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El Peso de la Evidencia

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El Peso de la Evidencia

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:36 am

El Peso de la Evidencia

La “plataforma de la verdad” de los ASD, que trajo luz a un mundo en tinieblas, fue formada a través de los años de un cuidadoso estudio y de oración de toda la Biblia. Algunos grupos cristianos no esta-ban tomando en cuenta el Antiguo Testamento, mientras profesaban aceptar el Nuevo. Otros estaban yendo tan lejos como para no tomar en cuenta los cuatro evangelios y comenzaban su lectura de la Bi-blia con la historia del Pentecostés en el segundo capítulo de Hechos. No pocos estaban ignorando el libro de Apocalipsis. Pero nuestros pioneros rechazaron firmemente todas esas aproximaciones del es-tudio de la Biblia, y aceptaron sin reservas la verdad afirmada por el apóstol Pablo:
“Toda la Escritura es dada por inspiración de Dios, y es adecuada para la doctrina, para reprender, para corrección, para instrucción en justicia”.
El mismo principio de verdad fue establecido por la mensajera de Dios en declaraciones como estas:
“Yo tomo la Biblia tal como ella es, como la Palabra inspirada. Yo creo en sus expresiones en toda la Biblia”.
“Vi que la Palabra de Dios, como un todo, es una cadena perfecta, siendo que una porción está unida y explica la otra”.
Esta misma presuposición contribuyó directamente a la siguiente declaración, de que las conclusiones tienen que estar basadas en el peso de la evidencia, y no sobre pasajes aislados o no claros.
“Dios designa que los hombres no deben decidir por impulso, sino que debido al peso de la evidencia, comparando cuidadosamente escritura con escritura”.
“Dios no se propone remover todas las ocasiones para la incredulidad. Él da evidencia, la cual tiene que ser cuidadosamente investigada con humildad y con un corazón que quiera ser enseñado; y todos tienen que decidir a partir del peso de la evidencia”.
“Dios da suficiente evidencia como para que la mente franca pueda creer; pero aquel que se aleja del peso de la evidencia… será dejado en la fría atmósfera de la incredulidad y de las dudas cuestionado-tas, y su fe naufragará”.
“Dios ha hecho una amplia provisión para establecer la fe de todos los hombres, si que ellos deciden desde el peso de la evidencia”.
Este procedimiento en el estudio de la Biblia estaba en un fuerte contraste con los métodos que eran comúnmente empleados por otros grupos religiosos, que pasaron por las muchas claras y directas escri-turas en diversos puntos y concentraron su atención en ciertos pasajes que eran oscuros o suficiente-mente dudosos, de tal manera que podían ser interpretados como quisieran. Esta búsqueda de pretextos en la evidencia es llamada “lógica del pretexto”. Esta práctica prevaleció especialmente en relación con asuntos tales como el Sábado, el estado de los muertos, y las reglas bíblicas sobre la salud. Ya que la verdad escriturística obvia en relación a estos asuntos no era placentera, estas personas diligentemente buscaron un camino para escapar de la verdad utilizando la “lógica del pretexto”.
Aquellos de nosotros que hemos gastado años en la obra evangelística, hemos encontrado muchas de estas personas y nos hemos familiarizado con sus evasiones características. Cuando aquellos que están interesados en nuestro mensaje que una vez aceptó el principio de decidir a través del peso de la evi-dencia, ellos no tienen dificultades posteriores con esta “lógica del pretexto”. Ellos lo reconocen rápi-damente como un intento para evadir la verdad en vez de ser para aclararla. Este hecho puede ser to-mado como un principio básico general. Decidir a partir del peso de la evidencia es una característica del genuino buscador de la verdad. Ignorar el peso de la evidencia y hacer uso de la “lógica del pretex-to” es a menudo una característica de aquellos que están tratando de evadir la verdad y justificar su propio curso errado.
Las evasiones de la verdad parecen seguir padrones similares. En los capítulos anteriores hemos seña-lado la falacia que a veces es encajada sobre nosotros por aquellos que hacen acusaciones inválidas en relación a las “citas fuera de contexto”. Realmente, todas las citas están fuera (removidas) de contexto, sino no serían citas. El verdadero propósito de adicionar las palabras “fuera de contexto” a la palabra “citas” es para indicar que la cita ha sido usada de una manera en que el autor no intentó usarla, pervir-tiendo así el pasaje para un uso inapropiado.
