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Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

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Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:38 am

Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Acusaciones poco halagüeñas, términos peyorativos, epítetos, apodos, estas han sido durante mucho tiempo las armas de los argumentos débiles. Abraham Lincoln es acreditado por la historia de un abo-gado que, en medio de un juicio, le pasó una nota a su asociado que decía, “Nuestra evidencia es débil. Irrite al acusado”. El uso del argumento “ad hominem”, contra el hombre, es en todo una técnica muy familiar para aquellos cuya posición no está bien sostenida por la evidencia. Es un principio largamente establecido de análisis y de debate que aquellos que poseen evidencia presentarán su evidencia, mien-tras que aquellos que no poseen evidencia, recurrirán al argumento “contra el hombre”.
Nosotros que hemos gastado años en un trabajo evangelístico a menudo hemos sido blancos de esta técnica. Hemos sido llamados judíos, legalistas, almas dormidas, comedores de berzas, gritadores de calamidades, y así por delante, debido a nuestra enseñanza de las verdades bíblicas que nuestros opo-nentes encuentran difíciles de desaprobar con la evidencia. De la misma manera, aquellos que aun se están aferrando a los principios de nuestra fe histórica ahora encuentran una técnica similar siendo usada por aquellos que están promoviendo el Calvinismo entre nosotros. Ya que es virtualmente imposible que ellos enfrenten nuestra evidencia con evidencia, ahora somos llamados de legalistas, perfeccionistas, derechistas, tradicionalistas, etc.
Una variación de este argumento contra el hombre es la declaración, “estamos bajo la gracia”, como si aquellos que guardan el Sábado no estuviesen bajo la gracia; o “nosotros somos cristianos del Nuevo Testamento”, como si aquellos que quieren obedecer todos los mandamientos de Dios no fuesen cris-tianos del Nuevo Testamento. La contrapartida de este argumento es vista en nuestra iglesia cuando aquellos que promueven el Calvinismo dicen “somos evangélicos”, como si aquellos de entre nosotros que hemos ganado almas para Cristo a través de una asistencia pública y de esfuerzos evangelísticos no fuésemos evangélicos.
Sin embargo, no debiéramos permitir que estas acusaciones nos hagan retroceder hacia una actitud de-fensiva. Bien podemos esperar analizarlas y examinarlas, sin ninguna aprehensión de que puedan con-tener una verdad perjudicial. Simplemente podemos hacer la pregunta, “¿Qué significan estas acusa-ciones?”. Esta pregunta, en sí misma, comprobará ser una adecuada defensa contra ellas.
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Re: Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:39 am

