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El Fino Arte de la Incredulidad

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El Fino Arte de la Incredulidad

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:11 am

El Fino Arte de la Incredulidad

En un tren que iba hacia el Sur desde Seattle, hace algún tiempo atrás, me senté al lado de un ministro retirado de la Iglesia Presbiteriana. Él había estado aconsejando a un grupo de jóvenes los cuales habían quedado desconcertados debido a la infidelidad expresada por ciertos colegas profesores con los cuales estudiaban. Esta incredulidad no me sorprendió a mi hasta que él me dijo que tanto los estudiantes como los profesores eran de un colegio apoyado por la iglesia.
Después de escucharle en forma atenta su complicada historia, le pregunté al ministro qué era lo que él veía para el futuro, y qué era lo que esto le anticipaba en relación a las tendencias a que esto llevaría. Él me respondió apenado, “Pareciera que estamos yendo hacia una gran apostasía, así como lo hizo Israel en la antigüedad”.
Mi corazón se condolió por el anciano ministro, pero encontré confort en el pensamiento de que eso nunca sucedería con nosotros. Nuestra verdad del Sábado, testimoniando de los hechos de la Creación, nos protegió de los errores de las teoría de la evolución, y los voluminosos consejos de nuestra profeta, guiándonos aun en las “minucias de la vida” , como también en nuestros procedimientos institucionales, hacen de una apostasía en la IASD algo virtualmente imposible, me dije a mí mismo.
¡Cuán ingenuo era, y cuán ignorante era a respecto de las advertencias que nuestra profeta nos había dado a respecto de una apostasía venidera en la IASD!
“Estamos viviendo en los últimos días de la historia de esta tierra, y no nos debe sorprender nada en la línea de una apostasía y de una negación de la verdad. La incredulidad ha llegado a ser ahora un fino arte, que los hombres llevan a cabo hasta que destruyen sus almas”.
Estos consejos en relación a una apostasía pueden ser divididos en dos clases. Hay advertencias de na-turaleza generalizada, en los cuales nuestra atención es dirigida a grandes apostasías del pasado, tales como las que ocurrieron en los tiempos de Salomón, Jeroboam, Acab, Ahaz, y otros, como también la última gran apostasía de la Iglesia Católica, y la aun más reciente apostasía en las iglesias Protestantes. Las causas y las características de estas apostasías son señaladas, y somos amonestados a escuchar para que algo de naturaleza similar no nos suceda a nosotros.
Los otros mensajes de advertencia son bien diferentes. Ellos consisten en predicciones específicas de que va a haber una gran apostasía dentro de la IASD a medida que nos acerquemos al fin del tiempo. Es dicho que una “gran clase” nos abandonará para unirse al mundo , que “compañía tras compañía” nos dejarán , que “herejías serán introducidas” entre nosotros , que “muchas estrellas” se irán a las tinieblas , y que “muchos se levantarán en nuestros púlpitos con la antorcha de la falsa profecía en sus manos, encendida por la infernal tea de Satanás”.
Como resultado, “la paja, como una nube, será llevada por el viento, aun de lugares donde vemos ape-nas rico trigo”.
La referencia a pastores apóstatas que se levantan en los púlpitos ASD es sobrecogedora, especialmente cuando observamos que no van a ser pocos, sino que “muchos”. Esta situación es realmente peligrosa. Es un día triste para el rebaño cuando el lobo se junta con ellas teniendo vestiduras de oveja, pero cuando el lobo aparece con las vestiduras del pastor, ¿qué posibilidad hay para la oveja? Poca o ningu-na, a menos que sean directamente protegidas por el Señor, y en la medida que ellas escuchen la gra-ciosa advertencia que Él les ha enviado. Cuán importante es, entonces, que entendamos la naturaleza y las características de la gran apostasía profetizada en el Adventismo, para que podamos reconocerla tal como es y así evitar ser engañados y ser atraídos por ella.
