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El Primer Sábado

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El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:40 am

El Primer Sábado


La primera puesta de sol que Adán vio fue la del Sábado. Han pasado miles de años desde enton-ces, y miles de puestas de sol han testimoniado el hecho de que Dios es un amante de la gloria y de la belleza. Los hombres han testimoniado una y otra vez el milagro de que las noches se transformen en día, y los días en noches, y se han maravillado con la extraordinaria belleza de la escena. Ellos han visto, en las puestas de sol, la maravilla, el terror, la majestad del Sinaí; han visto una réplica del Gólgota cuando densas nubes se han juntado en un claro, y han mostrado la gloria, han visto los cielos bañados en la seráfica, las maravillosas bellezas del Paraíso mientras los colores armonizan lentamente de gloria en gloria, registrando en los cielos un cuadro de insuperable ternura y armonía, y en el alma un toque de aquella paz que sobrepasa el entendimiento. Aun con todo esto es dudoso que haya existido alguna puesta de sol comparable con aquella primera puesta de sol, cuando Dios y el hombre juntos testimo-niaron la llegada del primer Sábado a la tierra.
Dios pudo haber hecho muchas cosas en forma diferente en la creación, si Su naturaleza y propó-sito hubiesen sido apenas utilitarios. Cuando los hombres quieren luz u oscuridad, ellos accionan un in-terruptor ligándolo o desligándolo, y el efecto deseado se cumple inmediatamente. Dios pudo haber hecho lo mismo. Pero Él escogió un camino diferente, el camino más lento, el camino de la belleza y del asombro. Lentamente Él hizo con que la luz fuese disminuyendo, y el Artista celestial mostró lo que puede hacerse con el polvo de la tierra, con la neblina celestial, y con la luz de Sus luminarias escogidas, ya que Él mezcló estos ingredientes en el laboratorio del cielo y le mostró los resultados al hombre en una puesta de sol. El Dios que hace con que miles de flores florezcan sin darnos cuenta, que coloca la perla en el océano y la amatista entre las rocas, tiene que ser un amante de la belleza. Todo lo que Dios hace, Él lo hace de la manera más exquisita y bella. No nos asombra que al hombre se le pida que Lo adore no solo en santidad, sino que en la belleza de la santidad.
El hombre ha pecado y ha desfigurado la imagen de Dios. La propia tierra está siendo gradual-mente transformada, por la maldad de los hombres, de su belleza original en un caos de horror y feal-dad. Pero aun “los cielos declaran la gloria de Dios; y el firmamento muestra Su obra. Un día le habla al siguiente y una noche le muestra a la siguiente sabiduría. No hay palabras ni idioma, ni se escucha ninguna voz. Su voz salió por toda la tierra, y sus palabras hasta el fin del mundo. En ellos Él colocó un tabernáculo para el sol”. Salmo 19:1-4.


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Re: El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:40 am

