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La Ley de Dios.-

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La Ley de Dios.-

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:02 am

La Ley de Dios.-


“El hecho de que el santo par al desobedecer la prohibición de Dios en un punto en particular, transgrediendo así su ley, y como resultado sufrieron las consecuencias de la caída, debiera impresionarnos a todos con un justo sentido del carácter sagrado de la ley de Dios. Si la experiencia de nuestros primeros padres, en la transgresión que muchos de los que profesan temer a Dios llamarían los requerimientos menores de la ley de Dios, fue atendida con tales consecuencias tan temibles, ¿cuál será la punición de aquellos que no solamente quiebran sus más importantes preceptos, tal como están claramente definidos en el cuarto mandamiento, sino que aun le enseñan a otros a transgredirlos?
Todos entenderán, tal como lo hicieron Adán y Eva, que Dios quiere decir aquello que dijo. Los hombres que pasan indiferentemente en relación a los reclamos especiales de la santa ley de Dios, y que se alejan y rechazan la luz dada sobre el Sábado del cuarto mandamiento, y tratan de aliviar sus consciencias siguiendo tradiciones y costumbres, serán tenidos como responsables por Dios, y en un grado mayor, que si Cristo no hubiese venido a la tierra, y hubiese sufrido en el Calvario. El hecho de que la redención del hombre de la penalidad de la transgresión, requirió este maravilloso sacrificio por parte de Cristo, es una prueba irrefutable de la naturaleza inmutable de la ley de Dios.
Dios dio un claro y definido conocimiento de su voluntad a Israel a través de preceptos especiales, mostrando el deber del hombre para con Dios y para con su prójimo. La adoración debida a Dios fue claramente definida. Un sistema especial de ritos y ceremonias fue establecido, el cual aseguraría el recuerdo de Dios entre su pueblo, y así serviría como un cerco vivo para guardar y proteger los diez mandamientos de ser violados.
El pueblo de Dios, a quien él llama su tesoro peculiar, tuvo el privilegio de tener un sistema doble de ley: la moral y la ceremonial. La una, que señala hacia atrás a la creación, para que se mantenga el recuerdo del Dios viviente que hizo el mundo, cuyas demandas tienen vigencia sobre todos los hombres en cada dispensación, y que existirá a través de todo el tiempo y la eternidad; la otra dada debido a que el hombre transgredió la ley moral, y cuya obediencia consistía en sacrificios y ofrendas que señalaban la redención futura. Cada una es clara y diferente de la otra.
La ley moral fue desde la creación una parte esencial del plan divino de Dios, y era tan inmutable como él mismo. La ley ceremonial debía responder a un propósito particular en el plan de Cristo para la salvación de la raza humana. El sistema simbólico de sacrificios y ofrendas fue establecido para que mediante esas ceremonias el pecador pudiera discernir la gran ofrenda: Cristo. Pero los judíos estaban tan cegados por el orgullo y el pecado que sólo unos pocos de ellos pudieron ver más allá de la muerte de animales como una expiación por el pecado; y cuando vino Cristo, a quien prefiguraban esas ofrendas, no pudieron reconocerlo. La ley ceremonial era gloriosa; era el medio dispuesto por Jesucristo en consejo con su Padre para ayudar en la salvación de la raza humana. Toda la disposición del sistema simbólico estaba fundada en Cristo. Adán vio a Cristo prefigurado en el animal inocente que sufría el castigo de la transgresión que él había cometido contra la ley de Jehová.
La ley de tipos llegó hasta Cristo. Toda fe y esperanza estaba centrada en Cristo hasta que el tipo alcanzase al antítipo en Su muerte. Los estatutos y leyes que especificaban el deber del hombre en re-lación a su prójimo, estaban llenos de importante instrucción, definiendo y simplificando los principios de la ley moral, con el propósito de aumentar el conocimiento religioso, y de preservar al pueblo escogido de Dios en forma distinta y separada de las naciones idólatras.
Los estatutos relacionados con el matrimonio, herencias, y estricta justicia relacionados los unos con los otros, eran peculiares y contrarios a las costumbres y maneras de las otras naciones, y fueron designados por Dios para guardar a su pueblo separado de las otras naciones. La necesidad de esto para preservar al pueblo de Dios de volverse igual a las naciones que no poseían el amor ni el temor de Dios, es la misma en esta era corrupta, cuando prevalece la transgresión de la ley de Dios y la idolatría existe de una manera temeraria. Si el antiguo Israel necesitó de esa seguridad, nosotros la necesitamos aun más, para guardarnos de ser totalmente confundidos con los transgresores de la ley de Dios. Los corazones de los hombres están tan propensos a alejarse de Dios, que existe la necesidad de restricción y disciplina.
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Re: La Ley de Dios.-