Los observadores preocupados generalmente han evitado usar las palabras “apóstata” y “apostasía” para evitar ofender e inducir una reacción emocional, lo cual haría con que un raciocinio calmado sea im-posible. Pero diversas circunstancias hacen aparecer con que esta actitud no pueda seguir siendo obser-vada como siendo prudente o responsable, y que ha llegado el tiempo en el cual tenemos que escuchar la admonición de Ellen White:
“Llamen a la rebelión por su nombre correcto, y a la apostasía por su nombre justo, y entonces conside-ren que la experiencia del antiguo pueblo de Dios, con todos sus desempeños objetables, fue fielmente dicho que iba a suceder en la historia. Las Escrituras declaran, ‘Estas cosas … fueron escritas para nuestra admonición, para quienes el fin del mundo ha llegado’.
Vamos a intentar cumplir con esta instrucción, llamando a la apostasía por su justo nombre, aun cuando vamos a evitar aplicar el término “apóstata” a ninguna persona viviente por su nombre. Ese tipo de juicio específico le pertenece al Señor, quien solamente entiende todas las confusiones y malos entendidos de los corazones humanos, y que Él mismo nos ha advertido: “Os echarán de las sinagogas; si, viene el tiempo, en que cualquiera que os mate pensará que está haciendo la obra de Dios”.
Por lo tanto vamos a confinar nuestra atención al trabajo de las manos humanas y dejarle el juicio de los corazones humanos al Señor. Al parecer entre aquellos que están envueltos en la gran apostasía deben haber algunos que no entienden el significado de lo que están haciendo.
Las circunstancias cambiantes a las cuales nos referimos, que nos hace sentir que no podemos perma-necer por más tiempo en silencio acerca de la gran apostasía, son estas:
Una generación joven de ministros está apareciendo ahora en nuestras iglesias y en nuestras oficinas administrativas, los cuales no saben nada acerca del tiempo en que nuestra verdadera fe histórica fue enseñada en todas nuestras escuelas. Este hecho está comenzando a producir situaciones incongruentes, en las cuales algunos de estos ministros jóvenes se ponen en contacto con miembros de iglesia que aun le prestan atención a nuestra fe histórica, sospechan que estos miembros son apóstatas, y proceden a iniciar una acción disciplinaria en la iglesia contra ellos, o por lo menos los someten a un severo acoso personal. Extraño como pueda parecer, eso es lo que está sucediendo hoy. (Se nos amonesta con fuerza a recordar a los papistas, que decían de cada grupo de creyentes que eran encontrados resistiendo su apostasía [papal], que ellos estaban introduciendo nuevas doctrinas en la iglesia, cuando de hecho eran las antiguas doctrinas a las cuales ellos se estaban aferrando.
Mucho menos entendible son las actitudes de algunos obreros más adultos, de los cuales no se puede decir que no saben nada del tiempo cuando nuestra pura fe histórica comenzó a ser enseñada en todos nuestros colegios (en los años anteriores a 1957). No se puede dudar que estos obreros adultos saben muy bien lo que están haciendo. Ellos deben haber tomado una decisión conciente y deliberada, para alejarse de los principios de nuestra fe histórica, hacia las doctrinas Calvinistas, las cuales son la base de la actual apostasía. Y habiendo abrazado algunas de estas doctrinas calvinistas, las cuales son ob-viamente diferentes de nuestras posiciones históricas, ellos están ahora procediendo determinadamente hacia el silenciamiento de las voces de aquellos que están resistiendo los cambios.
Son miembros de estos grupos de edad, los cuales, violando el Manual de la Iglesia, interfirieron en la transferencia en calidad de miembro del hermano Austin Cook, el cual ha sido uno de los evangelistas líderes en Australia durante muchos años y un franco oponente de la apostasía. Después que la iglesia a la cual pertenecía le garantizó su transferencia, con lo cual removieron su nombre como siendo miembro de esa iglesia, los oficiales de la Conferencia persuadieron a la iglesia que había requisitado su transferencia, para que cambiara de opinión, para que no lo aceptaran, haciendo así con que su calidad de miembro se perdiera. Esta acción, desde luego, estaba en flagrante violación con el Manual de Igle-sia, el cual garantiza la seguridad de un miembro durante una transferencia. El choque y la pena de esta experiencia fue demasiado grande para la Sra. Cook. Ella rápidamente se enfermó y murió.