El Don del Sábado.-



La desolación puede reinar sobre la tierra, la muerte puede acechar en las autopistas, pero Dios aun habla en y a través de la naturaleza, los cielos aun declaran la gloria de Dios, y las puestas de sol aun llaman a los hombres a adorar al Dios de la belleza, de la paz y del amor.
Dios ha terminado Su obra. Ha trabajado durante seis días, y ahora se acerca el atardecer, el atar-decer que va a iniciar el Sábado. Dios no está fatigado; pero “en el séptimo día Él cesó y reposó”. Isa. 40:28; Exo. 31:17. Había terminado la creación, y le había dado al hombre todo lo que un Padre amo-roso pudiese darle. Como un acto supremo le había dado a Adán una ayudadora, y en su nuevo amor recién encontrado, ambos caminaban a través del jardín, absorbiendo su belleza y regocijándose en su amor mutuo por su Padre celestial, que había provisto tan abundantemente para ellos, pero quien, por sobre todo, les había dado vida, belleza, gloria y vida abundante.
Ahora estaba llegando el atardecer, y el propio Dios estaba caminando mientras la temperatura iba descendiendo, observando Su obra y encontrándola buena. Él había provisto todo lo que el corazón podía desear; pero aun había una cosa que Él quería hacer, Él quería conceder un regalo más. Maravi-llosa como era la tierra, tremendamente amoroso como era el jardín, había aun algo más glorioso, más maravilloso, y Dios quería darles un anticipo de ello. Entonces Dios decidió darles en el Sábado un po-quito del cielo, un día en el cual pudiesen tener una comunión especial con Él, un día de fraternidad y de bendiciones especiales.
“El Sábado fue hecho para el hombre”. Mar. 2:27. Fue hecho, sin embargo, de una forma diferen-te a como fueron hechas las demás cosas. Del resto de la creación se declara: “Él habló y fue hecho; Él ordenó y apareció”. Por orden divina el mundo y todas las cosas que en él hay fueron llamadas a la existencia. Pero no fue así con el Sábado. Dios no dijo: “Que haya un Sábado”, y hubo un Sábado. El Sábado no fue hecho en un instante, ni por orden divina solamente. Tres hechos diferentes de Dios están registrados como siendo requisitos para que existiera el Sábado.

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Re: El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:41 am

El Primer Paso.-


“En el séptimo día Dios terminó Su obra que había hecho; y Él reposó en el séptimo día de toda Su obra que había hecho. Y Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en él había descansado de toda Su obra que Él había creado y hecho”. Gen. 2:2-3.
Primero, Dios reposó. Este reposo era una cuestión de ejemplo, porque, tal como ya se ha dicho, Dios no estaba fatigado. Pero el reposo era una parte necesaria al hacer el Sábado. Como el reposo de Dios era un ejemplo que el hombre debía seguir, fue necesario que Él reposase de la misma manera que Él esperaba que el hombre reposase; esto es, que no fuese apenas una parte del día, sino que durante todo el día. Así, la declaración dice que Dios no apenas reposó en el séptimo día, sino que Él “reposó el día séptimo”. Exo. 20:11.
