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El Nuevo Dualismo

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El Nuevo Dualismo

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:42 am

¿Qué es Dualismo?

Tal vez usted no ha oído el término dualismo usado recientemente, especialmente si usted creció en la IASD, la cual rechazó esta doctrina hace ya mucho tiempo. Pero el dualismo ha sido una de las fuerzas más poderosamente formativas en la teología cristiana y que está experimentando un sorprendente re-surgimiento en nuestra iglesia hoy.
La palabra dual, desde luego, nos es familiar. Nosotros reconocemos que indica dos de algo. ¿Dos de qué en teología? Comencemos con una definición del diccionario, la cual es dual (dos veces) en sí misma:
A.- “[En teología] la doctrina de que existen dos principios mutuamente antagónicos en el universo, el bien y el mal”.
Con la definición general probablemente no tengamos problemas. Pensaríamos que vemos este principio demostrado en el gran conflicto entre Cristo y Satanás. Pero hay otra parte de la definición:
B.- “La doctrina de que el hombre posee dos naturalezas, la física y la espiritual”.
Usted puede continuar preguntándose, ¿cuál es el problema? ¿No hablamos nosotros en cuerpo y alma? Claro que si. Si el asunto termina ahí, no vemos nada malo en la doctrina del dualismo que nos preocu-pe. Pero el asunto no termina ahí. Va un paso más adelante, un paso muy significativo, en lo que se co-noce como dualismo Griego. La contribución de los filósofos Griegos a la doctrina de que el hombre posee dos naturalezas, una física y una espiritual, era añadir con gran énfasis que la naturaleza física del hombre es mala, y que la naturaleza espiritual del hombre no es mala, sino que es buena. Así, cuerpo y alma son mutuamente antagónicos el uno con el otro.
Hubieron muchas voces en la poesía y en la filosofía Griega y muchos desacuerdos desde el tiempo de Homero hasta el quinto siglo antes de Cristo, acomodada en el tiempo de los grandes filósofos sis-temáticos, Sócrates, Platón y Aristóteles. De estos tres, Platón era el más fuerte campeón de la idea de que las almas humanas son inmortales, y que habitan en cuerpos humanos solamente mientras viven en la tierra. A esto se siguió que el alma era buena, aun participante de la divinidad, aun cuando el concep-to de divinidad de Platón como siendo santa y sin pecado no es igual al nuestro. Pero el cuerpo, él en-señó, participaba de lo físico y de lo malo, lo cual pervierte todas las cosas físicas.
Esta doctrina lleva al concepto que las cosas físicas, tal como la silla sobre la cual ahora usted se sienta, no es la silla ideal, la silla real. La silla real es aquel concepto espiritual, la idea de una silla, que fue formada en la mente de la persona que se propuso hacer la silla. La silla en la cual usted se sienta es, lo mejor, solamente una pobre aproximación del ideal y necesariamente participa del mal que está en toda la materia.
Estas ideas se esparcieron, no debido a ningún apelo de las Escrituras a las cuales se refieren los cris-tianos, sino debido a la elocuencia y a la habilidad persuasiva de sus maestros, y a su apelo a la mente carnal. Platón era supremamente articulativo y elocuente, y su enseñanza de que las faltas en el carácter humano no se necesitaba lidiar con ellas en esta vida, sino que podían ser trabajadas en la otra vida, ha tenido un fuerte y universal apelo para las mentes carnales.
Para resumir, aquellos que siguieron el pensamiento de Platón creyeron que la naturaleza espiritual del hombre, el alma, era tanto inmortal como buena, mientras que la naturaleza física, el cuerpo, nacía mortal y malo. Este concepto es lo que es llamado el dualismo Griego. Él ve el cuerpo y el alma como siendo mutuamente antagónicos, y que por lo tanto ambos no pueden florecer y prosperar al mismo tiempo. Uno tiene que ser debilitado para que el otro se fortalezca.
A través de la influencia de tales padres de la iglesia, tales como Orígenes y Agustín, este dualismo Griego hizo su camino hacia la Iglesia Católica Romana, donde rápidamente encontró expresión en di-versos intentos para afligir, depravar y punir el cuerpo para el bien del alma. Ayunar hasta el punto de casi morir por inanición, el llevar cadenas o llevar ropas de cabello, la flagelación, la práctica del celi-bato, y penitencias de todo tipo y descripciones nacieron de esta doctrina dual Griega-Católica-Romana, de que todos nosotros tenemos dos naturalezas humanas, y que mientras más privemos y afli-jamos al cuerpo, más el alma podrá elevarse a nuevos niveles de felicidad y virtud.
Las cosas se mantuvieron así hasta la Reforma. Calvino y Lutero, aun cuando no eran capaces de traba-jar ellos mismos libres del concepto de la inmortalidad del alma, rechazaron la idea de afligir el cuerpo para el bien del alma. Este beneficio puede ser llamado negativo, ya que las prácticas nocivas de la auto-aflicción fueron dejadas a un lado.
