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Permaneced en Mi

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Permaneced en Mi

Mensaje por HECTOR JAVIER el Dom Oct 02, 2011 3:16 am

Permaneced en Mi


“Pues el amor de Cristo nos constriñe, juzgando nosotros esto: uno murió por todos, luego todos murieron”. (2 Cor. 5:14). En la cruz, Jesús demostró que ama a cada ser humano más que lo que se ama a Sí mismo. La inversión que Dios Padre hizo en cada uno de nosotros, justo o impío, es de valor incal-culable.
Debemos considerar cómo y por qué fue posible y necesario que toda la raza humana estuviese incluida en la muerte de Cristo en la cruz. Nosotros, después de haber nacido con una naturaleza huma-na pecaminosa, con tendencias hereditarias al mal, cedemos a ellas y así nos volvemos culpados, con-denados a la segunda muerte. ‘El salario del pecado es la muerte’ (Rom. 6:23), a saber, la segunda muerte. Cristo, inocente, no cometió ningún pecado. ¿Cómo puede Él, legalmente, asumir nuestras cul-pas y morir la segunda muerte en nuestro lugar?
Sucede que ni en las leyes humanas, ni en la Biblia, se concibe la posibilidad de que una persona inocente muera en lugar de otra culpada. “Los padres no morirán en lugar de los hijos, ni los hijos en lugar de los padres: cada cual morirá por su pecado”. (Deut. 24:16). “... el hijo no llevará la iniquidad del padre, ni el padre la iniquidad del hijo: la justicia del justo quedará sobre él, y la perversidad del perverso caerá sobre éste”. (Eze. 18:20). ¿Cómo puede, entonces, Jesús, inocente, legalmente morir por los pecados de todo el mundo, cuando la ley de Dios no permite que un inocente sea punido en lugar del culpable?

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Re: Permaneced en Mi

Mensaje por HECTOR JAVIER el Dom Oct 02, 2011 3:16 am

La humanidad tuvo dos padres.-


La humanidad, debido al pecado, necesitó de dos cabezas: el primero y el segundo Adán. Como Adán, el padre de toda la humanidad, rompió la comunicación con Dios Padre, se hizo necesario que ella fuese restablecida por un nuevo Padre. Así Cristo se volvió el ‘Padre Eterno’ de ella. “Porque un niño nos nació, un Hijo se nos dio, a Él cabrá el dominio y Su nombre será: Maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz”. (Isaías 9:5-6, Biblia de Jerusalén).
“Pues así está escrito: el primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente. El último Adán, sin em-bargo, es espíritu vivificante (que da vida)”. “Ya que la muerte vino por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también todos serán vivificados en Cristo”. (1 Cor. 15:45; 21-22). A través del pecado de Adán nos sobrevino la muerte; entonces Jesús nos dio vida nueva (‘nos vivificó’): ¡el que genera, da vida, es padre!