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:03 am

El amor que Dios le trajo al hombre a quien Él había creado a su propia imagen, lo llevó a dar a Su Hijo para que muriese por la transgresión del hombre, para que el aumento de pecado no lo llevase a olvidarse de Dios y de la redención prometida, el sistema de ofrendas sacrificiales fue establecido para tipificar la perfecta ofrenda del Hijo de Dios.
Cristo era el ángel apuntado por Dios para que anduviese ante Moisés en el desierto, conduciendo a los Israelitas en su caminada hacia la tierra de Canaán. Cristo le dio a Moisés Sus instrucciones especiales, las cuales deberían ser dadas a Israel. “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Cor. 10:1-4).
En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús se levantó y alzó la voz, diciendo, si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”. (Juan 7:37). Estas palabras fueron dichas para testificar una representación para los Judíos de agua fluyendo de la dura piedra. Esta conmemoración de traer agua de la roca en el desierto, movió el corazón del Hijo de Dios a tierna compasión y piedad por su entenebrecido entendimiento; porque no verían la luz que él les había traído. Cristo les dijo que Él es esa roca. Yo soy esa agua viva. Vuestros padres bebieron de esa roca espiritual que los seguía. Esa roca era yo mismo. Fue solamente a través de Cristo que los Hebreos fueron favorecidos con las bendiciones especiales que ellos estaban recibiendo continuamente, a pesar de su pecaminosa murmuración y rebelión.
Como consecuencia de la continua transgresión, la ley moral fue repetida de una manera grandiosa desde el Sinaí. Cristo le dio a Moisés preceptos religiosos que debían gobernar la vida diaria. Estos estatutos fueron explícitamente dados para guardar los diez mandamientos. No eran tipos de sombras que debieran cesar con la muerte de Cristo. Debían ser impuestos sobre el hombre en cada era, mientras durase el tiempo. Estos mandamientos fueron impuestos por el poder de la ley moral, y ellos clara y definitivamente explicaban aquella ley.
Cristo se volvió pecado por la raza caída, tomando sobre Sí mismo la condenación que descansaba sobre el pecador por su transgresión de la ley de Dios. Cristo estuvo a la cabeza de la familia humana como su representante. Él tomó sobre Sí mismo los pecados del mundo. En semejanza de carne de pecado Él condenó el pecado en la carne. Él reconoció los reclamos de la ley Judía hasta su muerte, cuando el tipo encontró al antítipo. En el milagro que Él le hizo al leproso, Él le dijo que fuese al sacerdote con una ofrenda de acuerdo con la ley de Moisés. Así Él sancionó la ley que requería ofrendas.
Los cristianos que profesan ser estudiantes de la Biblia, pueden apreciar más completamente que el antiguo Israel, el significado de las ordenanzas ceremoniales, que se les requería que observasen. Si ellos son realmente cristianos, estarán preparados para reconocer la santidad e importancia de los tipos de sombras, ya que ellos veían el cumplimiento de los eventos que ellas representaban. La muerte de Cristo les da los cristianos un correcto conocimiento del sistema de ceremonias y explica profecías que aun permanecen oscuras para los Judíos. Moisés de sí mismo, no elaboró ninguna ley. Cristo, el ángel a quien Dios apuntó para que anduviese ante su pueblo escogido, le dio los estatutos y requerimientos necesarios para una religión viva y para gobernar al pueblo de Dios. Los cristianos cometieron un terrible error al llamar a esta ley severa y arbitraria, y entonces comparándola con el evangelio y con la misión de Cristo en su ministerio aquí en la tierra, como si Él estuviese en oposición a los justos preceptos que ellos llamaban la ley de Moisés.