Algunos tratan de confundirnos y descaminarnos diciendo que las citas están siendo usadas fuera de contexto simplemente porque son citas, aun cuando no haya habido ningún alejamiento de la intención original del escritor. Ellen White es más precisa al usar la expresión “declaraciones separadas de su propia ligación” para describir el uso errado de las citas. Otros las describen como “citas usadas en violación del contexto”.
Hemos visto que el uso de las citas del Espíritu de Profecía en violación de sus contextos, contraria-mente a la obvia intención del escritor, es una característica de alguno de los materiales que circulan por aquellos que están promoviendo el Calvinismo entre nosotros. Un claro ejemplo es encontrado en Movimiento de Destino, en la página 497. Ellen White había escrito:
“Al tomar sobre Sí mismo la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo más mínimo en su pecado”.
Tal como lo hemos observado antes, el autor dejó a un lado la primera parte de la sentencia y colocó la última parte de la sentencia en un párrafo totalmente contrario de su propia autoría, produciendo así esta construcción:
“Tomó la naturaleza sin pecado de Adán antes de la caída… no participó en lo más mínimo en su peca-do”.
Esta táctica invierte la intención del escritor y hace con que ella sea mal entendida como habiendo dicho exactamente lo opuesto de lo que en realidad ella había dicho.
Si nosotros vamos a tomar el caritativo punto de vista de un alejamiento tal del procedimiento de inte-gridad y asumir que el autor no tuvo una mala intención , sino que apenas estaba confundido con el significado que Ellen White le había dado al asunto, eso nos lleva a la pregunta, ¿cómo pudo esa confu-sión haber sido evitada? Respuesta: sacando conclusiones a partir del peso de la evidencia.
En las 25 millones de palabras escritas por Ellen White no hay ninguna falta de evidencia en cuanto a su creencia acerca de la naturaleza humana de Cristo. No es necesario que hagamos ninguna suposición para poder entender correctamente su significado.
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Re: El Peso de la Evidencia

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:37 am

Si comenzamos con una simple avaluación de la evidencia, encontramos que ella expresó sus puntos de vista sobre este asunto por lo menos 400 veces. Dos conclusiones son inmediatamente aparentes:
A.- No es necesaria otra evidencia. Si no estamos capacitados para determinar la intención de un escri-tor expresadas en 400 declaraciones, no ganaríamos nada si añadimos otras 4000. El problema está ob-viamente con nosotros, no con la evidencia.
B.- Si hay declaraciones entre las 400 que no nos quedan inmediatamente claras, este problema puede ser rápidamente resuelto a través de comparaciones con las otras declaraciones del mismo escritor. No hay razón para buscar fuera de los propios escritos de Ellen White, para meterse en conjeturas altamente especulativas acerca de la similitud entre algunas de sus palabras y las palabras de otro escritor. Y si este procedimiento es llevado a la extensión de asumir que Ellen White parece concordar con el pensamiento de otro escritor en un punto de vista determinado, ello indica que ella también concuerda con ese escritor en otros puntos de vista, y entonces ya estamos abandonando los sanos principios de proce-dimiento y estamos construyendo sobre un fundamento inestable.
Así, cuando los miembros de iglesia me preguntan qué es lo que pienso acerca de ciertas comparaciones de los escritos de Ellen White con los escritos de Herman Melville, yo respondo que me siento cómodo con Herman Melville tal como es interpretado por Ellen White. Yo no me siento cómodo con Ellen White siendo interpretada por Herman Melville (o cualquier otro). No es necesario torcer las palabras de Ellen White a través del pensamiento de ningún otro escritor, para poder entender correctamente su manera de pensar. Con 400 declaraciones, tenemos todo lo que necesitamos. Comparando una con la otra y decidiendo a partir del peso de la evidencia, podemos comprender rápidamente su mensaje y su intención.
Habiendo evaluado la evidencia y habiendo concluido que es completamente adecuado, continuamos avanzando en el análisis de las mismas 400 declaraciones.
Nuestra primera observación es que su testimonio es tremendamente consistente. Ella imprimió por primera vez sobre la naturaleza humana de nuestro Señor, en el año 1858.