Legalismo.-

Las definiciones del término “legalismo” se pueden encontrar en diccionarios normales, como los si-guientes:
“En teología, la doctrina de la salvación por las buenas obras”.
“En teología, la doctrina de la salvación a través de las obras, o una estricta adherencia a un código re-ligioso, en vez de hacerlo por la gracia”.
Hacemos una pausa para observar que Cristo no tiene ningún lugar en una doctrina de salvación como esa, tal como está mostrada aquí. Nosotros lo comparamos con la definición del Espíritu de Profecía:
“El espíritu de esclavitud es engendrado tratando de vivir de acuerdo con una religión legal, tratando de cumplir los reclamos de la ley en nuestra propia fuerza”.
Nuevamente observamos la característica sin Cristo del legalismo, indicada por las palabras “en nuestra propia fuerza”. El tratamiento escriturístico clásico de esta condición se encuentra en Romanos 7, donde el apóstol Pablo, que una vez fue legalista, describe con exactitud los fútiles esfuerzos contra el mal interior y el mal exterior, lo cual es la experiencia de uno que trató de hacer la voluntad de Dios sin la asistencia del Hijo de Dios. Pablo lo resume en el verso 25:
“Yo mismo”, en el Griego, ego autos, lo cual significa “yo solo” (Larson); “yo dejado a mí mismo” (Moffatt); “yo, abandonado con mis propios recursos” (Arndt y Gingrich); “con mi mente… sirvo la ley de Dios; pero con la carne a la ley del pecado”.
Yo solo, dejado a mí mismo, abandonado con mis propios recursos, luchando para guardar la ley de Dios en la fuerza humana, sin la ayuda de Cristo, esto es legalismo. Que el significado del término ha sido entendido así durante siglos, es testimoniado por los diccionarios, los cuales nos han informado, en las definiciones anteriores, cómo la palabra ha sido usada en teología.
Ciertas verdades son inmediatamente aparentes. Primero, el legalismo no se aplica a un mandamiento más que a otro mandamiento. Luchar para obedecer a cualquiera de los mandamientos de Dios en nues-tra propia fuerza, sin Cristo, es legalismo. Aquellos que describirían a una persona que adora en Sábado como un legalista, pero que asegura que alguien que efectúa los mismos actos de adoración el domingo, no es un legalista, no está en lo correcto.
Segundo, el legalismo no es un acto. Es una actitud. Alguien que trata de controlar su lengua, descan-sando en su propia fuerza, es un legalista. Alguien que trata de hacer la misma cosa, descansando en Cristo, no es un legalista. La diferencia está en la actitud, no en el acto. Observe cuán claramente es es-tablecido este principio en la alegoría de Pablo en Gálatas:
“Porque está escrito, que Abraham tuvo dos hijos, uno a través de la esclava, el otro de la mujer libre. Pero aquel que era de la esclava nació conforme a la carne; pero aquel que nació de la mujer libre fue por la promesa”. No había diferencia entre el acto de Abraham en su relación con Sara y el acto de Abraham en relación con Hagar. Ambos actos eran idénticos. La diferencia estaba en la actitud, no en el acto. Uno fue un acto realizado en fe y confiando en la promesa de Dios. El otro fue un acto realizado en auto-confianza, lo cual es legalismo. El legalismo es una actitud. No un acto. El mismo acto realizado por dos personas diferentes puede ser legalista o cristiano, dependiendo de la actitud; y el mismo acto realizado por una misma persona en dos tiempos diferentes puede ser legalista o cristiano, dependiendo de la actitud.
Por lo tanto ningún acto del hombre puede ser definido como legalista por un observador humano, a menos que se confiese abiertamente que no es cristiano, que es un acto de auto-confianza. El legalismo es una actitud, y las actitudes están dentro del corazón, y por lo tanto no pueden ser leídas con exactitud por los ojos humanos. Cuán inapropiado es, entonces, que cualquier cristiano pronuncie juicios sobre otro cristiano y lo llame de legalista, reclamando así el poder divino para juzgar los corazones humanos. Que todas esas personas consideren si están manifestando la actitud del propio Satanás “Seré como el Altísimo”.
Y que todos nosotros consideremos que nosotros seres humanos, no somos expertos ni siquiera en leer nuestros propios corazones, como debiera ser. Si existe alguna posibilidad de volvernos legalistas, es aquí donde podemos llamarlo de un legalismo no intencional o inconciente. En 45 años de ministerio entre el pueblo Adventista, no creo que haya encontrado ningún miembro de iglesia que hubiese res-pondido “Si” a la pregunta, “¿Usted cree que es posible realizar la voluntad de Dios exitosamente sin ninguna ayuda de Cristo?”. ¡Yo confío que cualquier miembro de iglesia que yo haya encontrado, ya sea aquí o en el campo misionero, respondería rápidamente esa pregunta con un firme “No”!