Son miembros de este grupo etario que anunciaron su intención de enviar materiales de la oficina de la División en Australia a sus pastores para oponerse a las enseñanzas de la Escuela Sabática a respecto de Romanos , el cual es fiel a nuestra fe histórica.
Son miembros de este grupo etario aquí en Norteamérica que, bajo la base de un increíble raciocinio teológico inexacto, acusan a inocentes miembros de iglesia de causar divisiones y turbar la paz, armonía, y la unidad de la iglesia, y los declaran como siendo merecedores de censura.
Esta actitud nos lleva a una pregunta muy importante, una que necesita ser cuidadosamente considerada en este tiempo.
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Re: El Fino Arte de la Incredulidad

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:12 am

¿Quién es responsable por las divisiones en las iglesias? ¿Son aquellos que están tratando de aferrarse a la pureza de su fe histórica, o son aquellos que están introduciendo cambios que requieren un aleja-miento de nuestra fe histórica, y que no sólo los están agitando, sino que los están forzando para que no sean más miembros de iglesia?
En total desafío a toda razón y lógica, aquellos que están vigorosamente insistiendo que abandonemos algunas de nuestras doctrinas históricas y que pongamos doctrinas Calvinistas en su lugar, están acu-sando a aquellos que no quieren aceptar dichos cambios, como siendo los problemáticos que están tra-yendo confusión y desunión en las iglesias. ¿Puede ese juicio ser más injusto?
Sin embargo, esta acusación no nos debe sorprender. Sería difícil encontrar en los registros de la historia de la iglesia una situación en la cual aquellos que permanecieron leales a su fe, hayan perseguido a aquellos que se separaron de ella. Siempre ha sido de la otra manera. Aquellos que se separaron de su fe han consistentemente hecho falsas acusaciones contra los fieles y los han perseguido. La mensajera del Señor nos ha advertido que “nuestras mayores pruebas vendrán debido a aquella clase que una vez apoyó la verdad, pero que se ha ido al mundo, y han pisoteado la verdad con odio y burla”.
En los seminarios que ahora estoy conduciendo a lo largo del país, encuentro muchas personas que están atravesando la amarga experiencia de tener que soportar el desprecio y la burla, en algunos casos aun por parte de sus pastores, debido a que quieren mantenerse fieles a los pilares de nuestra fe. Yo les recuerdo a estas personas el antiguo principio de análisis, de que los que no poseen una evidencia, acu-dirán a los apodos y al abuso personal, usando argumentos ad hominem (contra el hombre). Por lo tanto no debemos, sorprendernos o dejarnos persuadir, cuando somos falsamente acusados de ser “legalistas”, “perfeccionistas”, “fariseos”, “causadores de problemas”, etc.
La gran apostasía profetizada en el Adventismo comenzó, muchos creen, más bien en forma calmada y no obstructiva en la década de 1950, cuando una serie de conferencias entre algunos de nuestros erudi-tos y líderes y un teólogo calvinista llamado Walter Martin, resultó en la publicación de un libro llamado “Los Adventistas del Séptimo Día Responden Preguntas Sobre Doctrina”. Hoy en día es conocido como “Preguntas Sobre Doctrina”, o por las iniciales QOD (en inglés).
Este libro mal aventurado fue destinado a traer enormes cambios en, primero, la teología, y entonces, la experiencia de la IASD. Es mayormente debido a las influencias colocadas en movimiento por este libro que Kenneth Samples, el joven erudito que sucedió a Walter Martin, fue capaz de traer el chocante informe, después de conducir una investigación entre los ministros de una gran asociación, que casi 50% de ellos no fueron capaces de testificar de que ellos creían en la autenticidad escriturística de nuestra doctrina del santuario. De los 66 ministros que respondieron este cuestionario, 14 respondieron que ellos no creían en la autenticidad escriturística de nuestra doctrina del santuario, y 13 declinaron responder esa pregunta en particular, aun cuando respondieron las otras preguntas.