“Jesús también les dijo [a los ángeles]… que Él debía tomar la naturaleza caída del hombre, y Su fuerza no sería ni siquiera igual a la de ellos”.
Cincuenta y siete años más tarde, un par de meses antes de su muerte, ella cerró su no desviada decla-ración número 400 con este pasaje:
“Él se hizo a Sí mismo de ninguna reputación, tomó sobre Sí mismo la forma de un siervo, y fue hecho a semejanza de carne pecaminosa… Sin pecado y exaltado por naturaleza, el Hijo de Dios consintió en tomar las vestiduras de la humanidad, para volverse uno con la raza caída”. El estudiante observará que Ellen White combina aquí parte de Filipenses 2:7 con parte de Romanos 8:3.
Entre estas dos declaraciones no encontramos ninguna indicación de que ella haya alguna vez cambiado de opinión o que haya sentido la necesidad de modificar nada de lo que había escrito. La última de-claración es, más fuerte que la primera.
Nuestra siguiente observación es que su testimonio es escriturístico. Al igual que otros escritores Ad-ventistas (que pueden haber estado siguiendo su ejemplo), ella centró su atención muy fuertemente en la declaración de Romanos 8:3 que dice:
“Dios enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa, y por el pecado, condenó al peca-do en la carne”.
Ella empleó las palabras de Pablo “en semejanza de carne pecaminosa” un total de 28 veces. Nueva-mente señalamos que esto nos provee de todo el material que necesitamos para entender su significado si es que queremos comparar pasaje con pasaje y decidir a partir del peso de la evidencia. No hay nin-guna necesidad que nos introduzcamos en aquellos raciocinios humanos espurios, como ahora lo están haciendo algunos escritores y predicadores entre nosotros. Nuestra pregunta no tiene que ser, ¿Qué es lo que nosotros tenemos que hacer con las palabras de Pablo? Sino que ¿Qué es lo que ella hizo con las palabras de Pablo?
En sus 28 usos de la expresión de Pablo, “en semejanza de carne pecaminosa”, encontramos 15 equiva-lencias, en las cuales ella iguala “semejanza de carne pecaminosa” con expresiones propias. Estas ex-presiones incluyen “nuestra naturaleza” cuatro veces; “naturaleza humana” tres veces; “naturaleza del hombre” dos veces; “en todas las cosas (puntos) como sus hermanos” tres veces. Su énfasis en todos estos pasajes usando las palabras “en semejanza de carne pecaminosa” está en la similitud, no en la di-similitud, tal como es expresado en otra parte en declaraciones como estas:
Naturaleza… idéntica a la nuestra.
Él se volvió carne tal como nosotros lo somos.
Él fue vestido con un cuerpo como el nuestro.
Llevando la humanidad que nosotros llevamos.
Hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne.
La naturaleza humana de Cristo era como la nuestra.
A seguir, observamos seis no equivalencias en las cuales el énfasis está en el contraste en vez de en la similitud. En estas declaraciones leemos que la “semejanza de carne pecaminosa” lo hizo a Él diferente de los ángeles (tres veces); y diferente del no caído Adán (dos veces). Entonces hay un pasaje intere-sante en el cual ella contrasta “carne” con “carne pecaminosa”:
“Él tomó nuestras enfermedades. Él no sólo fue hecho carne, sino que fue hecho en semejanza de carne pecaminosa”.
En esta misma fuente encontramos una equivalencia invertida en la cual ella se aleja de su práctica usual de establecer lo que Jesús era capaz de hacer en la naturaleza humana pecaminosa para recomendar lo que nosotros podemos hacer, por Su gracia, en la naturaleza humana pecaminosa.
“Justamente lo que usted puede ser, Él lo fue en la naturaleza humana”. Este pensamiento también es citado en otros pasajes tales como:
“Y así como Jesús fue en la carne humana, así Dios quiere que sean Sus seguidores”.
Finalmente, entre estos 28 usos de las palabras de Pablo, “en semejanza de carne pecaminosa”, encon-tramos dos equivalencias inclusivas extremadamente poderosas en las cuales las palabras de Pablo son igualadas con más de una de sus propias expresiones:
“Él tomó sobre Sí mismo nuestra naturaleza… Él había tomado sobre Sí mismo la naturaleza del hombre… hecho en semejanza de carne pecaminosa… uno con la raza caída”.