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Re: Permaneced en Mi

Mensaje por HECTOR JAVIER el Dom Oct 02, 2011 3:17 am

“En Adán” y “en Cristo”.-


Pablo, en sus epístolas, se refiere 164 veces al concepto ‘en Cristo’, ‘en Jesucristo’, ‘en Él’, ‘en el amado’. En Juan 15:4, Jesús nos ordena: ‘Permaneced en Mi’ o ‘Estad en Mi’. Si no entendemos co-rrectamente lo que significa la expresión ‘en Cristo’, no estaremos en condiciones de comprender pro-fundamente las ‘buenas nuevas’, el evangelio de la salvación.
La expresión ‘en Cristo’, para nosotros, con nuestra mente occidental, es un concepto difícil de comprender. ¿Cómo puedo yo, como individuo, estar en otra persona? Más difícil aun, ¿cómo puedo yo, viviendo en el siglo 21, ‘estar en Cristo’, que vivió hace casi 2000 años? Este lenguaje no tiene mu-cho sentido para nuestra manera occidental de pensar.
‘Estar en Cristo’ posee un significado muy profundo. El concepto ‘en Cristo’ se basa en la solida-riedad bíblica, la idea de que todos los hombres constituyen o comparten una vida en común. Cuando un padre rico va a la quiebra, también sus hijos sufren las consecuencias: empobrecen o nacen pobres. Si el padre enriquece, los hijos se benefician o nacen en cuna de oro.
El primer Adán genera hijos ‘esclavos del pecado’, sujetos, dominados por la ley del pecado, la ley del egoísmo. Jesús, el segundo Adán, genera hijos ‘libres de la ley del pecado’, sujetos, dominados por la ley del amor, la ‘ley del espíritu de vida’ (Rom. 8:2). ‘En Adán’ éramos esclavos del pecado; ‘en Cristo’ venimos a ser libres de aquella esclavitud de continuar pecando. ‘Para esta libertad fue que Cristo nos libertó’. (Gal. 5:1).
La razón por la cual todos pasaron por la primera muerte, debido al pecado de Adán, no es por-que Dios nos impute la culpa de Adán; sino porque la raza humana es una multiplicación de la vida de Adán: ‘De uno solo hizo toda la raza humana’ (Hechos 17:26). Como resultado de su falta, heredamos de él una vida manchada por la ley del pecado y condenada a la primera muerte, llamada de sueño en la Biblia. (Juan 11:11-14; 1 Tes. 4:13-15; Isa. 26:19).
He aquí un ejemplo de la manera como la Biblia trata la solidariedad o una unidad corporativa. Leví, bisnieto de Abrahán, le devolvió los diezmos a Melquisedec ‘en Abrahán’. ‘Y por así decirlo, también Leví, que recibe diezmos, los pagó en la persona de Abrahán. Porque aquel aun no había sido generado por su padre, cuando Melquisedec salió al encuentro de éste’. (Heb. 7:9-10). Esto es solida-riedad bíblica: Leví devolvió los diezmos ‘en Abrahán’.
Tenemos así que:

a) Dios creó todos los hombres en un único hombre, ‘en Adán’. Uno, la cabeza de la humanidad, recibió la vida, luego todos sus descendientes la reciben ‘en él’.
b) Satanás arruinó a todos los hombres en un único hombre, ‘en Adán’. Uno, la cabeza de la humanidad, pecó, luego todos sus descendientes fueron perjudicados ‘en él’: pasamos a nacer con tendencias hereditarias al mal y sujetos también a la primera muerte. ‘En Adán’ la humani-dad registró una historia de fracaso.
c) Dios redimió a todos los hombres en un único hombre, ‘en Cristo’. Uno, la nueva cabeza de la humanidad:
c1) Asumió la misma naturaleza humana pecaminosa, idéntica a la nuestra, a fin de ser nuestro ‘hermano más viejo’, el Primogénito de la nueva humanidad. ‘Jesús se humilló, revistiendo Su divinidad con la humanidad, para poder colocarse como la Cabeza y el Representante de la fa-milia humana’. (Signs of the Times, 16 de Enero de 1896).
‘Cristo, en realidad, unió la naturaleza ofensora del hombre con Su propia naturaleza sin pecado, porque, a través de este acto de condescendencia, Él sería capacitado para derramar Su sangre a favor de la raza caída’. (Manuscrito 166, 1898).
c2) Vivió perfectamente: luego todos los seres humanos vivieron perfectamente ‘en Él’. Él sa-tisfizo todas las demandas de la ley en nuestro favor, confiriéndonos así el derecho a la vida eterna. ‘En Cristo’ la humanidad pasó a tener una historia de completo éxito, lo cual califica completamente a cada creyente al cielo. Todos obedecemos perfectamente la ley ‘en Cristo’.
Observe, sin embargo, que lo que hicimos ‘en Adán’, es nuestro por herencia: condenación de nacer bajo el dominio de la ley del pecado y estar sujeto a la primera muerte; pero lo que hici-mos ‘en Cristo’, lo recibimos como un regalo de Dios. Tal como sucede con los otros regalos, pasa a ser nuestro apenas cuando lo aceptamos y lo recibimos. Si, sin embargo, lo rechazamos, el regalo nunca será nuestro. Dios no nos obliga a que aceptemos Su regalo, el cual nos ofrece ‘en Cristo’. Sin embargo, si aceptamos el maravilloso regalo, entramos en el ‘descanso de Dios’, descrito en Hebreos 4.
Así, decimos que somos salvos por la fe o condenados por la incredulidad, por el persistente re-chazo del Don de Dios.
c3) Murió en la cruz: luego todos murieron ‘en Él’ y fueron crucificados ‘con Él’. ‘Fiel es la pa-labra: si ya morimos con Él, también viviremos con Él’. ‘Porque moristeis, y vuestra vida está oculta juntamente con Cristo, en Dios’. ‘Si moristeis con Cristo para los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a ordenanzas?’. (2 Tim. 2:11; Col. 3:3; 2:20).