Si los consejos de Dios, que nos fueron dados a través de Su mensajera escogida, son verdaderos, esta responsabilidad tiene que ser mirada como apostasía.
“El correcto entendimiento de la ministración en el santuario celestial es la base de nuestra fe”.
“El santuario en el cielo es el verdadero centro de la obra de Cristo a favor de los hombres”.
“El pueblo de Dios tiene que tener ahora sus ojos fijos en el santuario celestial, donde la ministración final de nuestro gran Sumo Sacerdote en la obra de juicio sigue adelante, donde Él está intercediendo por Su pueblo”.
“A medida que nuestros grandes pilares de nuestra fe han sido presentados, el Espíritu Santo ha testi-moniado de ellos, especialmente en lo tocante a las verdades del santuario. Repetidamente el Espíritu Santo corroboró de manera marcante la predicación de esta doctrina”.
“Yo se que la cuestión del santuario permanece en justicia y en verdad, tal como la hemos mantenido durante tantos años”.
Estas declaraciones son apenas una pequeña muestra de las muchas que hay sobre el santuario que nos han llegado a través de la mensajera inspirada por Dios. Parece ser que una parte significativa de nues-tros ministros o no conocen estos testimonios o están contendiendo contra ellos, y que están igualmente desinformados acerca de las sólidas bases de nuestra doctrina del santuario. Sólo nos puede asombrar la educación que ellos han tenido en la preparación de su ministerio. Aun así, esto no nos debe sorpren-dernos. La mensajera de Dios nos ha advertido de que “este es uno de los puntos en el cual habrá un alejamiento de la fe”.
Pero nos estamos adelantando a nuestra historia. Cuando el libro QOD fue publicado en 1957, fue acompañado por una enorme fanfarria de publicidad y promoción lo que resultó en la rápida circulación de más de un cuarto de millón de copias. (Nuestra declaración anterior de que la apostasía comenzó calmadamente no se refería a la promoción del libro en el cual la apostasía no fue reconocida al principio por la mayoría).
Aun cuando nunca fue sometido a nuestro Comité de la Conferencia General para que fuese aprobado, este hecho fue perdido de vista, y ministros y profesores a través de todo el mundo aceptaron el libro como si fuese oficial. Yo mismo, como un joven evangelista, lo acepté sin preguntar y se los di a minis-tros no Adventistas. El libro se volvió la norma de nuestras doctrinas y virtualmente de toda aula de ASD y ha continuado a ocupar esa posición hasta hoy.
El libro fue promovido y circuló bajo un extraño manto de secreto. Los nombres de sus autores no fue-ron conocidos hasta que los conocimos a través del mismo Walter Martin. Aun cuando se dijo que un gran número de líderes Adventistas habían leído y aprobado el manuscrito, sus nombres ha sido un se-creto muy bien guardado.
Pero la influencia del libro no ha sido un secreto. Probablemente nadie negará que las diferencias te-ológicas que existen entre nosotros hoy, pueden ser directamente seguidas a partir del libro QOD. Estas diferencias teológicas están siendo animadas y explotadas por los observadores de las iglesias calvinis-tas (Evangélicas), tal como Kenneth Samples. Ellos están, en una forma que es entendible, esperando que nosotros abandonemos totalmente nuestras doctrinas distintivas (lo cual requeriría un total repudio del Espíritu de Profecía) y que estaríamos muy contentos en encontrar nuestro lugar como miembros de la comunidad de las iglesias evangélicas, aquellas iglesias que previamente hemos identificado como hijas de Babilonia. Yo he escuchado a un ministro ASD que sirve en una de nuestras grandes iglesias, decir públicamente que él cree que este escenario será el futuro de nuestra iglesia.