Observe cuidadosamente las equivalencias inclusivas: Nuestra naturaleza igual a la naturaleza humana igual con semejanza de carne pecaminosa igual a uno con la raza caída. Ciertamente que estas de-claraciones deberían remover todas las dudas y responder todas las preguntas en relación a lo que Ellen White quería que nosotros entendiéramos a respecto de su uso de las palabras de Pablo, “en semejanza de carne pecaminosa”. Y ciertamente esta comparación debiera proveernos a nosotros una convincente demostración del principio de que los escritos de Ellen White pueden ser entendidos con éxito com-parándolos con otros escritos de Ellen White, tal como la Biblia es mejor interpretada por la propia Bi-blia. No necesitamos torcer las palabras de otro escritor (no inspirado). Todo lo que necesitamos hacer es decidir a partir del peso de la evidencia.
En una escala menor, podemos demostrar el mismo principio considerando esta declaración:
“Cristo en realidad unió la ofensiva naturaleza del hombre con Su propia naturaleza sin pecado”.
Esta cita puede dar pie a la pregunta, ¿Qué quiere decir Ellen White con “Su propia naturaleza sin pe-cado”? ¿Está ella proponiendo que Cristo tuvo dos naturalezas humanas, una pecaminosa y otra no pe-caminosa, una caída y otra no caída? No. Comparemos otros dos pasajes:
“[Cristo] tomó la humanidad, uniendo al ofensor con Su naturaleza divina”.
“Él… conectó al hombre pecaminoso con Su propia naturaleza divina”.
Obviamente, Ellen White trató que nosotros entendiéramos que Su propia naturaleza sin pecado era Su naturaleza divina. No hay ninguna necesidad para la incertidumbre aquí, si dejamos que Ellen White nos explique sus propios escritos y entonces decidamos a partir del peso de la evidencia.
Ni tampoco debiera haber ninguna incertidumbre en relación a cómo Ellen White veía la naturaleza humana de nuestro Señor, si comparada con la naturaleza del no caído Adán. Ella no negligencia este asunto. Encontramos entre las 400 declaraciones acerca de la humanidad de Jesús un total de 116 líneas en las cuales es hecha una comparación entre Cristo y el no caído Adán. Ni una sola línea sugiere simi-litud. Cada sentencia enfatiza la diferencia en vez de la similitud, contrastando en vez de comparando. Observe el uso de la palabra contraste en este pasaje:
“Adán estaba en la perfección de la humanidad, la más noble de las creaciones del Creador. Él estaba en la imagen de Dios, pero un poco menor que los ángeles. En qué contraste estaba el segundo Adán cuando entró sólo en el oscuro desierto para hacerle frente a Satanás. Desde la caída la raza había esta-do disminuyendo en tamaño y en fuerza física, y hundiéndose más bajo en la escala del valor moral, hasta el periodo del advento de Cristo a la tierra. Y para elevar al hombre caído, Cristo tuvo que alcan-zarlo donde éste estaba. Él tomó la naturaleza humana, y llevó las enfermedades y la degeneración de la raza”.
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Re: El Peso de la Evidencia

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:37 am

Es difícil entender cómo alguien puede leer las 116 líneas que Ellen White escribió contrastando la na-turaleza humana y la situación de nuestro Señor con aquella del no caído Adán, e insistir que ella está describiendo una semejanza. Pero esta práctica no es incomún hoy en día.
Es común que la mayoría de los lectores de este capítulo posean El Deseado de Todas las gentes en sus hogares. Nosotros entonces les recomendamos el cuidadoso estudio de las referencias de Ellen White en relación a la naturaleza humana de nuestro Señor en ese libro. Para un estudio posterior, también les recomendamos nuestro libro de investigación “La Palabra Se Hizo Carne”. El registro dejará claro que aquellos que están promoviendo el Calvinismo entre nosotros hoy, están volando en la cara de la evidencia en vez de decidir a partir de su peso.
Ellen White escribió que al tomar la naturaleza caída del hombre, Cristo aceptó sus responsabilidades, debilidades, fragilidades, degeneración, miserabilidad, enfermedades, susceptibilidades, necesidades y humillación. La inclusividad de estas descripciones es enfatizada por su uso de la palabra “todas” en expresiones como estas: Todas nuestras enfermedades, todas nuestras experiencias, todas nuestras ten-taciones, todas sus enfermedades concomitantes, todas las cosas que pertenecen a la vida humana, en todas las cosas como Sus hermanos, y en todos los puntos como a Sus hermanos. La única excepción corresponde a esta declaración:
“En todos los puntos excepto en el pecado, la divinidad tenía que tocar la humanidad”.