Si Dios reposó el día séptimo, ¿cómo debemos nosotros entender la declaración de que “en el séptimo día Dios terminó Su obra que había hecho”? Gen. 2:2-3. Algunos han pensado que debe haber un error en esa cita, ya que no parece consistente decir que los cielos y la tierra fueron terminados en seis días, y que sin embargo Dios terminó Su obra en el séptimo día. ¿No debiera decir que Dios terminó Su obra en el sexto día en vez de decir que terminó en el séptimo? Nosotros no lo creemos así. La declaración de que los cielos y la tierra fueron terminados en seis días es verdadera; y también lo es la declaración de que Dios terminó Su obra en el séptimo día. Los cielos y la tierra fueron realmente ter-minados, pero la obra de Dios aun no había terminado. Él aun tenía que hacer el Sábado, y esto Él lo podía hacer únicamente en el Sábado. Y así Dios hizo el Sábado en el Sábado, y lo hizo reposando. Eso fue lo que terminó Su obra. El Sábado fue el toque que terminó todo. Solo cuando Él hubo hecho el Sábado Su obra estaba totalmente hecha.
Es eminentemente correcto que Dios terminase Su obra en el séptimo día, haciendo así del Sábado una parte definida de la creación, una parte que no puede ser separada del resto. Si Dios hubiese terminado Su obra en el sexto día, algunos podrían haber pensado que el Sábado no hacía parte del plan original de Dios, y que era más seguro ignorarlo. Todo aquel que cree en una creación terminada tiene que obligatoriamente creer en el Sábado; y también, todo aquel que no cree en el Sábado no cree en una creación terminada de Dios. A esto se refiere el escritor de Hebreos cuando habla del séptimo día, y ob-serve que “las obras fueron terminadas desde la fundación del mundo”. Heb. 4:3. Dios completó Su obra en el séptimo día haciendo el Sábado en ese día. El verso dice: “Dios bendijo el séptimo día y lo santificó”. Gen. 2:3.
Existen aquellos que piensan que hubiese sido mejor si Dios hubiese dicho que Él había bendecido el día Sábado en vez del séptimo día. Pero el verso dice lo que Dios quería que dijese. Si dijese apenas que Dios bendijo el día Sábado, algunos podrían pensar que se refería a cualquier día en que el Sábado llegase, y que si el primer día de la semana podía ser escogido como Sábado, la bendición se aplicaría a aquel día. Para prevenir cualquier interpretación de ese tipo, Dios declara que Él bendijo el día séptimo, no el primero, ni el tercero, ni cualquier otro día, sino que el séptimo día. De tal manera que el séptimo día es un día bendito.
Si algunos protestan contra esta interpretación diciendo que confina la bendición al séptimo día, y que no está diciendo que este día sea el Sábado, le responderíamos que Dios unió en el cuarto manda-miento el Sábado con el séptimo día declarando que Dios “reposó el día séptimo; por lo cual el Señor bendijo el día Sábado y lo santificó”. Exo. 20:11. Aquí el séptimo día y el Sábado están unidos, y el séptimo día es identificado como siendo el Sábado que Dios bendijo. Esto sella y completa la evidencia. Dios bendijo el séptimo día y ese día es el Sábado.
Dios no bendijo el Sábado en general, ni tampoco bendijo un Sábado, ni tampoco el Sábado, sino que el día Sábado, y ese día Sábado es el séptimo día. Sin duda que estas declaraciones son tan precisas y definidas por alguna razón. Dios quería que no hubiese ningún mal entendido o disputa en relación a lo que Él dijo o mencionó. Él ha hecho todo lo que se podía hacer para dejar el asunto bien claro. Él no pudo ser más específico.
Cuando Dios bendijo el día Sábado, ya había bendecido al hombre. Gen. 1:28. Esta bendición in-cluyó la fructificación y la promesa de dominio sobre las bestias del campo y sobre cada cosa viviente. Así como Dios bendijo a Abraham, para que fuese una bendición, así Él bendijo a Adán y Eva. Ellos debían fructificar y multiplicarse, y ser una bendición para sus descendientes como también para las bestias del campo, a las cuales debían tratar bondadosamente.