Esta apostasía hizo su primera gran incursión en la iglesia con la publicación de un libro en 1957 y se ha diseminado con una sorprendente rapidez a través de toda la iglesia mundial, especialmente en los países de habla inglesa, como Norteamérica, Australia, Inglaterra y los países occidentales de Europa. El efecto del libro ha sido menos pronunciado en los países del tercer mundo, pero su presencia se co-mienza a sentir a través de la influencia de profesores y ministros que han recibido entrenamiento, ya sea directa o indirectamente, de instituciones educacionales Norteamericanas.
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Re: El Fino Arte de la Incredulidad

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:12 am

¿Qué semillas de error contenía el libro que ha producido una cosecha tan maléfica? No hay muchas, pero ellas son vitalmente importantes.
La primera envuelve nuestro entendimiento sobre la expiación. En una fiel adherencia a las Escrituras, en la cual la palabra expiación es aplicada tanto al sacrificio del cordero como una ofrenda por el pecado en cualquier día del año, y también a la ministración del sumo sacerdote en el gran Día de la Expiación, nosotros hemos creído que el actual ministerio de Cristo en el santuario celestial es descrito ade-cuadamente como una expiación. Walter Martin y sus colegas calvinistas hicieron una gran excepción en relación a esto, insistiendo que la expiación estaba totalmente terminada en la cruz, y que nada podía ser añadido posteriormente. Esta creencia estaba en un extraño desafío con las siguientes citas bíblicas:
“Y si Cristo no fuese levantado, entonces nuestra predicación es vana, y vuestra fe también es vana”.
“Y si Cristo no es levantado, vuestra fe es vana; vosotros aun estáis en vuestros pecados”.
En armonía con estos versículos, Pablo destaca en Romanos que tanto el sacrificio de Cristo en la cruz y Su ministerio celestial son requeridos para nuestra justificación.
“Mucho más entonces, siendo ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira a través de él”.
“El cual fue entregado por nuestras ofensas, y fue levantado nuevamente para nuestra justificación”.
Fueron hechas tentativas para conseguir un compromiso en este punto. Nuestro punto de vista no fue repudiado, pero fue silenciado y fue colocado en términos más bien ambiguos, tratando de hacer apare-cer la actual expiación de la obra de Cristo como menos importante que Su sacrificio en la cruz. Este punto de vista era más placentero para los oídos calvinistas.
Pero la mayor concesión hacia Walter Martin fue hecha en un punto de vista que nuestros líderes pen-saron que no era muy importante, y en el cual ellos pensaron que podían ceder. En este punto de vista fue hecho un total repudio (rechazo) hacia una de nuestras creencias, y ahora está claro que haber cedi-do a Martin en el asunto de la naturaleza de Cristo, nuestros hermanos virtualmente “le entregaron todo el negocio”.
Para hacer las cosas peores, la concesión hecha a Martin sobre el asunto de la naturaleza humana de Cristo fue acompañada de una manipulación de evidencia y mala interpretación de los hechos históri-cos, los cuales son un asunto de registro público.
Una investigación cuidadosa y total ha traído a la luz un total de 1200 declaraciones publicadas por nuestros líderes de la iglesia durante los años 1852-1952, todas declarando unánimemente que nuestro Señor vino a esta tierra con la naturaleza humana del hombre caído. No fue encontrada ninguna decla-ración diciendo que nuestro Señor vino a esta tierra con la naturaleza no caída de Adán. Se creía que nuestro Señor vino a esta tierra con la naturaleza humana del hombre caído, porque solamente de esta manera podía Él cumplir la redención del hombre caído. Cuatrocientas de estas declaraciones provienen de la pluma inspirada de Ellen White.
A pesar de estos hechos, fácilmente obtenibles en los archivos históricos, nuestros hermanos se los mostraron a Walter Martin, y lo publicaron hacia el mundo en el libro QOD, de que nosotros siempre habíamos creído, al igual que los calvinistas, que Cristo había venido a esta tierra con la naturaleza humana no caída de Adán.