Pero no es imposible que un cristiano sostenga esta verdad, sin efectivamente practicarla. A través de un descuidado relacionamiento con Cristo, uno puede ser privado de la fuerza de Cristo sin darse cuenta de ello, y así volverse sin éxito en la vida cristiana. Contra este tipo de inadvertido legalismo todos debiéramos estar en guardia. Debiéramos guardar nuestros corazones diligentemente y analizar nuestras actitudes cuidadosamente, haciendo nuestro determinado propósito de nunca dejarnos separar de la fuerza de Cristo.
Pero este legalismo es totalmente diferente del tipo que los Calvinistas tienen en mente cuando acusan a los ASD de ser legalistas. Los Calvinistas se han alejado de la definición histórica de religión legal, que es “salvación por las obras”, un intento de realizar la voluntad de Dios y de vencer la tentación en nuestra propia fuerza. Ellos colocan en su lugar su propia definición Calvinista, de que legalismo es cualquier intento, por cualquier medio, de realizar la voluntad de Dios. Ellos insisten en que la vida cristiana victoriosa simplemente no es posible, aun a través del poder de Cristo.
Esta creencia lleva a la ridícula conclusión que los “legalistas” pueden ser identificados por sus fervien-tes deseos de vivir vidas inmaculadas, y a través de la gracia de Cristo ser verdaderamente semejantes a Cristo en carácter y en realizar la voluntad de Dios. A través de este increíble raciocinio torcido, las al-tas normas de la vida cristianan serían indicadores de legalismo, mientras que las bajas normas serían indicadores de verdadero cristianismo. Una confusión como esta fue exhibida por el colega profesor que yo le escuché decirle a sus alumnos, “yo como suficiente comida como para no ser legalista”. Con la misma lógica uno podría decir, “yo quiebro el Sábado justo lo necesario como para no ser legalista”, o “yo cometo adulterio justo lo necesario como para no ser legalista”.
¿Indican las altas normas legalismo, o las bajas normas indican verdadero cristianismo? Si, para alguien que está desesperadamente confundido. No, para los cristianos que creen en la Biblia que recuerdan que la Biblia dice: “Aquel que dice que habita en él, tiene que caminar como él caminó”.
Para la mensajera especial de Dios para los guardadores de los mandamientos de la iglesia remanente, que testimonian el poder salvador de Dios, no menos de 4500 veces, ¡la respuesta a la pregunta anterior es un NO muy enfático! He aquí una muestra representativa de su testimonio:
“A los seres humanos que luchan para conformarse a la imagen divina, se les imparte un desembolso de los tesoros celestiales, una excelencia de poder, que los colocará más alto que los ángeles que nunca han pecado”.
“Hay una reserva de poder a nuestra petición, y no tenemos por que permanecer en la oscura, fría, y sin sol caverna de la incredulidad; o entonces no captaremos los brillantes rayos del Sol de la Justicia. Ser un cristiano requiere más que una profesión de fe. Tiene que haber un sincero esfuerzo para vencer a través de la gracia libremente dada por Dios”.
“La muerte y resurrección de Cristo han abierto ante toda alma una fuente ilimitada de poder de la cual pueden sacar. Este poder lo capacitará para vencer los rasgos más objetables de su carácter. El otorga-miento de la gracia de Dios está aguardando la demanda de cada alma enferma de pecado. Ella sanará toda enfermedad espiritual. A través de ella los corazones pueden ser purificados de toda contamina-ción. Es el remedio del evangelio para la maldición del pecado. Ella une a los seres humanos con Cristo en la realización de buenas obras, capacitándolos para andar en el camino de la obediencia, represen-tando al mundo la mansedumbre y humildad que han aprendido del Salvador”.
“Dios posee poder en reserva para nosotros. Aquellos que están buscando ayuda, ejercitando su fe en Jesús, lo recibirán. El divino poder cooperará con el esfuerzo humano. Hermanos, los portones están abiertos, y la gloria de Dios está brillando para cada alma que mira hacia el Cielo en los tiempos de prueba y de perplejidad”.
Infelizmente, muchas definiciones sueltas del término “legalismo” están siendo comúnmente empleadas en nuestro tiempo. Algunos de entre nosotros no dudan en aplicar el término como un epíteto a cualquiera cuyo estilo de vida o teología sea diferente de la suya. Pero tenemos que recordar que el término es adecuadamente definido en el Espíritu de Profecía y en los diccionarios, tal como se ha mos-trado anteriormente.
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Re: Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:39 am