Es en el concepto ‘en Cristo’, y en este hecho, que se fundamentan las ‘buenas nuevas’, el evan-gelio de la salvación de la culpa y de continuar pecando. Es en la solidariedad de ‘en Cristo’ que se es-tablece nuestra esperanza de vida eterna.

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Re: Permaneced en Mi

Mensaje por HECTOR JAVIER el Dom Oct 02, 2011 3:18 am

Investigación Bíblica.-


A este respecto, profundicemos más nuestro conocimiento:

1.- ¿Cómo expuso Pablo este concepto de solidariedad corporativa? “Pues, así como por una sola ofensa vino el juicio sobre todos los hombres para condenación (primera muerte y nacimiento bajo el gobierno de la ley del egoísmo), así también por un solo acto de justicia vino la gracia sobre todos los hombres para la justificación que da vida. Porque, como por la desobediencia de un solo hombre (Adán) muchos se volvieron pecadores, así también por medio de la obediencia de uno solo (Jesús) muchos se volverán justos”. (Rom. 5:18-19).

2.- ¿Cuántos murieron debido al pecado de Adán? “Porque en Adán todos mueren”. (1 Cor. 15:22).

3.- Para que fuésemos hechos ‘justicia de Dios’, ¿qué hizo Dios con Jesús? “Aquel que no conoció pe-cado, Él lo hizo pecado por nosotros; para que en Él fuésemos hechos justicia de Dios”. (2 Cor. 5:21). ¡Él lo hizo pecado... y no apenas Lo consideró! Cuando Cristo asumió nuestra humanidad pecaminosa corporativamente, en Su encarnación, Él se volvió el segundo Adán (humanidad) y se calificó para ser el Representante y/o Substituto del hombre pecaminoso.
“Él (Jesús) revistió Su divinidad con los trajes de la humanidad, para que pudiese estar en la posi-ción de Cabeza de la familia humana. Su divinidad combinada con la humanidad de la raza caída a causa de la desobediencia de Adán”. (1CBA:1085).
Al asumir la ‘semejanza de carne pecaminosa’ conquistó el derecho legal de vivir y de morir en la cruz a favor de la raza humana y en nuestro lugar. Es en este sentido que Cristo fue hecho pecado por nosotros, para que fuésemos hechos justicia de Dios ‘en Él’. Esta es la esencia del concepto ‘en Cristo’.

4.- ¿Cuándo fue ejecutada la condenación de esta vida de la raza humana y en quién? “Llegó el mo-mento de ser juzgado este mundo, y ahora su príncipe será expulsado. Y Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a Mi mismo. Esto decía, significando de qué género de muerte estaba por morir”. (Juan 12:31-33).
En la cruz, ‘este mundo’ – toda la raza humana – fue legalmente juzgado y ejecutado ‘en Cristo’. Dios pudo hacerlo porque Cristo fue el segundo Adán o humanidad.

5.- ¿Quién también murió, cuando Jesús llevó nuestros pecados en Su cuerpo, en la cruz? “... cargando Él mismo en Su cuerpo, sobre el madero, nuestros pecados, para que nosotros, muertos a los pecados, vivamos para la justicia; por Sus llagas fuimos sanados”. (1 Pedro 2:24). De acuerdo con el texto griego, en que fue escrito el Nuevo Testamento, nosotros efectivamente morimos cuando Cristo llevó nuestros pecados en la cruz, en Su cuerpo.
Es así, porque Cristo no podía llevar nuestros pecados, sin llevarnos a nosotros mismos a la cruz. Como consecuencia de esto, al morirnos ‘en Cristo’, murió con Él la verdadera raíz de nuestro problema del pecado – nuestro ego, nuestra naturaleza humana pecaminosa, que es nuestra ‘máquina de pecar’. Este es el poder curativo de la cruz, que hace posible un vivir santo en la existencia del creyente.