La ley de Jehová, que nos lleva a la creación, estaba incluida en los dos grandes principios, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otros mandamientos mayores que estos” (Mat. 22:37-39). Estos dos grandes principios abrazan los primeros cuatro mandamientos, mostrando el deber del hombre para con Dios, y los últimos seis, mos-trando el deber del hombre para con su prójimo. Los principios fueron más explícitamente declarados al hombre después de la caída, y fueron dichos para enfrentar el caso de inteligencias caídas. Esto fue ne-cesario como consecuencia de que las mentes de los hombres estaban siendo cegadas por la transgre-sión.
Dios graciosamente pronunció Su ley y la escribió con su propio dedo en la piedra, haciendo un solemne pacto con Su pueblo en el Sinaí. Dios los reconoció como Su peculiar tesoro sobre todos los pueblos de la tierra. Cristo, que caminó ante Moisés en el desierto, dejó los principios de moralidad y religión más claros, a través de preceptos particulares, especificando el deber del hombre para con Dios y para con su prójimo, con el propósito de proteger la ley de Dios, la cual no debía ser completamente olvidada en medio de un mundo apóstata.
Los profesos cristianos dicen ahora, ¡Cristo, Cristo es nuestra justicia, pero fuera con la ley! Ellos hablan y actúan como si la misión de Cristo a un mundo caído, fuese con el expreso propósito de anular la ley de Su Padre. ¿Ese trabajo no habría sido tan bien ejecutado, sin que el unigénito del Padre viniese a este mundo y soportase la pena, la privación, y la vergonzosa muerte de la cruz? Los ministros predican que la expiación le dio al hombre libertad para quebrar la ley de Dios, y para cometer pecado, y después alabar la libre gracia y misericordia revelada a través de Cristo bajo el evangelio, mientras desprecian la ley de Dios.
Ellos dejan a un lado las restricciones de la ley, y dan rienda suelta a las corruptas pasiones y a los deseos del corazón natural, y entonces quieren triunfar en la misericordia y en la gracia del evangelio. Cristo les dice a esos: “No todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21). ¿Y cuál es la voluntad del Padre? Que guardemos sus mandamientos. Cristo, para imponer la voluntad de su Padre, se volvió el autor de los estatutos y preceptos dados a través de Moisés al pueblo de Dios. Los cristianos que alaban a Cristo, pero que se colocan a sí mismos contra la ley que gobierna la iglesia Judía, colocan a Cristo co-ntra Cristo.
La muerte de Jesucristo para la redención del hombre, levanta el velo y refleja un flujo de luz cientos de años hacia atrás, sobre toda la institución del sistema Judío de religión. Sin la muerte de Cristo todo este sistema carecía de significado. Los Judíos rechazaron a Cristo, y por ello todo su sistema de religión les es indefinido, inexplicable e incierto. Ellos le dieron mucho más importancia a las ceremonias de tipos de sombras las cuales encontraron su antítipo, que a la ley de los diez manda-mientos, la cual no era una sombre, sino que una realidad tan duradera como el trono de Jehová. La muerte de Cristo eleva el sistema Judío de tipos y ordenanzas, mostrando que eran apuntados divi-namente, con el propósito de guardar la fe viva en el corazón de su pueblo”. RH, 06 de Mayo de 1875.
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Re: La Ley de Dios.-