Perfeccionismo.-


La doctrina del perfeccionismo ha sido y aun es una sobre reacción contra los errores del calvinismo. Muchos cristianos han observado los maléficos efectos en personas y en la sociedad que son producidos por la doctrina calvinista de que es imposible, aun a través del poder de Cristo, que alguien deje de pecar. Ellos han abandonado esta falsa doctrina de “solo justificación”, y se han esforzado para darle a la doctrina bíblica de la santificación su lugar adecuado en el plan de salvación. Nosotros simpatizamos con ellos y apreciamos sus preocupaciones, pero infelizmente algunos de ellos han sobre reaccionado y han ido demasiado lejos. Aun John Wesley aceptó la idea de que a través de una segunda obra de la gracia, la cual puede ocurrir algún tiempo después de la conversión, un cristiano puede ser instantánea y permanentemente santificado. Él llamó a esto la realización del “amor perfecto”. Sin embargo Wesley nunca dijo haber tenido esa experiencia, ni tampoco lo hizo John Fletcher o Francis Asbury, dos de sus co-obreros líderes.
Probablemente la escuela más influyente del perfeccionismo que el mundo haya visto, se desarrolló en el Colegio Oberlin en Ohio, bajo el liderazgo de Charles Finney, Asa T. Mahon, y sus asociados. Bajo sus ministerios la doctrina fue más plenamente desarrollada que por los primeros perfeccionistas. Es por esta razón que nosotros hemos esperado hasta ahora, antes de presentar una definición. Su doctrina completa del perfeccionismo posee cinco partes:

1.- La vida del cristiano victorioso, la perfección del carácter a través del poder de Cristo, es posible y es alcanzable.
2.- Esta perfección del carácter cristiano puede ocurrir en un instante, es una santificación instantánea.
3.- Cuando la santificación instantánea ha ocurrido, el cristiano estará conciente de ello, y puede testi-moniarle al mundo que él o ella se ha vuelto sin pecado.
Estas tres partes básicas de la doctrina fueron sostenidas por muchos, sino por todos, los perfeccionis-tas. El lector reconocerá que Ellen White, aun cuando era un apóstol de poder, aceptó sólo la primera de estas tres posiciones y rechazó firmemente las otras dos. En Oberlin fueron añadidas otras dos pro-posiciones.
4.- La doctrina de la simplicidad de la acción moral. De acuerdo con esta doctrina, cada acto de la vida, no importa si es grande o pequeño, es en sí mismo totalmente sin pecado o totalmente pecaminoso, y la persona que ejecuta cualquier acto en la vida, grande o pequeño, también es o totalmente sin pecado o totalmente pecaminosa. No hay seguridad en Cristo, ningún manto cubridor de justificación por la fe, sino que apenas una ansiedad que nunca tiene fin sobre la condición espiritual de cada uno. Para alejar parcialmente el desánimo de esta terrible doctrina, fue añadida una quinta proposición.
5.- La doctrina de la segura providencia de Dios. Esta doctrina enseñó que Dios nunca dejaría a ningún cristiano que haya pecado, que sea llevado por la muerte sin darle tiempo y oportunidad para arrepen-tirse.
Ellen White, aun cuando protestó enérgicamente contra los errores del calvinismo, nunca se vio envuelta en ninguna de estas sobre reacciones. Así, llamarla de perfeccionista, o llamar a aquellos que aceptan sus escritos como testimonios del Espíritu Santo para el pueblo Dios, perfeccionistas, es aplicar muy mal el término. El espacio aquí no nos permite presentar todos sus fuertes argumentos contra los errores del perfeccionismo, pero pueden ser encontrados en el libro “Proclamen Su Poder”.
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Re: Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:40 am

