplado; la iglesia es justificada por Su intermedio, su re-presentante y Cabeza. Aquí el Padre ratifica el pacto con Su Hijo, que Él será reconciliado con el hom-bre arrepentido y obediente, y lo tomará en Su divino favor, a través de los méritos de Cristo. Cristo afirma que Él hará que un hombre sea “más precioso que el oro fino, y más raro que el oro fino de Ofir”. Todo el poder del cielo y de la tierra es ahora concedido al Príncipe de la vida. 3SP:202-203”. 5CBA:1150.

285.- “Jesús rehusó recibir el homenaje de Su pueblo hasta haber obtenido la certeza de que Su sacrifi-cio había sido aceptado por el Padre. Subió a las cortes celestiales, y oyó del propio Dios la afirmación de que Su expiación por los pecados de los hombres había sido amplia, de que por medio de Su sangre todos podrían obtener la vida eterna. El Padre ratificó el pacto hecho con Cristo, de que recibiría los hombres arrepentidos y obedientes, y los amaría tal como ama a Su Hijo. Cristo debía completar Su obra, y cumplir Su promesa de que "el varón será más precioso que el oro, y el hombre lo será más que el oro acrisolado". Isa. 13:12, Versión de Figueiredo. Todo el poder en el Cielo y en la Tierra le fue da-do al Príncipe de la Vida, y Él volvió para Sus seguidores en un mundo de pecado, a fin de les comuni-car Su poder y gloria”. DTG:790.

286.- “Al pecado sólo se le podría resistir y vencer por medio de la poderosa operación de la tercera persona de la Trinidad, la cual vendría, no con energía modificada, sino en la plenitud del divino poder. Es el Espíritu que hace eficaz lo que fue realizado por el Redentor del mundo. Es por medio del Espíritu que el corazón es purificado. Por Él el creyente se vuelve participante de la naturaleza divina. Cristo dio Su Espíritu como un poder divino para vencer toda tendencia hereditaria y cultivada para el mal, y gravar Su propio carácter en Su iglesia... La propia imagen de Dios tiene que ser reproducida en la humanidad. La honra de Dios, la honra de Cristo, se encuentra envuelta en el perfeccionamiento del carácter de Su pueblo”. DTG:671.

287.- “Como Cristo fue glorificado en el día de Pentecostés, así Él será nuevamente glorificado en la finalización de la obra del evangelio, cuando preparará un pueblo para enfrentar la prueba final, al final del conflicto de la gran controversia. RH, 29-11-1892”. 7CBA:983.

288.- “Los discípulos de Cristo son llamados Sus joyas, Su precioso y peculiar tesoro. Él dice: "Como las piedras de una corona, ellos serán". Zac. 9:16. "Haré que un hombre sea más precioso que el oro puro y más raro que el oro fino de Ofir". Isa. 13:12. Cristo considera Su pueblo, en su pureza y perfección, como la recompensa de todos Sus sufrimientos, Su humillación, Su amor y como el suplemento de Su gloria - Cristo, el gran Centro de donde toda la gloria irradia”. MDJ:89.

289.- “No deben desesperar de ninguna cosa, sino que esperar todo. Con la áurea cadena de Su incom-parable amor, Cristo nos ha ligado al trono de Dios. Es Su designio que les pertenezca la más alta in-fluencia del Universo, influencia que emana de la fuente de todo el poder. Tienen que tener fuerza para resistir alo mal, fuerza que ni la Tierra, ni la muerte, ni el infierno pueden dominar; fuerza que los habi-litará a vencer como Cristo venció...
Es deseo de Cristo que el orden celestial, el celestial plan de gobierno y la divina armonía celes-tial, sean representadas en Su iglesia en la Tierra. Así es Él glorificado en Su pueblo. Por medio de ellos, el Sol de la Justicia resplandecerá sobre el mundo con no empañado brillo. Cristo le dio a Su iglesia amplias facultades, de modo a poder recibir abundantes retribuciones de gloria de parte de Su redimida, comprada posesión. Le concedió a Su pueblo capacidad y bendiciones para que representasen Su propia suficiencia. La iglesia, dotada con la justicia de Cristo, es Su depositaria, debiendo revelarse en ella las riquezas de Su misericordia, Su gracia en plena y final manifestación. Cristo considera Su pueblo, en su pureza y perfección, como la recompensa de Su humillación, y el suplemento de Su gloria - siendo Él mismo el grande Centro, de quien toda la gloria irradia”. DTG:679-680.

290.- “El Señor Jesús está experimentando los corazones humanos a través de la manifestación de Su misericordia y gracia abundante. Está realizando transformaciones tan sorprendentes que Satanás, con su triunfante jactancia, con toda su confederación del mal unida contra Dios, y las leyes de su gobierno, se detiene para observarla como una fortaleza inexpugnable, ante sus sofismas y engaños. Son para él un misterio incomprensible. Los ángeles de Dios, serafines y querubines, los poderes comisionados para cooperar con los agentes humanos, contemplan con asombro y gozo, como, hombres caídos, una vez hijos de la ira, están desenvolviendo, a través de la enseñanza de Cristo, caracteres a la semejanza divi-na, para ser hijos e hijas de Dios, para desempeñar una parte importante en las ocupaciones del cielo...
la iglesia, al ser dotada de la justicia de Cristo, se convierte en depositaria del Señor, en la cual la riqueza de Su misericordia, Su amor, Su gracia, aparecerá en su plena y final manifestación... El don de su Espíritu Santo, rico, completo y abundante, será para Su iglesia, semejante a un muro de fuego que la circunde, contra el cual no prevalezcan las potencias del infierno. En Su inmaculada pureza y perfección impecable, Cristo observa a Sus hijos como la recompensa de Sus sufrimientos, Su humillación y Su amor, y el suplemento de Su gloria; Cristo, el gran Centro, del cual irradia toda gloria; ‘bienaventurados los que son llamados a las bodas del Cordero’”. TM:14-15.



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