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:05 am

1.- De acuerdo con Ellen White, la ley ceremonial ha terminado, cesado, no tiene fuerza, ha pasado, es nula y vana, fue abrogada, fue clavada en la cruz y ha sido abolida.
2.- En su artículo de la RH del 06 de Mayo de 1875, Ellen White analiza los “estatutos y leyes” dadas por Cristo a través de Moisés y claramente los separa de la ley ceremonial. Ella escribe ocho veces, que estos “estatutos y leyes” eran explicaciones y aplicaciones de los principios de la ley moral, los Diez Mandamientos.
Por eso, aquellos que están recomendándonos que guardemos los días de fiesta, la Pascua, el Pentecostés y la fiesta de los Tabernáculos, están encontrando imposible de mantener el hecho de que la ley ceremonial aun esté vigente. ¿Cómo, entonces, pueden probar que estos días de fiesta son obligatorios para nosotros? Su respuesta a esta pregunta es impresionante en su audacia. ¡Ellos nos dicen que los días de fiesta hacen parte de la ley moral!
Tenemos que resistir la tentación de simplemente olvidarnos de esto y rehusarnos a considerar una proposición como esta. Los promotores de esta idea parecen ser serios y sinceros, y no serán ayudados por una actitud desdeñosa de nuestra parte. Nuestras respuestas, para servir de ayuda, tiene que estar presentada en el amor cristiano y con claras evidencias. Por lo tanto, examinemos sobriamente esta proposición de que las tres fiestas, la Pascua (la fiesta de los Panes sin Levadura), el Pentecostés (la fiesta de las Semanas) y la fiesta de la Cosecha (la fiesta de los Tabernáculos), hacen parte de la ley mo-ral.
Podemos comenzar notando que Dios escribió diez mandamientos en las tablas de piedra, y no trece.

“Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra”. Deut. 4:13.

“Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová”. Deut. 10:4.

“Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí”. Deut. 5:22.

Esta era la ley moral. La Biblia no usa ninguno de los dos términos, moral o ceremonial, pero la mensajera de Dios para el remanente, sí lo hace.

“(Dios) removería toda posibilidad de mal entendimiento, de mezclar cualquier tradición con los diez mandamientos de la ley moral, o de confundir los requerimientos divinos con las prácticas de los hombres; y para hacer esto, Él no solamente habló las diez palabras de la ley moral, sino que las escribió con Su propio dedo en tablas de piedra”. 2ST:36.

“No compararéis vuestro carácter con la ley moral de Dios, los diez mandamientos?”. 2ST:150.

Fuera de las tablas del testimonio que le fueron dadas a Moisés en el monte, él recibió allí el ritual de la ley ceremonial... Es esta ley de ceremonias, que encontraría su cumplimiento con la muerte de Cristo, cuando el tipo encontraría al antítipo, que en nuestros días es tan fácilmente confundida con la ley moral de los diez mandamientos, la cual fue escrita con el dedo de Dios sobre la piedra, y que es tan perdurable como el trono de Jehová”. 1ST:170.

Cuando recordamos las innumerables diferencias entre la forma en que fueron dadas y el uso de las leyes moral y ceremonial, queda fuertemente impresionado en nuestras mentes, de que fue el propó-sito de Dios el mantener una nítida y clara distinción entre ellas.

La Ley Moral: fue escrita por Dios, escrita en piedra, guardada en el arca, tiene que ver con asuntos morales, define el pecado, es tan eterna como el propio Dios.

La Ley Ceremonial: Fue escrita por Moisés, fue escrita en un pergamino, colocada al lado del arca, tiene que ver con ceremonias, fue adicionada a causa del pecado, debía ser válida por un tiempo limitado.