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Re: El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:42 am

El Segundo Paso.-


Podemos entender cómo Dios puede bendecir a seres humanos. Podemos aun entender cómo Él bendice a los animales y les da su trabajo para que lleven a cabo el propósito de Dios; ¿pero cómo puede Dios bendecir un día, una división de tiempo, que no ni animada ni inanimada, ni viva ni muerta, una cosa sin substancia, un concepto más que una realidad; tiempo, el cual desafía una definición, aun cuando toda la humanidad está al tanto de su existencia y realidad? ¿Cómo puede ser bendecido el tiempo de tal manera que sea una bendición para el hombre?
La respuesta es que el tiempo no posee ninguna virtud o poder en sí mismo como para ser una bendición o una ayuda para otros. El tiempo es tan impersonal como el espacio, e igualmente inconce-bible. Una diferencia entre ambos es notable: el espacio se extiende en todas las direcciones, mientras que el tiempo puede ser comparado a un camino de un solo sentido, permitiendo el tráfico solamente en una dirección. El hombre no posee poder sobre el tiempo, no lo puede ni apresurar ni retardar. Lo quiera o no, el hombre camina junto con el tiempo, y a despecho de todas las protestas, es un día más viejo mañana de lo que lo es hoy. Él no puede invertir el proceso, aun cuando desee mucho que así sea. El tiempo es superior a él, y él obedece su mandamiento.
Existen aquellos que creen que Dios no creó el tiempo, pero que de alguna manera él lo encontró ya existiendo. Pero esto no puede ser. Tiempo y espacio no son entidades autoexistentes, que puedan operar en forma separada e independientemente de Dios. Si eso fuese verdadero, serían iguales a Dios, o aun superiores a Él; para aquello que es coetáneo con Dios o existe antes de Dios tiene que ser por lo menos igual a Él; y aquello que no es creado por Dios es autoexistente y es Dios. El cristiano cree que “sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, y que el tiempo y el espacio fueron creados por Dios tan ciertamente como cualquier otra cosa que Él hizo. Juan 1:3.
Aun cuando ambos conceptos de tiempo y espacio están más allá de la comprensión humana, el uno nos ayuda a entender el otro. Nuestro concepto de espacio, por ejemplo, nos ayuda a entender me-jor el tiempo, y cómo es posible que Dios pueda bendecir el tiempo.
Nosotros vamos a la iglesia a adorar a Dios, y entramos al edificio dedicado a Él. El edificio de la iglesia es apenas una construcción de cuatro paredes que delimitaban un determinado espacio. El espa-cio dentro de las paredes no parece ser diferente del espacio que está afuera. Y sin embargo existe una diferencia. Algo le sucede. Es un espacio santo, espacio dedicado al servicio de Dios. Dios está presente en el edificio en un sentido en que Él no está presente fuera del edificio. Dios ha dividido el espacio del espacio; uno es santo; el otro no lo es. Esto no podemos explicarlo. Pero podemos creer que es así.
Así como Dios puede dejar a un lado algún espacio el cual Él escoge para revelarse a Sí mismo, así Dios puede colocar a un lado el tiempo. Fuera del vasto océano del tiempo – como también fuera del espacio – Él escoge una porción, la bendice, y lo constituye en tiempo bendito para que el hombre lo use. Parece ser el mismo tipo de tiempo que el otro tiempo, y sin embargo es diferente. Es tiempo bendito, y no debe ser usado para propósitos comunes los cuales en sí mismos pueden ser legítimos. Así como no usaríamos una catedral dedicada para propósitos comerciales – perfectamente legítimos en sí mismos – así no debemos usar el tiempo santo de Dios para propósitos comunes, no importa cuán legítimos pudiesen ser en sí mismos. Cuando el pueblo de Dios se encuentra en el lugar especificado durante el Sábado para adorar, son triplemente bendecidos: ellos mismos son bendecidos como perso-nas; el lugar donde se reúnen para adorar es bendecido; el propio tiempo de adoración es bendecido. Un pueblo santo adora a un Dios santo en un tiempo santo y en un lugar santo. Ciertamente, bajo tales condiciones se pueden esperar las más ricas bendiciones de Dios.

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Re: El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:43 am