6.- ¿Cuál es la esencia de ‘estar en Cristo’ y de ‘permanecer en Él’? Significa estar permanentemente consciente de que:

a) Fueron mis propios pecados los que Lo crucificaron, pues Él murió para pagar la penalidad oca-sionada por éstos: mi segunda muerte. Entonces soy igual y tan culpable como cualquier otro ser humano, por más indigno que él parezca ser. Al pecar, Lo ofendo y Lo crucifico nuevamente.
b) Cuando Jesús fue a la cruz, mi ego (mi naturaleza humana pecaminosa) fue crucificada con Él.
c) Dios Padre invistió todo lo que poseía para salvar al perdido, al ser humano más degradado que pueda existir, aun si éste continua despreciándolo. Por más despreciable que él pueda parecer, tiene un valor incalculable.

7.- ¿Cómo morimos para la ley? “... la ley tiene dominio sobre el hombre toda su vida”. (Rom. 7:1). Todo ser humano está bajo la ley, porque todos nosotros fallamos en obedecer perfectamente la ley. “No hay justo, ni siquiera uno”. (Rom. 3:10).
Un criminal condenado puede ser justificado de su crimen apenas después que haya pagado la co-rrespondiente penalidad. Ahora, suponga que un asesino estuviese condenado a la muerte por la ley ci-vil. Si él fuese ejecutado y, en seguida, resucitase, la ley no podría condenarlo nuevamente, por el cri-men cometido. Él estaría libre de la ley; para todos los efectos, estaría muerto para la ley y ésta lo con-sideraría como libre, mientras no viniese, nuevamente, a matar a alguien.
Semejantemente, fuera de estar sujeta a la primera muerte, por lo que solidariamente hizo ‘en Adán’, toda la raza humana es culpable y está condenada a la segunda muerte, porque cada uno de no-sotros, individualmente, pecó; estamos bajo la ley. “Sabemos que todo lo que la ley le dice a los que viven en la ley lo dice, para que se calle toda boca, y todo el mundo sea culpable delante de Dios”. (Rom. 3:19). Esta condenación pesa sobre todos nosotros mientras estemos vivos. Apenas cuando mo-rimos la segunda muerte ‘en Cristo’, es que quedamos libres también de la condenación de la ley.
Al ser ejecutados ‘en Cristo’ en la cruz, pagamos nuestra debida penalidad, y así cada uno de no-sotros puede afirmar: “Porque yo, mediante la misma ley, morí para la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo”. (Gal. 2:19). Somos legalmente justificados delante de la ley. Para eso basta que aceptemos el regalo de Dios, ‘en Cristo’.
Vemos, entonces, que no podremos vivir la justificación por la fe sin que antes nos identifique-mos, por la fe, con la muerte de Cristo en la cruz y muramos ‘en Él’. Morimos para la antigua vida de pecado, para vivir para Dios. En relación a servir al ‘ego’, estamos muertos; pero estamos vivos para servir a Jesús por amor a Él.

8.- ¿Cuándo fue crucificado nuestro antiguo hombre, nuestro ego? En el bautismo, pues significa muer-te y resurrección. “¿O acaso ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bau-tizados en Su muerte? Fuimos, pues, sepultados con Él en la muerte por el bautismo; para que, como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también andemos nosotros en no-vedad de vida... sabiendo esto, que fue crucificado con Él nuestro antiguo hombre (nuestra naturaleza humana pecaminosa, nuestro ego), para que el cuerpo del pecado (la ley del pecado) sea destruido, y no sirvamos al pecado como esclavos; porque quien murió, justificado está del pecado... Así también vo-sotros consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, por lo tanto, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de manera que obedezcáis a sus pasiones”. (Rom. 6:3-12).
Cuando el representante de la raza humana murió en la cruz, todos nosotros morimos en Él. Di-ariamente debemos recibir este bautismo.