Eso quedó para los pioneros de nuestra iglesia, conducidos por el Espíritu de Dios, para moverlos de lo negativo hacia lo positivo, y afirmar que la salud del cuerpo contribuye positiva y efectivamente para la salud del alma. Así, nuestros pioneros tomaron una posición a la mayor distancia posible del dualismo Griego-Católico-Romano. Ellos rechazaron firmemente la idea de que el alma es inmortal, y que puede existir en forma separada del cuerpo. Su estudio de las Escrituras los trajo a la conclusión de que el hombre es un todo, una unidad inseparable de cuerpo y alma, y que ambos están tan íntimamente rela-cionados, que la prosperidad de uno es grandemente afectada por la prosperidad del otro. Así, el hom-bre no posee dos naturalezas humanas, sino que una única naturaleza humana, en la cual los dos com-ponentes no son antagonistas, sino que aliados.
Ellos fueron conducidos a estas conclusiones por Escrituras como estas:
“Amado, deseo que prosperes en todo, y tengas salud, así como prosperas espiritualmente”.
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es santo. Y ese templo sois voso-tros”.
“¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio. Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo”.
“Así, si coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.
“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él. Y si un miembro es honrado, todos los miembros se gozan con él”.
“Conforme a mi anhelo y mi esperanza de que en nada seré avergonzado. Antes, con toda confianza, como siempre, ahora también Cristo será magnificado en mi cuerpo, por la vida o por la muerte”.
“Quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí”.
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado sin culpa para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Estos estudios llevaron a nuestros pioneros a la conclusión que las leyes de salud de las Escrituras fue-ron dadas por el Dios de amor, y tenían la intención de hacer y mantener al pueblo de Dios el más sano y feliz del mundo. Nuestro propio mensaje de salud ASD nació con los mismos blancos en mente. Cre-ciendo y progresando siempre la luz vino al pueblo Adventista del Señor, ellos fueron conducidos lejos de las drogas venenosas hacia el uso de métodos de cura que de ninguna manera perjudicarían el cuer-po. Ellos fueron conducidos a dejar a un lado el alcohol, el tabaco, el café, el té, y los alimentos cárneos que están clasificados como “impuros” en las Escrituras. Ellos fueron eventualmente animados a no continuar usando ningún alimento cárneo y a seguir tan cerca como fuese posible la dieta Edénica.
Ahora está claro que enormes beneficios de salud han resultado de seguir este programa, pero que esto no era todo su propósito. El concepto de la íntima relación entre alma y cuerpo, exactamente lo opuesto del dualismo Griego-Católico-Romano, el cual los ve como siendo antagonistas, fue el principio su-premo de este mensaje de reforma de salud.
La mensajera escogida por Dios colocó delante de nosotros verdades relacionadas con la interdepen-dencia entre lo espiritual, mental y físico, que tenían que ser reconocidas más tarde por investigadores médicos y que se le dio el nombre de “medicina psicosomática”.
“En Su Palabra escrita y en el gran libro de la naturaleza Él ha revelado los principios de la vida. Es nuestro trabajo obtener un conocimiento de estos principios, y a través de la obediencia cooperar con Él en restaurar la salud del cuerpo y del alma… El amor que Cristo difunde a través de todo el ser es un poder vitalizador. Cada parte vital, el cerebro, el corazón, los nervios, las toca sanando”.
“Gratitud y confianza abren el corazón al poder sanador de Dios, las energías de todo el ser son vitali-zadas, y la vida va hacia el triunfo”.
“Los venenos contenidos en muchos de los así llamados remedios, crean hábitos y apetitos que son la ruina tanto para el alma como para el cuerpo… Pero al final se encontrará que la naturaleza, cuando no se le ponen obstáculos, hace su trabajo sabiamente y bien hecho. Aquellos que perseveran en la obe-diencia a sus leyes, cosecharán la recompensa en la salud del cuerpo y en la salud de la mente”.
“Todos tienen que familiarizarse con aquel más maravilloso de todos los organismos, el cuerpo humano. Ellos debieran entender las funciones de los diversos órganos y la dependencia de uno sobre el otro para la acción saludable de todos. Ellos debieran estudiar la influencia de la mente sobre el cuerpo, y del cuerpo sobre la mente, y las leyes a través de las cuales son gobernados… Cualquier cosa que per-judique la salud, no solo lesiona el vigor físico, sino que tiende a debilitar los poderes mental y moral. La indulgencia con cualquier práctica no saludable hace más difícil para uno discriminar entre lo co-rrecto y lo errado, y por lo tanto más difícil resistir al mal”.