El Tercer Paso.-


“Dios bendijo el día séptimo y lo santificó”. La santificación del día séptimo es el tercer paso en la hechura del Sábado, lo cual pasaremos a considerar ahora.
Gen. 2:3 declara que Dios “bendijo el día séptimo y lo santificó: porque en él descansó de todas Sus obras que Dios había creado y hecho”. Observamos primero que la razón para que Dios bendijese y santificase el séptimo día es “porque en él descansó”. El hombre no es aquí mencionado. El hombre aun no había trabajado; había sido traído a la existencia en el sexto día, y no había tenido ninguna opor-tunidad de trabajar. Pero Dios había trabajado. Él había trabajado seis días, y descansó el séptimo. Habiendo terminado tanto Su obra como Su descanso, bendijo y santificó el Sábado. La lectura dice que Dios bendijo el día “porque en él descansó”.
No existe ninguna razón para que Dios bendiga un día para Su propio uso. Su bendición y santifi-cación necesariamente tiene que ser para el bien de otra persona. Dios es santo; Él es siempre santo; Él no es más santo en algún tiempo y menos en otro. Su santidad no admite grados. Pero no sucede lo mismo con el hombre y los lugares. Ellos son santos en proporción a su cercanía a Dios.
Fue para impresionar esto ante el pueblo que fue colocada una cortina en el antiguo santuario, ro-deando el atrio. A medida que el hombre se acercaba a la santidad de Dios, había una gradual elimina-ción de lo común y de lo profano. En el primer atrio todos los adoradores podían entrar, ya fuesen is-raelitas o extranjeros. En el segundo atrio solo los israelitas podían entrar ya que eran el pueblo escogido de Dios. En el siguiente atrio solo los Levitas y sacerdotes podían entrar, ya que tenía trabajo que realizar en el tabernáculo. Dentro del propio santuario, en el primer compartimiento, solo los sacerdotes podía oficiar, ya que habían sido escogido por sorteo para este trabajo. Los sacerdotes no podían entrar en el santuario solo porque eran sacerdotes. Eso, tal como se ha dicho, estaba reservado apenas para unos pocos. Y esos no podían entrar en el segundo compartimiento, el lugar santísimo. Eso estaba re-servado apenas para un hombre apenas, el sumo sacerdote; y aun así él podía entrar apenas en un tiempo determinado, y después de una larga preparación espiritual y física. Dios es santísimo, y solo se le podía acercar después de una larga preparación del corazón y una profunda humillación del alma.
Todo esto tenía que enseñarle al hombre la santidad de Dios. Dondequiera que Dios se revele a Sí mismo, el lugar se vuelve santo, ya sea si es un arbusto que arde en el desierto o el lugar santísimo del santuario. También, si Dios remueve Su presencia, como lo hizo cuando el velo se rasgó en el templo de Herodes, el lugar inmediatamente se vuelve común. Es la presencia de Dios que hace con que una cosa o un lugar o una persona sea santa. Esto posee una íntima relación con el Sábado. Dios lo santificó. Lo hizo santo. Y fue hecho santo a través de Su presencia.
Para santificar, de acuerdo con el Diccionario Webster, significa “hacer sacro o santo; separar para un oficio sacro o para algún uso religioso; ... venerar”. Como es imposible impartir cualidades morales a cosas inertes, la santificación, tal como es aplicada al séptimo día, tiene que significar lo mismo que la santificación que se le aplicaba al tabernáculo y sus muebles. A Moisés se le ordenó en relación al altar, “siete días harás una expiación por el altar, y lo santificarás; y será un altar santísimo: cualquier cosa que toque el altar será santo”. Exo. 29:37. De la misma manera todo el santuario, el arca, los vasos, el candelabro, y todo lo que pertenecía a esto, era santificado, y por lo tanto podía ser usado solamente en el servicio sacro del ritual del santuario. Exo. 30:26-29.
Así como un edificio religioso es dedicado y es separado para propósitos religiosos, así el Sábado fue dedicado, santificado y separado para uso santo. La santificación, desde luego, tenía una relación con el futuro y no con el pasado. La dedicación de un edificio de una iglesia se realiza en un tiempo de-terminado, pero su efecto apunta hacia el futuro. Así como la ordenación de un ministro a la sacara obra de Dios es un acto hecho mirando hacia el uso futuro en la causa de Dios, así la santificación del Sábado era un acto anticipativo, teniendo en vista el bien de la humanidad.
Enfatizamos esta materia, la cual es evidente por sí sola, por una razón, ya que hay algunos que insisten que la bendición y la santificación del séptimo día tiene relación con el Sábado original, y so-lamente con aquel Sábado, y no con los siguientes. Una declaración de esa naturaleza no me parece co-rrecta, sino que absurda. También dicen que la dedicación de una iglesia, la santificación de utensilios santos, el separar a un hombre para la obra santa de ministro, son hechos que se refieren apenas con ese momento en particular, y que inmediatamente después no tienen más efecto