Además, en vista de las diferentes declaraciones de Ellen White, de que la ley moral era conocida por Adán y Eva antes de la caída (PP:378) como también por los ángeles no caídos (El Monte de las Bendiciones:48), se nos requiere a través de esta proposición que veamos los días de fiesta como si hubiesen sido observados en el Edén y hasta en el propio cielo.
Esta proposición, de que los días de fiesta hacían parte de la ley moral, es la pieza central de la evidencia colocada ante nosotros por aquellos que nos están urgiendo a observar los días de fiesta. Es su primer y más fuerte argumento. Lo dejaremos al juicio considerado del lector, si es que el reclamo está adecuadamente apoyado por la evidencia.
El segundo mayor argumento que está siendo utilizado por aquellos que nos urgen a observar los días de fiesta, envuelve el uso de la palabra “estatutos”. Aquí tenemos que recordar el cuidado de Ellen White en relación a la Biblia: “Son expresados diferentes significados por la misma palabra: no hay una única palabra para cada idea diferente”. 1MS:23.
Esto es enfáticamente verdadero en el uso bíblico de las palabras “estatuto” y “estatutos”. La Concordancia de Strong lista 165 ocurrencias de estas palabras en el Antiguo Testamento (ninguna de estas palabras se encuentran en el Nuevo Testamento). A medida que examinamos la lista, descubrimos rápidamente que las palabras “estatuto” y “estatutos” son usadas de cuatro maneras bien diferentes en las Escrituras.
Primero, observamos que la mayoría de los usos bíblicos de as palabras “estatuto” y “estatutos” son generales y todo inclusivos en naturaleza, teniendo relación con cualquiera o con todas las instruc-ciones que Dios le ha dado a Su pueblo.
La segunda gran ocurrencia de estas palabras están en relación con detalles específicos de la ley ceremonial. En Exodo, en los capítulos 27-30, en Levítico en los capítulos 3-24, y en Números en los capítulos 18-19, aparecen una multitud de instrucciones detalladas, en relación a la ministración de los sacerdotes. Estas instrucciones son frecuentemente acompañadas con la frase, “será un estatuto para siempre” (o perpetuo).
La tercera gran ocurrencia de las palabras “estatuto” y “estatutos” aparecen en relación a las explicaciones y aplicaciones de la ley moral. En este uso la palabra “estatutos” está frecuentemente asociada con la palabra “leyes”. Tal como hemos visto, muchos de estos usos están registrados en los capítulos 21-23 de Exodo, inmediatamente después de la ley moral, la cual aparece en el capítulo 20. Estos fueron analizados en la primera parte de este estudio.
Cuarto, hay unas pocas referencias en las Escrituras con el uso de las palabras “estatutos” de una manera que puede ser entendida como siendo aplicadas a los diez mandamientos, la ley moral, en el to-do o en parte (ver Neh. 9:12-14 y Salmo 19:7-8).
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Re: La Ley de Dios.-

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:06 am

Los escritos de Ellen White reflejan estos cuatro usos diferentes de las palabras “estatuto” y “estatutos”, aun con pequeñas diferencias de énfasis. Ella aplica la palabra “estatutos” a la ley moral más frecuentemente que lo que lo hacen los escritores de la Biblia, a menudo adicionando las palabras “di-vina” o “sagrada”. Ella ve los Diez Mandamientos de Dios como “estatutos divinos”.

“Como fuera de sí, los impíos han contemplado la coronación del Hijo de Dios. Ven en las manos de él las tablas de la ley divina, los estatutos que ellos despreciaron y transgredieron”. CS:727.

“Los ateos, los incrédulos y los apóstatas se oponen abiertamente a la ley de Dios; pero los resultados de su influencia prueban que el bienestar del hombre depende de la obediencia a los estatutos divinos”. CS:329.

“Los sagrados estatutos que Satanás ha odiado y quiere destruir, serán honrados a través de todo el universo inmaculado”. PP:355. (ver también PP:69,88,123,143,339,342, 732 y PR:15). (hay que corregir la paginación).