“El cuerpo es el único medio a través del cual la mente y el alma se desarrollan para la construcción del carácter”.
“La mente se fortalece ante el correcto trato de los poderes físico y mental”.
“Un estómago desordenado produce un estado mental desordenado e incierto. A menudo causa irritabi-lidad, aspereza o injusticia. Muchos planes que podrían haber sido una bendición para el mundo han si-do dejados a un lado; mucha injusticia, opresión y aun crueles medidas han sido llevadas adelante, co-mo resultado de condiciones enfermizas debido a errados hábitos alimenticios”.
Así como la salud del cuerpo contribuye para el bienestar del alma, así el bienestar del alma contribuye a la salud del cuerpo, y ambos están íntimamente relacionados como aliados, no como antagonistas. Cualquier cosa que afecte a uno, afectará al otro. Ese es un relacionamiento tan íntimo y tan entretejido que sería imposible pensar en que uno podría estar separado del otro y que no se vea afectado por lo que le sucede al otro. Una noción como la que dice que miles de años de deterioración de la raza humana afectó la naturaleza física de Cristo sin tener ningún efecto sobre Su naturaleza espiritual, jamás armonizará con esta filosofía ASD de la salud.
Sin embargo, tal como lo hemos declarado anteriormente, el dualismo Griego-Católico-Romano está ahora siendo presentado a la IASD, creando una nueva doctrina de dualismo Adventista. ¿Cómo pudo haber sucedido?
Hay un antiguo proverbio que el decir una inverdad es lo mismo a requerir que se digan otras inverda-des. Eso es lo que está sucediendo hoy. La primera trágica inverdad apareció entre nosotros con la pu-blicación del libro QOD en 1957. Tal como se ha señalado, este libro y su material promocionado re-presentó al mundo que los ASD siempre habían creído que nuestro Señor había venido a la tierra en la naturaleza humana no caída de Adán. Una cuidadosa y completa investigación documentada ha traído a la luz 1200 declaraciones de nuestros registros históricos afirmando que lo contrario es lo verdadero, que nuestro Señor vino en la naturaleza humana caída del hombre. Cuatrocientas de estas declaraciones fueron de la pluma inspirada de Ellen White.
Así se requirió una elección por parte nuestra. O nosotros corregimos la interpretación errada y dejamos las cosas correctas, o entonces encontramos alguna manera de defender la interpretación errada. Esa es la razón por la cual ahora una segunda inverdad está siendo presentada en defensa de la primera inverdad. El problema que encontramos ahora es la masa de evidencia proveniente de la pluma de Ellen White, 400 declaraciones en total, diciendo que nuestro Señor tenía una naturaleza humana como la nuestra, y no como la del no caído Adán. El pueblo Adventista ha creído, y aun estaba escrito en la nueva declaración doctrinal, Creencias de los ASD, que sus escritos son inspirados y autoritarios.
¿Qué puede ser hecho? Aparentemente se ha decidido por parte de algunos entre nosotros, revivir el an-tiguo dualismo Griego-Católico-Romano y anunciar que Jesús realmente tenía dos naturalezas humanas, una caída y la otra no caída.
Este es un nuevo dualismo Adventista, una total repudiación del principio de la unidad del cuerpo y del alma que ha sido sostenido por nuestra iglesia hasta ahora. Para hacer con que las cosas sean aun peores, se está diciendo ahora que este es el verdadero significado de las 400 declaraciones de Ellen White acerca de la naturaleza humana caída de nuestro Señor.
Pero esta desafortunada maniobra ha creado muchos más problemas de los que ha resuelto. A menos que concibamos un Cristo que es totalmente diferente a nosotros, contrario a todo lo que hemos apren-dido de las fuentes inspiradas, tendremos que tomar la posición que todos nosotros somos los infelices poseedores de dos naturalezas humanas antagónicas y competitivas. Sólo necesitamos mirar hacia atrás a los resultados de esta desgraciada doctrina durante la Edad Media para ver hacia dónde nos llevará una enseñanza de ese tipo.
Tenemos que recordar que el argumento que fue presentado contra nuestra creencia de que Cristo tenía una naturaleza humana caída era el que poseer una naturaleza así lo habría colocado bajo la condenación de Dios. Si esto es verdad, la condenación tiene que descansar sobre una naturaleza humana caída de cualquier proporción. Reducirla de 100% para 50% no resolvería nada. Si Dios condena las naturalezas humanas caídas, las condena todas, no importa cual sea su tamaño. No ganaríamos nada diciendo que la naturaleza humana de Cristo sólo estaba parcialmente bajo la condenación de Dios. Si nuestras naturalezas espirituales son caídas, pero la de Él no lo era, ¿cómo se puede decir que Él fue tentado en todo tal como lo somos nosotros?
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Re: El Nuevo Dualismo