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Re: El Primer Sábado

Mensaje por HECTOR JAVIER el Miér Oct 05, 2011 3:44 am

El Sábado Hecho para el Hombre.-


“El Sábado fue hecho para el hombre”. Mar. 2:27. No fue hecho para Dios ni para los ángeles, buenos o malos; no fue hecho para las criaturas inferiores o para la naturaleza; no fue hecho para nin-guna clase o raza en particular, ni fue hecho para los Judíos ni para los Gentiles; fue hecho para el hombre, para la humanidad, para toda la raza humana. Así como un padre amoroso le da un regalo a su hijo para su uso y regocijo, así Dios hizo el Sábado para el hombre. Adán y Eva eran toda la humanidad en el comienzo; para ellos fue hecho el Sábado, para sus hijos, y para los hijos de sus hijos. Solamente así podemos decir que el Sábado fue hecho para el hombre.
Si fuese apenas el Sábado original el bendito y santificado, encontraremos que no tendría mucha importancia la declaración de que el Sábado fue hecho para el hombre; ni tampoco veríamos cómo éste podría ser una bendición para el hombre. Sería apenas un acontecimiento histórico, un punto en cons-tante retroceso en el tiempo, cada vez menor, un punto al cual el hombre estaría incapacitado para vol-ver, un incidente que tendría un pequeño significado o importancia ya que no se relacionaría con nin-guna bendición presente (actual) para la humanidad.
Una vez Cristo y sus discípulos estaban caminando a través del campo en un día Sábado. Los discípulos estaban hambrientos y arrancaron algunos granos de trigo, un acto que era considerado lícito en otro día, pero que los fariseos no permitían en un día Sábado. Siempre alertas para encontrar alguna causa para reclamar contra Cristo, los fariseos fueron inmediatamente a Él, diciendo: “¿por qué hacéis en el día Sábado lo que no es lícito?”. Mar. 2:24.
Cristo no fue lento en defender lo que ellos habían hecho. Él les dijo a los fariseos que el Sábado fue hecho para que fuese una bendición para la humanidad, no una carga o un yugo. Era lícito hacer el bien en el Sábado; era lícito ministrar las necesidades de la humanidad; y, citando a David, Él les dijo que era lícito hacer lo que los discípulos habían hecho. Entonces Él anunció el verdadero principio de la guarda del Sábado: “El Sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Sábado”. A esto Él añadió estas significativas palabras: “Por lo tanto el Hijo del hombre es Señor también del Sábado”. Mar. 2:27-28.
Nosotros creemos que Cristo tenía una razón particular para declararse Él mismo Señor del Sába-do. Esto ya lo analizamos en otro lugar, y no lo repetiremos aquí. Sin embargo, nos gustaría llamar la atención al hecho de que Cristo consideró el Sábado un factor vital para la religión, dirigiendo su co-rrecta observancia, y se proclamó a Sí mismo Señor de él. Esto no da la impresión que Cristo creyese que el Sábado tuviese apenas una importancia histórica. Él lo consideraba una realidad viva, una insti-tución que debía ser defendida de la invasión de los fariseos, una institución de la cual Él era el Señor.
La palabra hebrea para “santificar” normalmente es traducida de esa manera en todo el Antiguo Testamento. Existen apenas algunas excepciones. A dos de ellas llamamos la atención al terminar este estudio.
Cuando las ciudades de refugio fueron seleccionadas como lugares a los cuales un asesino podía huir para escapar a la ira del vengador de sangre, ellos escogieron Cedes en Galilea”. Josué 20:7. La palabra aquí traducida por “escogieron” es la misma palabra que en otras partes es usada para “santifi-car”, tal como lo confirma la lectura al margen.
La otra traducción de la palabra se encuentra en 2 Reyes 10:20, donde vemos la palabra “procla-ma”. “Jehú dijo, proclamen una asamblea solemne a Baal”.
De estos usos bíblicos de la palabra estamos seguros al afirmar que cuando Dios santificó el séptimo día, Él lo separó para un uso santo, lo indicó como siendo el Sábado, lo proclamó como un día santo. Como Señor del Sábado, Cristo anuncia que Él lo hizo para el hombre, para que fuese una ben-dición y una ayuda para éste, para que sirviese como un recordativo de la creación y de Su amor por el hombre. Es Su especial regalo para la humanidad, la cual necesita mucho más que el santo par en el jardín.

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