Ellen White hace algunos usos de “estatutos” en un sentido general (PP:332, Evangelismo:308, y 2ST:173), y algunas veces se refiere a toda la Biblia como el “libro del estatuto” (tal como lo hace en La Fe Por La Cual Yo Vivo:354). Ella hace diversos usos de “estatutos” con referencia a la ley ceremonial, en todo o en parte (algunas son citas de las Escrituras. Ver PP:361; PR:392-393, ST 09-01-1896, RH 22-07-1915, etc.).
Ella sigue el ejemplo de los escritores de la Biblia al referirse a las explicaciones y aplicaciones de la ley moral como siendo “estatutos y leyes”. (ver su análisis del artículo de la RH del 06 de Mayo de 1875 en la primera parte de este trabajo). En un interesante comentario, ella dice lo siguiente en 3Dones Espirituales:299-300.

“Si el hombre ha guardado la ley de Dios, tal como se la dio a Adán después de su caída, preser-vada en el arca por Noé, y observada por Abrahán, no habría habido necesidad de la ordenanza de la circuncisión. Y si los descendientes de Abrahán hubiesen guardado el pacto, del cual la circuncisión era una señal o promesa, nunca se habrían ido hacia la idolatría, y no habrían sufrido con la ida a Egipto, y no habría habido necesidad de que Dios proclamase su ley desde el Sinaí, y de grabarla en tablas de piedra, y de guardarla a través de consejos definidos en las leyes y estatutos dados a Moisés.
Moisés escribió estas leyes y estatutos de la boca de Dios, mientras estaba con Él en el monte. Si el pueblo de Dios hubiese obedecido los principios de los diez mandamientos, no habría habido necesidad de los consejos específicos dados a Moisés, los cuales él escribió en un libro, relacionados con su deber para con Dios y los unos con los otros. Los consejos definidos que el Señor le dio a Moisés en relación con el deber de Su pueblo los unos con los otros, y con el extranjero, son los principios de los diez mandamientos simplificados, y dados de una manera definida de manera que no errasen”.
Realmente, tal como Ellen White escribió: “Son expresados diferentes significados por la misma palabra: no hay una única palabra para cada idea diferente”. 1MS:23.
Tal como lo hemos visto ahora, esto es verdadero acerca de las palabras “estatuto” y “estatutos”, tanto en las Escrituras como en los escritos de Ellen White. Ambos usan estas palabras en por lo menos cuatro maneras diferentes, con significados muy diferentes. Se hace evidente que serios errores resulta-rán si las palabras no son usadas en cuidadosa armonía con las intenciones de los autores originales.
¿Cómo, entonces, podremos protegernos nosotros mismos de estos errores? Obviamente, poniendo mucha atención al contexto de cada uso de las palabras. Esta es una salvaguarda completamente satisfactoria. El contexto normalmente está completamente claro. Para ilustrar el problema: supongamos que encontramos uno de esos “estatuto”, tal como aparece en Lev. 7:34, lo cual requiere que el “pecho que se mece” y la “espaldilla elevada” de las ofrendas de paz fuesen dadas a los levitas para su alimentación. Entonces colocamos a un lado de esta cita una de estas referencias de Ellen White relacionadas con la ley moral como “estatutos divinos” que perdurarán a través de la eternidad. Llegaremos a la conclusión de que a través de toda la eternidad habrán sacerdotes comiendo la carne de animales sacrificados. Obviamente, estos son dos usos diferentes del término “estatutos”, y no debemos unirlos. Juntarlos produce serios errores.
No hay nada inusual o misterioso en el uso de palabras en armonía con su contexto. Considere, por ejemplo, nuestra palabra rápido. Un caballo veloz es llamado un caballo rápido. Pero cuando el mismo caballo es atado rápido a un árbol, el significado de rápido es totalmente diferente. Abstenerse de comida es un “ayuno” (“fast” quiere decir rápido, pero también quiere decir “ayuno”). Una persona que pierde la moral es un “disipado” (también se dice “fast” en inglés). Los colores que no se degradan, se dice que son “firmes” (también se usa “fast” en inglés). La palabra es la misma en todos los casos, pero el significado es indicado por el contexto. Nosotros practicamos esto continuamente y no tenemos mayores problemas con ello.
Desatender este principio de contexto es el específico y muy serio problema que encontramos en los escritos de aquellos que nos están urgiendo para que observemos los días de fiesta. Ellos encontraron en la Biblia la palabra “estatutos” juntamente con estos días de fiestas, y colocaron todo junto, al lado del uso de la palabra “estatutos” en relación con la ley moral, la cual va a perdurar tanto como Dios viva. Así llegaron a la conclusión que los días de fiesta son válidos para toda la eternidad.
Similarmente, ellos toman el análisis de Ellen White de los “estatutos y leyes” que fueron dados para explicar y para aplicarlos a la ley moral, especialmente su declaración que dice:

“Estos estatutos fueron explícitamente dados para guardar los diez mandamientos. No eran tipos de sombras que tuviesen que cesar con la muerte de Cristo. Ellos tenían que permanecer sobre el hombre en todas las eras, mientras durase el tiempo”. RH, 06 de Mayo de 1875.

Ellos colocaron todo esto junto con referencias a los días de fiesta relacionados con los “estatutos”, y nuevamente llegaron a la conclusión de que son los días de fiesta que permanecen sobre el hombre mientras dure el tiempo.
Esto ignora la obvia verdad que los usos diferentes de la palabra “estatutos” tanto en las Escritu-ras y en el Espíritu de Profecía están divididos en cuatro categorías, y que no pueden ser usados en forma intercambiable, sin llevar en cuenta su contexto. En su artículo de la RH del 06 de Mayo de 1875, Ellen White no hace ninguna referencia a los días de fiesta, excepto cuando ella culpa a los Judíos por continuar observándolos, en el último párrafo del artículo.
Estas dos proposiciones, de que los días de fiesta hacen parte de la ley moral y de que los días de fiesta son los “estatutos” que permanecerán mientras dure el tiempo, son los dos argumentos más importantes que son colocados para apoyar el concepto de que nosotros debiéramos estar observando la Pascua (la fiesta de Panes Ázimos), el Pentecostés (la fiesta de las Semanas) y la fiesta de la Cosecha (la fiesta de los Tabernáculos). Tal como lo hemos visto, estos argumentos son seriamente defectuosos. Ellos no soportan una buena investigación.
Los argumentos menores también merecen un cuidadoso examen. Tengo ante mi dos “cartas pú-blicas” que están circulando, provenientes de un promotor que apoya los “días de fiesta”. Lo que he es-crito hasta aquí en este trabajo, es una respuesta a sus dos argumentos principales. Consideremos ahora sus argumentos menores:

1.- El escritor alega que Ellen White estaba “retenida” (impedida) de ver los días de fiesta. ¿Cómo sabemos esto? No se ofrece ninguna prueba.

2.- El escritor pregunta por qué debería Dios mostrarle a ella lo que ya le había mostrado a varios escritores de la Biblia, de que los días de fiesta son para todos los tiempos. No hemos encontrado ninguna evidencia convincente de que Dios le haya mostrado esto a los escritores de la Biblia. Se nos advierte en 1MS:46

“La instrucción que fue dada en los primeros días del mensaje ha de ser retenida como instrucción segura de seguir en estos días finales. Los que son indiferentes a esta luz e instrucción no deben esperar escapar a las trampas que, según se nos ha dicho claramente, harán que los que rechacen la luz tropiecen, y caigan, y sean entrampados, y retenidos allí”. 1MS:46.

3.- El escritor alega que hasta el año 300 d.C. los días de fiesta fueron guardados por las iglesias cristianas, pero no provee ninguna evidencia. Pedimos que sea documentado.