Derechistas.-

Este término es el lenguaje de los políticos, no de los religiosos. Los políticos que no respetan ninguna norma de derecho y colocan mal las palabras “derecha” e “izquierda”, en vez de “correcto” y “errado”, y que separan a las personas en dos categorías, o bloques de votantes, de acuerdo a sus actitudes con respecto a diversos tópicos. Él estima que cierto número de votantes sostienen puntos de vista de dere-cha o de izquierda de lo que él ve como una posición central (probablemente su propia posición). Para los políticos, las palabras “derecha” e “izquierda” no tienen nada que ver con corrección o con rectitud moral. Estas palabras simplemente le indican al político qué lenguaje él debiera usar y qué promesas o concesiones él debiera hacerle a cada grupo para poder obtener su apoyo político, sus votos.
El líder de iglesia que lleva este concepto en sus relaciones con los miembros de iglesia está mostrando el mismo cinismo y actitud moral que el político. Él no se preocupa consigo mismo con lo que es moral o teológicamente correcto o errado, sino que solamente con la pregunta pragmática de cuánto va a ganar o cuánto apoyo va a obtener de los diferentes segmentos de su electorado. Así, él ve grupos en su Asociación cuya teología es incorrecta, como personas a quienes hay que hacerles ciertas concesiones, en vez de mirarlas como personas que necesitan ser guiadas hacia una teología correcta.
Esta actitud está muy lejos de aquella del verdadero pastor del rebaño que no haría ninguna concesión sacrificando la verdad o los principios por amor a la popularidad. Y él nunca tomaría la básica actitud cínica de que él no necesita preocuparse con defraudar u ofender a los “conservadores”, porque él con-sidera, como yo le escuché decir a un administrador, “aun si se ofenden debido a lo que hacemos, ellos no nos van a causar ningún problema serio”.
El verdadero líder espiritual considerará su deber llevar un testimonio de la verdad de Dios en cualquie-ra y todas las circunstancias, sin llevar en consideración el efecto que pueda tener en su avance político. Él está ahí por principio, no por política, colocando la aprobación de Dios sobre la aprobación de los hombres. Permanecer en la oficina no es su supremo objetivo, sino que más bien permanecer en un co-rrecto relacionamiento con su Dios. Él está siempre preparado para “permanecer al lado de lo correcto aun cuando los cielos se desplomen”.
Por otro lado, si el presidente de la Asociación es primariamente un político, encuentra división de pen-samiento en una iglesia o iglesias en su Asociación, él no va a preguntar, ¿quién está a favor de la ver-dad de Dios? Sino que va a preguntar, ¿quién posee la mayor influencia y posee más dinero? ¿Quién me va a dar mayor problema si yo no estoy de acuerdo con él? Un administrador así es llamado “adulador de hombres” en el Espíritu de Profecía, y esos no son aplaudidos.
Aquellos que aplican estas actitudes políticas a las divisiones teológicas que están amenazando la uni-dad de nuestras iglesias hoy, no sólo son cínicamente pragmáticos, sino que están lejos de la armonía con los hechos y necesitan considerar las realidades de la situación. Aun un examen rápido de los regis-tros históricos revelará que la mayoría de aquellos que son llamados “derechistas” hoy no se han des-viado nada hacia la derecha de las posiciones generalmente sostenidas por todos los ASD, hasta que el libro QOD fue publicado en 1957.
No hay ninguna evidencia sobre este punto. Uno necesita apenas mirar las publicaciones y los materiales educativos en uso con anterioridad a la década de 1960, para establecer este hecho. Esos materiales incluyen artículos en la Review and Herald y Signs of the Times, libros textos de las escuelas y pro-gramas de estudio, las diversas guías de estudio de la Biblia que fueron circuladas por la Voz de la Pro-fecía y por otras agencias, y aun el CBA. En ninguno de estos se encontrará ningún trazo de la doc-trina calvinista de que no es posible, por ningún medio, que los cristianos dejen de pecar.
Si el lector no tiene tiempo para efectuar una investigación así, le recomendamos el libro “Sólo Por la Fe” de Norval Pease. En sus capítulos finales, el Dr. Pease ha provisto una muestra representativa de la literatura Adventista de nuestros años pre-calvinistas. En su tratamiento del asunto de la justificación por la fe, todos los autores citados por Pease confirman fuertemente el principio de la vida victoriosa del cristiano a través del poder de Cristo.
Pero muchos de aquellos que se han ido bien hacia la “izquierda”, como ha sido, de este camino derecho de la verdad histórica, hacia las falsas doctrinas del Calvinismo, ahora están mirando hacia atrás hacia los miembros de iglesia que se rehúsan a seguirlos en su desvío y que los están llamando “derechistas”. “Ustedes se han movido del camino recto hacia la derecha”, es la acusación.
Es difícil imaginar una mayor mala interpretación de los hechos. Aquellos de nosotros que somos lla-mados “derechistas” insistimos en que no nos hemos movido hacia la derecha. Nosotros continuamos en un curso recto sin desvíos, del cual los calvinistas se han apartado muy lejos hacia la izquierda. Hagamos todo lo que podamos para llamarlos de vuelta, pero nunca nos permitamos a nosotros mismos sentirnos aborrecidos o engañados por estas falsas acusaciones.
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Re: Legalistas, Perfeccionistas y Derechistas