9.- ¿Qué significa ‘morir mediante la ley’? “Porque yo, mediante la misma ley, morí para la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo”. (Gal. 2:19). La misma ley, al denunciarme como un transgresor, condenado a la segunda muerte, me llevó a creer en Cristo como siendo el pago de aquella penalidad, pues al morir la segunda muerte ‘en Él’, yo, de hecho, pagué la debida pena, y así, habiendo ahora resucitado ‘en Cristo’, la ley ya no puede volver a condenarme nuevamente por aquella transgre-sión: ‘morí para la ley’; ella debe considerarme como muerto. Habiendo resucitado ‘en Cristo’, vivo para agradar a Dios, mientras mi ego permanece crucificado ‘con Él’, por la fe.
Esta misma realidad fue expresada por Pablo en estos términos: “Porque el fin (objetivo) de la ley es Cristo para justicia de todo aquel que cree”. (Rom. 10:4). La ley nos lleva a Cristo, y ‘en Él’ yo mue-ro: “mediante la ley, morí para la ley” o, si lo prefiere, expresado aun de otra manera: “De manera que la ley nos sirvió de ayo para conducirnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe”. (Gal. 3:24). (Ayo: empleado, preceptor, encargado de la educación doméstica de los niños de las nobles familias ricas). Esta es, pues, una de las funciones de la ley.

10.- ¿Cómo Dios nos saca de ‘debajo de la ley’? “Así, mis hermanos, también vosotros moristeis en re-lación a la ley, por medio del cuerpo de Cristo, para pertenecer a Otro, a saber, Aquel que resucitó de entre los muertos, y de este modo fructifiquemos para Dios”. (Rom. 7:4). Dios nos libera a través de nuestra muerte en el cuerpo de Cristo. La muerte de Cristo fue corporativa, así toda la humanidad, le-galmente, murió en Cristo, en la cruz. En la cruz, todos – buenos y malos, justos e injustos – fuimos justificados legalmente.
Cuando, por la fe, aceptamos la muerte de Cristo como nuestra muerte, experimentamos la justi-ficación por la fe: la justificación de la condenación de la ley, debido a la culpa generada por los peca-dos que habíamos cometido, y simultáneamente somos liberados del dominio de la ley del pecado, y así podemos “vivir para Dios”. ¿Amén?

11.- ¿Qué es necesario que suceda antes de vivir con Cristo? “Fiel es la palabra: si ya morimos con Él, también viviremos con Él”. (2 Tim. 2:11). Hay muchos cristianos que desean vivir con Cristo, sin pri-mero morir con Él. Pretenden continuar viviendo la antigua vida de pecado. Se trata de lo que se llama ‘gracia barata’: ¡Como si aceptar a Jesús como Salvador fuese una autorización o un permiso para con-tinuar pecando! Pero esto no es enseñado en las Escrituras.
Es posible que alguien se engañe a sí mismo, creyendo estar “justificado por la fe” y tener “paz con Dios” (Rom. 5:1), mientras continua transgrediendo la ley. ¿Pero qué dice la Palabra? “No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los ladrones heredarán el reino de Dios”. (1 Cor. 6:9-10).
En este mundo pecaminoso, nosotros comenzamos con vida y terminamos con muerte. En el reino de Dios, sucede exactamente lo opuesto. Comenzamos con la muerte, para la antigua vida condenada, para los apelos de nuestro ‘ego’, y terminamos con la vida inmortal en Cristo. (Vea Rom. 6:8-11).
Morimos para no agradar al ‘yo’, para vivir para agradar a Cristo. Es precisamente esto lo que significa la conversión. Cuando Cristo nos llama para seguirlo, nos llama para morir. Un cristiano nace crucificado con Cristo. Y aquel que no vive crucificado, “no puede ser Mi discípulo”. (Lucas 14:33).