4.- El escritor cita una versión católica de la Biblia que coloca Daniel 7:25 así: “Él pensará en cambiar los días de fiesta y la ley”, en vez de “él pensará en cambiar los tiempos y la ley”, tal como aparece en la versión King James (KJV). Pero el Hebreo no coloca ninguna palabra para “fiestas” ni una palabra para “días” en este pasaje. La palabra hebraica es zemawn, la cual significa “tiempos”. Es la misma palabra usada en Daniel 6:10, donde se declara que Daniel oraba tres veces al día. ¿Observó Daniel tres días de fiesta cada día?

5.- El escritor alega, en relación a Gal. 4:10, que este pueblo no estaba observando las leyes ceremoniales Judías, porque los Judíos no observaban los “meses”. Realmente, ellos observaban el comienzo de cada mes, los cuales ellos marcaban por la aparición de la luna creciente (luna nueva) con ceremonias y sacrificios. Ver Núm. 10:10 y 28:11-14.

6.- El escritor alega que Ellen White no hace ninguna referencia a Col. 2:16-17. Esto es tremendamente cándido. En Col. 2:16 Pablo escribe, “que ningún hombre por lo tanto os juzgue...”. “Por lo tanto” significa, “Por lo que he dicho anteriormente”. Eso introduce una conclusión sacada de la evidencia anteriormente expuesta. Ellen White cita aprobando la evidencia citada en los versículos anteriores (Ver PP:32, Bible Echo del 16-04-1894, ST del 04-09-1884, ST del 09-01-1896, etc.). decir que ella acepta la evidencia pero no acepta la conclusión basada en esa evidencia es realmente extraño.

7.- Igualmente no convincente es la alegación del escritor de que algunas personas no identificadas no estaban juzgando a los Colocenses por los “días”, sino que los estaban juzgando por las comidas y bebidas que ellos estaban consumiendo en aquellos días. Nosotros entendemos que estas eran comidas y bebidas de las ofrendas. Compare Levítico 23 con Hebreo 9:10.

8.- El escritor, en su intento de juntar los sábados semanales y los días de fiesta, parece no llevar en consideración Lev. 23:37-38 donde dice:

Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo, además de los sábados de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová”.

Podrían ser agregadas más cosas, pero tal vez esto sea suficiente. Veamos nuevamente el simple y claro mensaje del apóstol Pablo:

“Que ningún hombre os juzgue por comida, bebida o con respecto a un día santo, o por la luna nueva, o por los días Sábados, los cuales son una sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”. Col. 2:16-17.

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Re: La Ley de Dios.-

Mensaje por LUZ HELENA el Jue Oct 06, 2011 4:07 am

Esto no prohibe la observancia de los días de fiesta, pero claramente prohibe el juicio de aquellos que no los observan. El escritor, en una de sus dos cartas públicas que están ante mí, con fecha de 07 de Marzo de 1993, parece reconocer este punto, pero propone una solución para el problema que seguramente será un sobresalto para los Adventistas del Séptimo Día, los cuales a través de toda nuestra historia hemos estado enfrentando y refutando la demanda colocada por los oponentes del Sábado, de que la expresión de Pablo, “días Sábados los cuales son una sombra de lo que ha de venir” incluye los Sábados semanales.
Ciertamente este es un argumento alarmante, uno que coloca en las manos de nuestros detractores un arma que ellos estarán felices en usar contra nuestro mensaje.
Que supliquemos sinceramente a todos los cristianos dedicados, que se han comprometido totalmente a seguir al Señor y a ejecutar toda Su voluntad, para que examinen cuidadosamente toda la estructura de argumentos que está siendo colocada por aquellos que están observando los días de fiesta. Hemos sido advertidos de que cuando lleguemos al tiempo del fin:

“... habrá gran perplejidad y confusión. Satanás, vestido con ropa de ángel, engañará, si fuese posible, a los propios escogidos. Habrán muchos dioses y muchos señores. Soplará todo viento de doctrina”. 5T:80; Maranata:198.

Que el Señor preserve a Su pueblo...
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LUZ HELENA
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