Posiblemente ellos no antevieron los resultados de su acción, pero las consecuencias están ahora dolo-rosamente claras. La doctrina calvinista no puede vivir sin que el pecado esté inseparablemente vincu-lado con la doctrina calvinista de que Cristo vino a esta tierra con la naturaleza humana no caída de Adán. Dentro de un tiempo muy corto después de la publicación de QOD, los miembros de la IASD a lo largo de todo el país, estaban escuchando asombrados las declaraciones desde los púlpitos de sus iglesias de que es imposible que los cristianos dejen de pecar, aun a través del poder de Cristo. Así, la querida doctrina de la justificación por la fe fue pervertida en la satánica doctrina de la injusticia a través de la presunción, de acuerdo con la definición dada en El Deseado de Todas las Gentes.
“La fe reclama las promesas de Dios, y trae frutos de obediencia. La presunción también reclama las promesas, pero las usa tal como lo hizo Satanás, para excusar la transgresión”.
En ese mismo libro, Ellen White ha escrito seis veces que la idea de que Dios ha dado una ley que Sus súbditos no pueden obedecer, era la mentira inventada por Satanás, con la cual él esperaba ser capaz de destronar a Dios de Su trono. En todas sus obras publicadas en que ella hace la declaración, un total de 35 veces, y aun en Signs of the Times, ella añade esta solemne advertencia:
“Satanás declaró que era imposible para los hijos e hijas de Adán guardar la ley de Dios… Los hombres que están bajo el control de Satanás repiten esta acusación contra Dios, afirmando que los hombres no pueden guardar la ley de Dios”.
Visto a la luz del trasfondo de la afirmación del Espíritu de Profecía que aparece en el nuevo libro “Creencias de los Adventistas del Séptimo Día”, la declaración dada anteriormente es realmente grave:
“Como la mensajera de Dios, sus escritos (de Ellen White) son una continua y autoritativa fuente de verdad, la cual le provee a la iglesia confort, guía, instrucción y corrección”.
¿Preguntaría alguna mente razonable si los hombres que están predicando o enseñando las mentiras de Satanás como si fuesen verdad han sido atrapados en una apostasía? ¿Podría haber una apostasía más seria que abandonar la verdad de Dios por una mentira de Satanás?
¿Colocaría, cualquier persona con una mente sana, la culpa sobre los miembros de la iglesia que reco-nocen la mentira de Satanás como siendo lo que es, si ellos protestan contra esa enseñanza como si fuese la verdad, a sus hijos como a sí mismos?
¿Y cuando sus protestas son ignoradas por los ministros, profesores y administradores de la Conferen-cia, deben ellos ser castigados al volverse en desesperación a diversos ministros que están enseñando el Adventismo histórico y donde ellos pueden sentirse seguros de que la mentira satánica nunca vendrá a ser presentada como siendo verdad?
Nosotros creemos que el lector está comenzando a entender la verdadera naturaleza de la actual situa-ción en nuestras iglesias y por qué las condiciones en algunos lugares van de la confusión al caos. Creo que no hay ninguna iglesia en la División Norteamericana que no esté siendo polarizada en relación a estos asuntos, y problemas muy serios se están desarrollando en Australia y en Europa occidental.
¡Cuán importante, es entonces, que estudiemos cuidadosamente para que podamos reconocer la dife-rencia entre la verdad y el error, para que conozcamos la naturaleza y las características de la gran apostasía y evitemos sus errores y su triste fin! Porque, a pesar de la apariencia actual, no podemos du-dar a respecto del fin de la batalla entre la verdad y la falsedad. La verdad triunfará gloriosamente; no debemos tener temor acerca de eso.