12.- ¿A cuál verdad llama Pablo la atención en relación a aquellos que creen en Cristo? “Porque moris-teis, y vuestra vida está oculta juntamente con Cristo, en Dios”. (Col. 3:3). Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal, nuestra naturaleza humana pecaminosa no deja de existir; ella muere, o nosotros morimos para ella, en el sentido de que deja de tener dominio sobre nosotros, así como sucede cuando un gobierno es depuesto. Sin embargo, ella constantemente quiere volver a tomar el dominio perdido y si no vigilamos, atenta y permanentemente, de hecho ella lo asumirá realmente. “Bien-aventurado aquel que vigía y guarda sus vestiduras, para no andar desnudo, y no se vea su vergüenza”. (Apoc. 16:15).

13.- ¿Cuándo Pablo murió para la ley? “Porque yo, mediante la misma ley, morí para la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo; luego, ya no soy más yo quien vive, sino Cristo vive en mi; y ese vivir, que ahora tengo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y a Sí mismo se entregó por mi”. (Gal. 2:19-20). Es a través de la cruz de Cristo que nosotros, humanos pecaminosos, fuimos ejecutados y así liberados de nuestro problema, la culpa del pecado, así como del dominio de nuestro ego, de nuestra naturaleza pecaminosa.
Como consecuencia, podemos experimentar la justificación por la fe, y vivir una vida agradable a Dios. La cruz de Cristo es la que nos libera tanto de la culpa, y de la consecuente punición, esto es, la segunda muerte, como también del dominio de la ley del pecado (la ley del egoísmo), que nos mantenía ‘esclavos del pecado’ (Rom. 7:14); porque, al querer hacer el bien, encontraba ‘la ley de que el mal re-side en mi’ (Rom. 7:21).

14.- ¿De qué otra condenación quedamos libres, cuando aceptamos as Cristo como nuestro Salvador personal y permanecemos ‘en Él’? “Ahora, pues, ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te libró de la ley del pecado y de la muerte”. (Rom. 8:1-2). En el capítulo 7 de Romanos, Pablo analiza el hecho de que todo ser humano nace bajo la condenación de estar sujeto a la ‘ley del pecado o de la muerte’, o sea, dominado por la ley del egoísmo. Esta ley, o fuerza, o poder, es déspota, suplantada (no eliminada) por la ley del Espíritu Santo, la ley del amor, cuando estamos ‘en Cristo’. Es de esta condenación que Pablo está tratando en Romanos 7 y 8, y no de la condenación oriunda de los pecados cometidos.
He aquí que ahora ‘si alguien está en Cristo, es nueva criatura’ (2 Cor. 5:17): pasó por el nuevo nacimiento (Juan 3:1-18). Antes de ‘estar en Cristo’ estaba sujeto exclusivamente a la ley del pecado y de la muerte; ahora, es un ser totalmente nuevo, diferente: dirigido, gobernado por la ‘ley del Espíritu de vida’, la ley del amor, mientras ‘permanezca en Cristo’ y Cristo en él por la Palabra.

15.- La cruz de Cristo nos libera de la culpa, de la penalidad de la segunda muerte y de vivir bajo el dominio de la ley del pecado, de la sujeción a nuestro ego. ¿Qué tipo de vida vivirá, entonces, el cre-yente? “Ahora, sin embargo, liberados del pecado, transformados en siervos de Dios, tenéis vuestro fruto para la santificación, y por fin la vida eterna”. (Rom. 6:22). Cuando aceptamos a Jesucristo, cruci-ficado, como nuestro Salvador, recibimos la salvación tanto de la culpa y de la penalidad del pecado, así como la salvación del poder y de la esclavitud del pecado.
Por Jesús haber venido a vivir en nosotros, por pasar a ser gobernados por la ‘ley del Espíritu de vida’ (ley del amor – Rom. 13:8-10), obedecemos naturalmente a la ley de Dios, lo cual es la santifica-ción bíblica “sin la cual nadie verá el Señor”. (Heb. 12:14).