“Su naturaleza humana… era idéntica a la nuestra”.
“Como cualquier hijo de Adán, Él aceptó los resultados del trabajo de la gran ley de la herencia”.
“Cristo declaró, no violaré ningún principio de la naturaleza humana”.
El lector reconocerá que este capítulo es apenas un análisis parcial de las 400 declaraciones de Ellen White de que nuestro Señor vino a la tierra en la naturaleza humana caída del hombre. El espacio no permitiría que llevemos el análisis más adelante en este capitulo, pero la muestra es típica. Mientras más leemos, más aumenta el peso de la evidencia, especialmente cuando recordamos que en toda nuestra investigación no hemos encontrado ninguna declaración de su pluma de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza human no caída de Adán, ninguna. Y aun cuando ofrecimos una recompensa de US$ 1000 a cualquiera que pueda encontrar una declaración de ese tipo en los escritos de Ellen White, la re-compensa no ha sido reclamada. Así las escalas de la evidencia muestran 400 contra cero.
¿Cómo, entonces, pretenden aquellos que están promoviendo el Calvinismo entre nosotros llevar ade-lante su caso? Ignorando el peso de la evidencia y empleando una “lógica del pretexto”. Buscando pa-sajes en los escritos de Ellen White que están suficientemente abiertos de manera que pueda ser colo-cada una interpretación sobre ellos, y diciendo que esta interpretación es lo que Ellen White quiso decir. Usando citas en abierta violación de su contexto. Ignorando su apelo de que estudiáramos sus escritos publicados para saber lo que ella pensaba. Buscando diligentemente en sus cartas personales y aun en sus diarios para encontrar algo que pueda ser usado para alejar la evidencia en sus materiales publicados. Pretendiendo que existe algo profundamente misterioso acerca de los escritos de Ellen White sobre este asunto, lo cual hace imposible entenderla a menos que torzamos sus palabras a través de los escritos de otros escritores, algunos de los cuales están en las iglesias caídas de Babilonia. Haciendo uso del argumento ad hominem (contra el hombre) e implicando que aquellos que están aceptando el peso de la evidencia y creyendo que Cristo vino a la tierra en la naturaleza humana caída del hombre, son personas de exiguo talento y de un intelecto inferior, mientras que aquellos que están promoviendo el Calvinismo entre nosotros representan “el mejor pensamiento teológico” en la IASD. Esta afirmación es hecha a pesar del hecho de que nuestro punto de vista histórico en relación a la naturaleza de Cristo ha sido compartido por personas con tal poder intelectual como Karl Barth, J. A. T. Robinson, T. F. Torrance, Nels F. Ferre, C. E. B. Cranfield, Harold Roberts, Leslie Newbegin, Rudolf Bultmann, Oscar Cullman, y Anders Nygren.
Aquellos que aceptan el principio de decidir a partir del peso de la evidencia no serán desviados por ningún otro dispositivo, sino que lo reconocerán por lo que son, desesperados intentos para evadir la verdad. Podríamos sugerir el cuidadoso y reflexivo estudio en oración de estos testimonios de Ellen White:
“A través de Su humillación y pobreza Cristo se identificaría a Sí mismo con las debilidades de la raza caída… La gran obra de la redención sólo podía ser llevada adelante por el Redentor si éste tomaba el lugar del caído Adán… El Rey de gloria se propuso humillarse a Sí mismo a la humanidad caída… Él tomaría la naturaleza caída del hombre”.
“Cristo tomó sobre Sí mismo las enfermedades de la humanidad degenerada. Solamente así podía Él rescatar al hombre de las más bajas profundidades de la degradación”.
“Esta era la única manera en la cual los hombres caídos podían ser exaltados… Estaba en el orden de Dios que Cristo debía tomar sobre Sí mismo la forma y la naturaleza del hombre caído”.
“Era necesario que Cristo vistiera Su divinidad con la humanidad. Solamente así podía Él ser el Reden-tor de la raza caída”.
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