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:41 am

Tradicionalistas.-


El uso de este término para describir a los ASD que están tratando de aferrase a los principios de su fe histórica, es un truco de propaganda, sienten algunos, que muy bien puede haber sido concebido en la mente del propio Satanás. El llamado a alejarse de las tradiciones de los hombres hacia la pura Palabra de Dios ha sido un tema central y consistente en todos los desafíos ganadores de almas de los ASD. Nuestros pioneros dieron el ejemplo rechazando las observancias del domingo apoyadas por la tradición y aceptando la observancia del Sábado apoyada por las Escrituras. Aquellos que han aceptado el mensaje ASD han tomado una decisión conciente y deliberada de vivir por las Escrituras y no por la tradición. Ellos lo han hecho así porque pudieron ver que ninguna doctrina sostenida por los ASD está basada en la tradición.
Pero los Calvinistas entre nosotros cambiarían la definición de este término, como también cambiarían la definición del término “legalismo”. En vez de definir adecuadamente la tradición como una enseñanza de los hombres que no está apoyada por las Escrituras, ellos están aplicando el término a las doctrinas de la Biblia que han sido sostenidas por otros antes que nosotros. Así, ellos aparentemente esperan redireccionar nuestra fuerte predisposición mental contra la tradición, y volver esa fuerza contra las doctrinas bíblicas que nos han hecho un pueblo.
Una verdad bíblica no es una tradición del hombre y no puede ser así debido al paso del tiempo. El tiempo no cambia la verdad en error, ni tampoco cambia las Escrituras en tradición. Nosotros no somos “Adventistas tradicionales” debido a que sostenemos firmemente los principios de la verdad de la Bi-blia estudiados por nuestros pioneros, verdades que no han sido anuladas por el tiempo o las pruebas. Si es necesario un término descriptivo para distinguirnos de los Calvinistas entre nosotros, entonces que seamos conocidos como “Adventistas históricos” y no como “tradicionalistas”. Y no dejemos a los Calvinistas entre nosotros que se escondan detrás del término “evangélicos”, sino que se identifiquen franca y derechamente a sí mismos como lo que realmente son, Calvinistas.
Reconocemos, desde luego, que aquellos descritos como los “Calvinistas entre nosotros” no han abra-zado todas las falsas doctrinas del Calvinismo, tales como la predestinación, etc. Ellos han, sin embargo, abrazado varias doctrinas importantes del Calvinismo que son incompatibles con doctrinas vitalmente importantes de la fe histórica Adventista.
Resumiendo, recordemos el principio común de análisis y debate: aquellos que tienen evidencia presen-tarán su evidencia. Aquellos que no tienen evidencia, acudirán al argumento ad hominem contra el hombre. Regocijémonos que nuestra causa está sostenida por la evidencia y no por falsas acusaciones, términos peyorativos, epítetos, y apodos. La verdad no necesita de tales defensas. Y recordemos las pa-labras de Jesús:
“Bienaventurados sois cuando os insulten y persigan, y digan de vosotros todo mal por mi causa, min-tiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en el cielo, que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.
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