16.- ¿Cuántas veces debe el cristiano tomar la cruz y seguir a Cristo? “Si alguien quiere venir en pos de Mi, niéguese a sí mismo, día a día tome su cruz y sígame”. (Lucas 9:23). Muchos cristianos se equivocan al separar su propia cruz personal, que deben llevar, de la cruz de Cristo. Esta equivocación conduce a otro error: equiparar la cruz, referenciada por Cristo, con las dificultades de la vida.
En las Escrituras hay apenas una cruz que salva: la de Cristo, la cual debe volverse nuestra cruz. Simboliza la negación del yo, a saber: decir no a nuestras tendencias al mal de nuestra naturaleza pe-caminosa, heredadas o cultivadas. Tenerlas como odiosas. No tiene nada que ver con las dificultades de la vida, las cuales son necesarias para el desarrollo del carácter cristiano.
A respecto de ellas, he aquí la amonestación de Pedro: “Amados, no extrañéis la ardiente prueba que viene sobre vosotros para os experimentar, como si alguna cosa extraña os aconteciese; sino que regocijaos por ser participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de Su gloria os regocijéis y exultéis. Si por el nombre de Cristo sois vituperados, bienaventurados sois, porque sobre vosotros reposa el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios. Que ninguno de vosotros, sin embargo, padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o como quien se entromete en negocios aje-nos; pero, si padece como cristiano, no se avergüence, antes glorifique a Dios en este nombre”. (1 Pedro 4:12-16).

17.- ¿Cómo Jesús explicó este principio de la cruz? “Si el grano de trigo, cayendo en la tierra, no muere, queda solamente él; pero si muere, produce mucho fruto. Quien ama su vida, la perderá; pero aquel que odia su vida en este mundo, la preservará para la vida eterna”. (Juan 12:24-25). ‘Amar la vida’ significa vivir para satisfacer el yo; ‘odiar su vida’ significa negar el yo, odiarlo. Alimentar el ego, esto es: satisfacer nuestras inclinaciones o tendencias al mal de nuestra naturaleza pecaminosa, es la fuente de toda infelicidad. Negar el ego es el camino para la felicidad.

18.- ¿Cuál es la otra manera en que Pablo expresó la misma verdad? “... uno murió por todos, luego to-dos murieron. Y Él murió por todos, para que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para Aquel que por ellos murió y resucitó”. (2 Cor. 5:14-15). ‘Vivir para Dios’, esto es: en vez de continuar sirviendo al ego, pasa a servir a Cristo, satisfaciéndole la voluntad ‘hasta la muerte’. (Apoc. 2:10).
“Hubo un día en que yo morí; morí para George Müller, sus opiniones, sus preferencias, gustos y voluntades, para la censura o aprobación de parientes, hermanos en la fe y amigos, y desde ese día es-tudio solamente para presentarme aprobado delante de Dios”. (George Müller, 50 mil Oraciones Res-pondidas, de H. P. de Castro Lobo, pág. 54-55).
“Los cristianos tendrán que morir para el yo, morir para el orgullo y al amor a la aprobación”. (Primeros Escritos:120). “Si, sin embargo, Cristo está en vosotros, el cuerpo, en verdad, está muerto a causa del pecado”. (Rom. 8:10).
“Es el amor del propio yo que destruye nuestra paz. Mientras el yo esté bien vivo, estamos conti-nuamente listos para preservarlo de la mortificación y del insulto; pero, si estamos muertos, y nuestra vida escondida con Cristo en Dios, no llevaremos en serio las desatenciones e indiferencias. Seremos sordos a las censuras, y ciegos a la burla y al insulto”. (El Discurso Maestro de Jesucristo:16). O sea: al venir a habitar en nosotros, ¡Jesús nos vuelve ‘mansos’! (Mateo 5:5).