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:42 am

Conforme al testimonio de Ellen White sobre este asunto, observamos que:

1.- Los registros históricos no revelan que alguien, ya sea entre sus amigos o entre sus enemigos, en-tendió la intención de que sus 400 declaraciones sólo querían decir que la naturaleza física de Cristo era caída, antes que el libro QOD fuese publicado en 1957. Representarlos así, requiere una manipulación y una torcedura de la evidencia no menos irrazonable que la que aparece en QOD.
2.- Todo el tenor de los escritos de Ellen White es opuesto al dualismo Griego-Católico-Romano en cualquiera de sus formas. Ella fue una maestra pionera y campeona de la verdad de que el hombre es un ser completo, una unidad, un todo, y que como un ser tal él será salvo o se perderá.
3.- Encontramos que el concepto de que solo el cuerpo de Cristo era caído y que era específicamente rechazado en declaraciones como estas:
“Él no sólo fue hecho carne, sino que Él fue hecho en semejanza de carne pecaminosa”.
“Su naturaleza humana era… idéntica con la nuestra. Él tenía un cuerpo humano y una mente huma-na”.
“Él fue hecho como Sus hermanos, con las mismas susceptibilidades, mental y física”.
“Estaba en la orden de Dios que Cristo debía tomar sobre Sí mismo la forma y la naturaleza del hombre caído”.

¿Ganamos alguna cosa volviendo a la antigua enseñanza del dualismo Griego, que ha tenido un efecto tan maléfico sobre la Iglesia Católica Romana de la Edad Media? Nada, a menos que admitamos el ce-libato, la auto-flagelación, y una hueste de otras prácticas de auto-abnegación en las cuales el cuerpo es afligido para el bien del alma. ¿Por qué, entonces, hay algunos entre nosotros urgiéndonos para que le demos las espaldas a la luz y para que abracemos las tinieblas?
Los esfuerzos para llevar a cabo este cambio son simplemente una demostración del principio de que decir una inverdad requiere decir otras inverdades. Habiendo publicado el falso testimonio histórico de que siempre habíamos creído que Cristo vino a esta tierra en la naturaleza humana no caída de Adán, y que ahora somos confrontados con una inmensa montaña de evidencia, mostrándonos que lo contrario era realmente la verdad, tenemos que elegir entre admitir el error y corregirlo o desafiantemente defen-der el error. Los infelices resultados de aquellos que han decidido por esta última opción, están ahora delante de nosotros en el aturdimiento y en la confusión que se está diseminando entre nuestros miem-bros.
Algunos años atrás, yo estaba en la Escuela Sabática del Seminario Adventista Asiático, donde yo esta-ba sirviendo como jefe departamental y escuché a un colega profesor quejarse desde el púlpito:
“Paso la mayor parte de mi tiempo tratando de hacerle entender a mis estudiantes que la naturaleza humana de Cristo era tanto la caída como la no caída”.
Mis simpatías estaban con los estudiantes entonces, y están con los miembros de la iglesia ahora. Otro profesor en el mismo seminario, habiendo comparado nuestra investigación con QOD, me dijo: “Fui llevado a QOD. Fui confundido con la gimnasia mental de manera que continué adelante, pero no sabía que hubiese algo más. Su investigación puede hacer con que la iglesia se de vuelta en relación a este asunto”.
¿Sucederá realmente esto? Actualmente no hay muchas esperanzas. Sólo podemos esperar y orar, y estar seguro de que nosotros no seamos agarrados por la apostasía. Que Dios pueda ayudarnos, a cada uno, a estudiar Su Palabra, dividiendo en forma justa la Palabra de la verdad.

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