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Re: El Fino Arte de la Incredulidad

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:13 am

A esta altura puede ser necesaria una palabra de cautela. Aquellos que están atrapados en la apostasía y que están predicando la mentira satánica desde nuestros púlpitos, parecen no haber colocado estas de-claraciones delante de ellos. Sin embargo, nosotros tenemos la instrucción del Señor a través de Su mensajera:
“Llamad a la rebelión por su justo nombre, y a la apostasía por su justo nombre”.
Por la gracia de Dios, este mandato será obedecido. Nos falta el tiempo y el espacio como para registrar aquí todo el juego y el contra juego de intereses e influencias que se están oponiendo unos con los otros, y cada lado puede experimentar una ganancia aquí o una pérdida allá. Los registradores celestiales están anotando fielmente todo, y ellos jugarán su parte en la disposición final de la justicia divina, cuando cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta del papel que hemos jugado en esta fase del gran conflicto entre Cristo y Satanás. Sin embargo, hay una asombrosa y fascinante historia que es muy ilustrativa del gran conflicto envuelto, que merece ser observada. La voy a compartir con usted tal como me la fue contada por el hermano Roy Allan Anderson, el cual sirvió durante muchos años como líder de la Aso-ciación Ministerial de la Conferencia General.
En la década de 1920 Anderson estaba haciendo una obra evangelística en su país natal, Australia. Él había desarrollado una aproximación para evangelizar grandes ciudades que se estaba comprobando como siendo muy efectiva, y más tarde en esa década fue convidado para llevar su programa a Londres. Allí él condujo una larga serie de reuniones “centrales y periféricas” con buenos resultados.
Antes de dejar Australia él se había informado de lo que pensó era un extraño cambio en las enseñanzas del hermano W. W. Fletcher, un respetable ministro y misionero. Anderson quedó desconcertado y no supo cómo entender estos cambios que él observó en el pensamiento de Fletcher.
Mientras estuvo en Londres, Anderson recibió un mensaje de que L. R. Conradi, el antiguo líder de la División Europea, que más tarde apostató, quería hablar con él. Anderson fue a la casa de Conradi y lo escuchó decir en forma entusiasta cómo estaba planeando organizar una iglesia separada. “Si usted se une a mí”, dijo Conradi, “yo lo haré obispo de toda Inglaterra”.
Anderson replicó con horror de que ni siquiera consideraría tal cosa. Conradi replicó, “Bien, hace poco tiempo atrás, W. W. Fletcher estaba sentado en esa silla donde ahora usted está sentado, y yo le di toda Australia a él”.
Se pasaron los años, y las influencias que fueron colocadas en movimiento por Conradi produjeron sus frutos. En 1979 Desmond Ford, un ministro de Australia, lanzó un ataque sobre nuestra doctrina del santuario, en la cual él expresaba su aprecio por la manera de pensar de W. W. Fletcher. Ford se tomó su tiempo para preparar una declaración escrita de sus puntos de vista, para que pudieran ser considerados en una reunión especial en Glacier View, Colorado. Como delegado a esa reunión, Anderson recibió una copia del trabajo de Ford. Cuando lo leyó, me dijo, “¡Esto no es nada más que una repetición de las ideas de W. W. Fletcher!”.
¿Eran estas opiniones que pasaron de Conradi para Fletcher y para Ford, grandes descubrimientos te-ológicos? No. Yo fui uno de aquellos que fui solicitado para analizar el ataque de Ford sobre el santua-rio y para enviar mis descubrimientos a la Conferencia General. Yo analicé ese material que me llegó y lo comparé con sus alegadas fuentes, y llegué a la conclusión que 80-90% eran puras malas interpreta-ciones: falsos reclamos acerca de las Escrituras, falsas declaraciones acerca del Espíritu de Profecía, y falsas declaraciones acerca de otras fuentes también.
¿Cómo sucedieron esas cosas? ¿Dónde comenzó todo? Con L. R. Conradi, el presidente de nuestra Di-visión Europea en los comienzos de 1900, el cual esparció tales semillas de incredulidad sobre el Espí-ritu de Profecía a través de toda Europa, que los malos resultados aun son vistos hoy en día. ¡Qué pésimo ejemplo de mala influencia – de Conradi para W. W. Fletcher y de este para Desmond Ford, y de ahí a innumerables ministros ASD – los cuales aun no han entendido la verdadera naturaleza de la gran apostasía!