19.- ¿Cómo nos sentiremos después de verdaderamente haber muerto ‘en Cristo’? “Os daré un corazón nuevo... Pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, guardéis Mis juicios y los observéis... Os libraré de todas vuestras inmundicias... Entonces os acordareis de vuestros malos caminos, y de vuestros hechos que no fueron buenos; tendréis asco de vosotros mismos a causa de vuestras iniquidades y de vuestras abominaciones”. (Eze. 36:26-31).
Después del nuevo nacimiento, el cristiano odiará su ego y sus resultantes tendencias, pensamien-tos o deseos hacia el mal. Él ‘llora’ (Mateo 5:4) por el hecho de que aun existan dentro de él y que no pueda extirparlos de su naturaleza. “Les daré un corazón para que Me conozcan”. (Jer. 24:7). Este nue-vo corazón, si es continuamente asistido por el Espíritu Santo, odiará el ego que anteriormente amaba. Apenas después del retorno de Cristo es que dejará de tener tendencias, deseos y pensamientos malos: ‘Y les enjugará de los ojos toda lágrima’. (Apoc. 21:4). Ya no ‘llorará’ más debido a la presencia de sus malignas tendencias heredadas.
“El orgullo y la auto-estima no pueden florecer en el corazón que guarda vivas, en la memoria, las escenas del Calvario”. (2T:212).
“Aquel que no se aborrece a sí mismo, no puede entender el significado de la redención”. (Review and Herald, 25-09-1900).
“A fin de conservar la humildad, sería bueno acordarnos de cómo nos presentamos delante de un Dios santo, que lee cada secreto del alma, y cómo nos presentaríamos delante de nuestros prójimos, si todos nos conociesen tan bien como Dios nos conoce. Debido a esta razón, para humillarnos, somos instruidos a confesar nuestras faltas, y aprovechar esta oportunidad para subyugar nuestro orgullo”. (3T:211).

20.- ¿Cuál fue la experiencia de Pablo al estar ‘en Cristo’? “Antes, yo vivía sin la ley; pero, sobrevi-niendo el precepto, revivió el pecado y yo morí”. (Rom. 7:9). “El pecado entonces apareció en su ver-dadero horror; y desapareció su amor propio; se volvió humilde. Ya no se atribuyó más bondad y méri-to a sí mismo. Dejó de tener un concepto de sí mismo más alto que aquel que tenía que tener; y le atri-buyó toda la gloria a Dios. No tuvo más ambiciones de grandezas. Dejó de desear venganza, y no fue más sensible a la censura, posición social u honras. No derrumbó a otros para exaltarse”. (Review and Herald, 22-07-1890).
Como cristianos nunca deberíamos, entonces, estimular el amor propio, la auto-estima. Antes de-beríamos estimular el auto-respeto, que estimuló a José a no entregarse a la esposa de Potifar. Génesis 39.

21.- ¿Qué lucha mantuvo el apóstol Pablo contra su ego? “Día tras día muero”. (1 Cor. 15:31). “... san-tificación, que nada más es sino un morir diario hacia el yo y una diaria conformidad con la voluntad de Dios... La santificación de Pablo era un constante conflicto con el yo... Su voluntad y sus deseos ca-da día estaban en conflicto con el deber y la voluntad de Dios. En vez de seguir la inclinación, él hacía la voluntad de Dios, por más desagradable y mortificante que fuese para su naturaleza”. (Consejos Sobre Educación:243). Para permanecer ‘muerto para su ego’, Pablo también mantuvo con él mismo una lucha constante, que perduró durante toda su vida.

22.- Alguien que fue liberado de la condenación de la ley, ¿cómo servirá ahora a Dios? “Ahora, sin embargo, liberados de la ley, estamos muertos para aquello a que estábamos sujetos, de modo que ser-vimos en novedad de espíritu y no en la caducidad de la letra”. (Rom. 7:6). Aquel que no es creyente, que aun está bajo la ley, busca obedecer los mandamientos de Dios por miedo. Esto es lo que significa servirlo ‘en la caducidad de la letra’. El creyente, sin embargo, al estar ‘en Cristo’, sirve a Dios ‘en no-vedad de espíritu’, esto es, por amor. Porque Lo ama, obedece, guarda Sus mandamientos, que ahora ya no son más pesados. El ‘yugo de Cristo’ – Su gobierno mediante la ley – es suave (Mateo 11:28), porque somos motivados a obedecerle por amor.

23.- ¿Cuál es, pues, el secreto para ser feliz?

a) “Uno murió por todos, luego todos murieron. Él murió por todos, para que los que viven no vi-van más para sí mismos, sino para Aquel que por ellos murió y resucitó”. (2 Cor. 5:15).
b) “Porque yo, mediante la misma ley, morí para la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo; luego, ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mi”. (Gal. 2:19-20).
c) “En esto conocemos el amor, en que Cristo dio Su vida por nosotros; y debemos dar nuestra vi-da por los hermanos”. (1 Juan 3:16).

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