No ha sido nuestro propósito en esta introducción sobre el asunto, analizar la gran apostasía, sino que señalarla y describirla brevemente. Los detalles específicos serán provistos en el próximo capítulo de este libro.
Como muchos pueden verlo, el periodo de tiempo de la gran apostasía va desde 1950, cuando el fasci-nante prospecto de aceptación de las iglesias Protestantes caídas, las hijas de Babilonia, hicieron con que nuestros hermanos que estaban enfrascados en análisis teológicos con Walter Martin y con sus co-legas calvinistas, para hacer una concesión con mucha falta de sabiduría, hasta el tiempo del zarandeo, cuando Dios purifique Su iglesia para prepararla para el alto clamor y para la lluvia tardía.
“Pero los días de purificación de la iglesia se están apresurando rápidamente. Dios tendrá un pueblo pu-ro y verdadero. En la poderosa separación que luego va a ocurrir, estaremos mejor preparados para me-dir la fuerza de Israel. Las señales revelan que el tiempo está cerca cuando el Señor manifestará que Su aventador está en Sus manos, y Él va a purificar completamente su era”.
Este proceso de purificación no será placentero, ni será limitado en su extensión. En este tiempo, aque-llos que han aceptado algunas de las falsas doctrinas del calvinismo tienen la influencia controladora en nuestras dos más importantes casas publicadoras, como también en nuestras instituciones educacionales. Los artículos que defienden nuestra fe histórica son raramente aceptados para ser publicados en nuestras más importantes casas publicadoras, y si son aceptados, son acompañados por un artículo refutador de algún escritor calvinista. Es una alegría, cada vez más excepcional, encontrar a un joven ministro en la División Norteamericana hoy, que esté predicando los hitos de nuestra fe histórica, y en los países de Australia y Nueva Zelanda esas predicaciones son aun más excepcionales.
Muchos ministros jóvenes han sido enseñados a referirse a nuestra fe histórica como siendo Adventismo tradicional, el cual quiere hacer con que los punteros del reloj vuelvan atrás al siglo XIX. La tradición es para muchas mentes Adventistas un término peyorativo. Muchos de nuestros miembros recuerdan muy bien cómo les fue presentada la evidencia en reuniones evangelísticas o en estudios bíblicos, para que ellos tomaran una firme decisión para que se alejaran de la tradición hacia las Escrituras y se unieran a la IASD. Tener ahora sus creencias descritas como “tradición”, las cuales enfáticamente no lo son, es difícil y perturbador para ellos.
Y como lo mencionamos antes, cuando el sucesor de Walter Martin, Kenneth Samples, condujo una in-vestigación entre los ministros de una gran Asociación en Norteamérica, 14 de los 66 ministros que respondieron, declararon que no creían que nuestra doctrina sobre el santuario fuese escriturística. Otros 13 no respondieron esa pregunta, aun cuando respondieron las otras preguntas. Así, casi 50% no fueron capaces de dar un testimonio positivo acerca de nuestra doctrina más distintiva, el santuario.
El cuadro es realmente terrible. Sin embargo, nos acordamos del testimonio que el Señor le dio a Elías, de que Él tenía 7000 en Israel que no habían apostatado. Aparentemente ellos eran personas quietas y no obstructivas que no eran destacados ni habladores, pero que estaban sirviendo al Señor en sus lugares de trabajo, a pesar de la apostasía que los rodeaba. Sin duda hay muchas de esas personas en nuestras filas hoy, que no nos son conocidas ahora, pero que serán conocidas cuando la creciente tiniebla haga brillar las estrellas. Mientras tanto, decidamos que por la gracia de Dios, sacaremos “calor del frío de los demás, coraje de la cobardía, y lealtad de su traición”.
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